Las abejas y los colibríes no sólo consumen líquidos azucarados, sino también pequeñas cantidades de alcohol de forma constante, de acuerdo con un estudio sorprendente. Este descubrimiento aporta una nueva perspectiva sobre la biología de los polinizadores y sugiere que estos animales podrían haber desarrollado adaptaciones únicas para manejar una ingesta continua de etanol en su dieta. Al respecto, biólogos de la Universidad de California, Berkeley, descubrieron que muchas flores contienen de forma natural pequeñas cantidades de etanol en su néctar, producido por levaduras que fermentan los azúcares. De hecho, el alcohol fue detectado en muestras de la mayoría de las especies de plantas analizadas, aunque generalmente en niveles muy bajos. Aun así, su presencia es tan común que los polinizadores están expuestos al alcohol de manera constante mientras se alimentan. “Estos estudios sugieren que podría existir una amplia gama de adaptaciones fisiológicas en todo el reino animal a la omnipresencia del etanol en la dieta”, de acuerdo con Robert Dudley, autor del estudio y profesor de biología integrativa de la UC Berkeley. DOSIS DIARIA COMPARABLE A LA HUMANA A pesar de las bajas concentraciones, el gran volumen de néctar que consumen hace que la ingesta sea significativa. Los colibríes, por ejemplo, pueden beber una cantidad de néctar equivalente o incluso superior a su propio peso corporal cada día, lo que resulta en una ingesta de alcohol comparable a la de una persona que consume una bebida estándar. Sin embargo, como lo ingieren de forma gradual y lo metabolizan rápidamente, estos animales no muestran signos evidentes de intoxicación. Los hallazgos sugieren que las abejas y las aves podrían haber desarrollado una tolerancia natural al alcohol con el tiempo. Experimentos muestran que aceptan niveles bajos de alcohol, pero evitan concentraciones más altas, lo que indica una especie de regulación. Los científicos creen que el etanol también podría influir en su comportamiento de manera sutil, al igual que otros compuestos presentes en el néctar, abriendo nuevas líneas de investigación sobre la ecología y evolución de los polinizadores. Fuente: Publimetro
Un reciente informe del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) ha revelado cambios significativos en los hábitos de consumo de sustancias en Chile. Según el 16.º Estudio de Drogas en Población General, aplicado a 18.668 personas representativas de más de 11 millones de habitantes, la prevalencia de consumo mensual de alcohol ha disminuido del 39,2 % en 2022 al 34,6 % en 2024, marcando el nivel más bajo desde que se inició la serie en 1994. Esta disminución se ha observado tanto en hombres, pasando del 45,1 % al 41,7 %, como en mujeres, descendiendo del 33,3 % al 27,6 %. Según lo recogido por Emol, los grupos etarios que mostraron las mayores caídas fueron los de 26 a 34 años (de 50,1 % a 42,5 %) y de 45 a 64 años (de 37,0 % a 31,7 %). En cuanto al tabaco, el consumo diario también ha experimentado una disminución moderada, pasando del 17,7 % en 2022 al 16,5 % en 2024. En relación con otras drogas, se han registrado estabilidades o ligeras disminuciones: el consumo anual de marihuana ha bajado del 10,9 % al 10,1 %, alcanzando su nivel más bajo en una década. En cuanto a cocaína y pasta base, las cifras se han mantenido bajas (0,9 % y 0,3 % respectivamente) sin cambios significativos entre los años analizados. En el caso de los analgésicos sin receta médica han descendido del 1,5% al 1%, mientras que el consumo de drogas sintéticas (éxtasis, tusi, fentanilo y otras sustancias) ha pasado del 1,2% al 0,9%. Sin embargo, el informe de Senda advierte sobre un aumento preocupante en el uso de tranquilizantes sin receta médica: la prevalencia ha aumentado del 1,8 % en 2022 al 2,2 % en 2024. Según el organismo responsable del estudio estos resultados representan un avance en la reducción del consumo tradicional de alcohol y tabaco. No obstante los nuevos patrones como el uso creciente de fármacos sin prescripción plantean señales de riesgo, lo que exige mantener y reforzar estrategias de prevención. Fuente: Publimetro
Las abejas y los colibríes no sólo consumen líquidos azucarados, sino también pequeñas cantidades de alcohol de forma constante, de acuerdo con un estudio sorprendente. Este descubrimiento aporta una nueva perspectiva sobre la biología de los polinizadores y sugiere que estos animales podrían haber desarrollado adaptaciones únicas para manejar una ingesta continua de etanol en su dieta. Al respecto, biólogos de la Universidad de California, Berkeley, descubrieron que muchas flores contienen de forma natural pequeñas cantidades de etanol en su néctar, producido por levaduras que fermentan los azúcares. De hecho, el alcohol fue detectado en muestras de la mayoría de las especies de plantas analizadas, aunque generalmente en niveles muy bajos. Aun así, su presencia es tan común que los polinizadores están expuestos al alcohol de manera constante mientras se alimentan. “Estos estudios sugieren que podría existir una amplia gama de adaptaciones fisiológicas en todo el reino animal a la omnipresencia del etanol en la dieta”, de acuerdo con Robert Dudley, autor del estudio y profesor de biología integrativa de la UC Berkeley. DOSIS DIARIA COMPARABLE A LA HUMANA A pesar de las bajas concentraciones, el gran volumen de néctar que consumen hace que la ingesta sea significativa. Los colibríes, por ejemplo, pueden beber una cantidad de néctar equivalente o incluso superior a su propio peso corporal cada día, lo que resulta en una ingesta de alcohol comparable a la de una persona que consume una bebida estándar. Sin embargo, como lo ingieren de forma gradual y lo metabolizan rápidamente, estos animales no muestran signos evidentes de intoxicación. Los hallazgos sugieren que las abejas y las aves podrían haber desarrollado una tolerancia natural al alcohol con el tiempo. Experimentos muestran que aceptan niveles bajos de alcohol, pero evitan concentraciones más altas, lo que indica una especie de regulación. Los científicos creen que el etanol también podría influir en su comportamiento de manera sutil, al igual que otros compuestos presentes en el néctar, abriendo nuevas líneas de investigación sobre la ecología y evolución de los polinizadores. Fuente: Publimetro
Un reciente informe del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) ha revelado cambios significativos en los hábitos de consumo de sustancias en Chile. Según el 16.º Estudio de Drogas en Población General, aplicado a 18.668 personas representativas de más de 11 millones de habitantes, la prevalencia de consumo mensual de alcohol ha disminuido del 39,2 % en 2022 al 34,6 % en 2024, marcando el nivel más bajo desde que se inició la serie en 1994. Esta disminución se ha observado tanto en hombres, pasando del 45,1 % al 41,7 %, como en mujeres, descendiendo del 33,3 % al 27,6 %. Según lo recogido por Emol, los grupos etarios que mostraron las mayores caídas fueron los de 26 a 34 años (de 50,1 % a 42,5 %) y de 45 a 64 años (de 37,0 % a 31,7 %). En cuanto al tabaco, el consumo diario también ha experimentado una disminución moderada, pasando del 17,7 % en 2022 al 16,5 % en 2024. En relación con otras drogas, se han registrado estabilidades o ligeras disminuciones: el consumo anual de marihuana ha bajado del 10,9 % al 10,1 %, alcanzando su nivel más bajo en una década. En cuanto a cocaína y pasta base, las cifras se han mantenido bajas (0,9 % y 0,3 % respectivamente) sin cambios significativos entre los años analizados. En el caso de los analgésicos sin receta médica han descendido del 1,5% al 1%, mientras que el consumo de drogas sintéticas (éxtasis, tusi, fentanilo y otras sustancias) ha pasado del 1,2% al 0,9%. Sin embargo, el informe de Senda advierte sobre un aumento preocupante en el uso de tranquilizantes sin receta médica: la prevalencia ha aumentado del 1,8 % en 2022 al 2,2 % en 2024. Según el organismo responsable del estudio estos resultados representan un avance en la reducción del consumo tradicional de alcohol y tabaco. No obstante los nuevos patrones como el uso creciente de fármacos sin prescripción plantean señales de riesgo, lo que exige mantener y reforzar estrategias de prevención. Fuente: Publimetro