15 de febrero de 2021

Las razones psicológicas de por qué no nos gusta cómo salimos en las fotos

Nosotros estamos acostumbrados a ver nuestra imagen casi siempre desde la misma perspectiva. Pero no es nuestra imagen real, sino que es su reflejo. Las cámaras sin embargo nos muestran una perspectiva más “real  y es por eso que puede parecernos algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

O los espejos nos mienten, o las cámaras por muchos megapíxeles que tengan no nos hacen justicia. Desde que tenemos la posibilidad de sacar fotos en formato digital sacamos más fotos, pero también borramos muchas más. ¿Cuántas veces has borrado una selfie porque no te gustaba cómo salías? ¿Existen razones psicológicas que explican por qué nos vemos mal en las fotos?

Nos puede la curiosidad. Apenas sacamos una foto queremos ver el resultado. La mayoría de las veces no nos gusta y la borramos alegando que “no salimos bien”. Cada uno de nosotros tiene una idea, más o menos realista del propio aspecto. Sin embargo, muchas veces sucede cuando vemos el resultado de una foto que pensemos que no nos hace justicia, es como si la cámara fuese capaz de sacar siempre nuestro peor perfil.

¿Cómo es posible que la imagen que vemos en las fotos sea tan diferente a la que vemos en el espejo? ¿Nos mienten nuestros ojos, nuestro espejo o la cámara? Veamos cuáles son los principales motivos.

Expectativas elevadas

La autovaloración es el resultado de relacionar nuestro autoconcepto, o sea la imagen que tenemos de nosotros mismos con lo que nos gustaría ser o con lo que creemos que deberíamos ser. Lamentablemente, no siempre nos ponemos niveles de exigencia adecuados a la realidad. Muchas veces podemos caer en el error de aspirar a ideales estéticos imposibles o irreales.

Por ejemplo si nos comparamos con modelos que vemos en internet. Es difícil que salgamos bien parados de esa comparación a menos que tengamos en cuenta que esa imagen no es real sino fruto de cierta iluminación, maquillaje, ángulo y un proceso de post producción.

Si los ideales con los que nos comparamos son irreales siempre nos sentiremos inferiores y por eso, al ver la foto podemos pensar que salimos “feos”.

La cámara no es un ojo

Si alguna vez le echaron la culpa de una mala foto a la cámara no estaban del todo equivocados. Hay veces que el motivo por el que nos vemos diferentes en las fotos sea precisamente el objeto que nos retrata.

Al igual que sucede con los espejos que pueden deformar la imagen en función de si son cóncavos o convexos, las lentes de las cámaras pueden hacer que la imagen se vea ligeramente diferente a la que percibimos con nuestros ojos. Algunas lentes muestran elementos lejanos mucho más pequeños de lo que los vemos en la realidad, mientras que otras aplanan los elementos fotografiados, haciendo variar su tamaño o volumen.

Este efecto lo podemos ver por ejemplo cuando en un concierto queremos fotografiar el escenario. En la foto parece como si el escenario estuviese más lejos de lo que realmente está.

Tampoco podemos olvidar que las cámaras modernas suelen tener algoritmos y efectos automáticos que modifican la luminosidad, la nitidez y los contrastes de colores, algo que puede ser interesante si fotografiamos paisajes pero no si se trata de nuestro rostro.

La perspectiva

Algo que no solemos tener en cuenta es que las generalmente la única forma que tenemos de observar nuestro propio rostro es a través de espejos o superficies reflectantes. Esto implica que la referencia que tenemos de nuestra cara sea casi siempre la misma, cercana, a la altura de nuestros ojos, frontal y ligeramente elevada. No tenemos una idea clara de nuestro aspecto a la distancia, desde más abajo o desde arriba.

Sin embargo, tanto la cámara como las demás personas, nos ven desde diferentes ángulos y perspectivas a las que no estamos acostumbrados, por eso muchas veces nos resultan llamativas.

El Efecto de Mera Exposición

Pero una de las causas psicológicas más importantes está relacionada con el Efecto de Mera Exposición. Este efecto se refiere al fenómeno psicológico según el cual nuestro agrado o desagrado por determinado estímulo (rostros, músicas, etc.) aumenta o disminuye respectivamente, con la exposición repetida. O sea cuanto más vemos algo, más nos gustará.

Como vimos antes, estamos acostumbrados a ver nuestra imagen casi siempre desde la misma perspectiva. Pero no es nuestra imagen real, sino que es su reflejo. Las cámaras sin embargo nos muestran una perspectiva más “real  y es por eso que puede parecernos algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

Es como cuando escuchamos el sonido de nuestra propia voz grabado. Nos suena extraña porque no es el mismo sonido que escuchamos toda la vida en nuestra cabeza.

Ya sea por la perspectiva, por la cámara o por la imagen que tenemos de nosotros mismos, la realidad es que seguiremos borrando las fotos en la que creemos que salimos mal, solo que ahora tendremos la duda sobre si esa imagen es la real o no.