Al recorrer un supermercado o almacén, es fácil dejarse llevar por las promociones y los precios destacados. Sin embargo, el costo final de la compra también depende del tamaño de los envases, de cuánto aprovechamos los alimentos y de lo que termina olvidado en el refrigerador. Con algunos hábitos sencillos es posible organizar mejor el gasto cotidiano. Compare cantidades y precios Cuando dos productos parecen similares, revise cuánto contiene cada envase. Si está disponible, compare el precio por kilo, litro o unidad, en vez de fijarse solamente en el precio total. Una promoción puede ser conveniente, pero solo si la cantidad se ajusta a las necesidades del hogar y el producto se utilizará antes de que se deteriore. Revise las fechas y la conservación Lea la información del envase y siga las instrucciones de almacenamiento. Las fechas y sus condiciones de uso varían según el tipo de alimento; no deben confundirse las indicaciones de vencimiento con otras menciones comerciales. En casa, mantenga los alimentos refrigerados a la temperatura adecuada y evite dejar productos perecibles durante demasiado tiempo a temperatura ambiente. Planifique antes de salir Antes de hacer las compras, revise la despensa y el refrigerador. Anote lo que falta y piense en algunas comidas que pueda preparar con los ingredientes disponibles. También puede organizar los alimentos por fecha, colocando los que deben consumirse primero en un lugar visible. Esta práctica ayuda a evitar compras duplicadas y a reducir el desperdicio. Un consejo para la próxima compra Compare dos productos que utiliza habitualmente y calcule cuál ofrece más cantidad por el dinero pagado. Después, compruebe que realmente necesita esa cantidad. Ahorrar no siempre significa comprar lo más barato: también significa elegir de manera informada y aprovechar lo que ya tenemos.
La alimentación representa una parte importante de los gastos del hogar. Una planificación sencilla permite saber qué necesitamos, aprovechar los ingredientes disponibles y reducir las compras impulsivas. 1. Revise antes de comprar Mire qué alimentos tiene en la despensa, el refrigerador y el congelador. Compruebe las fechas de vencimiento y priorice aquellos productos que conviene consumir primero. 2. Planifique algunas comidas No es necesario preparar un menú rígido para toda la semana. Puede comenzar definiendo varias comidas principales y pensando cómo aprovechar los mismos ingredientes en distintas preparaciones. Por ejemplo, las verduras que utiliza en una comida pueden servir también para una sopa o una tortilla al día siguiente, siempre que se conserven y manipulen de manera segura. 3. Compare precios Cuando sea posible, compare el precio por kilo, litro o unidad. Así podrá evaluar mejor las diferencias entre tamaños y presentaciones. Los productos de temporada pueden ofrecer alternativas convenientes, aunque los precios cambian según el lugar, la fecha y la disponibilidad. 4. Evite comprar más de lo que necesita Las ofertas no siempre representan un ahorro si el producto termina vencido o se deteriora antes de utilizarlo. Considere el tamaño de su hogar y la capacidad de almacenamiento. 5. Conserve los alimentos de forma segura Refrigere los productos que lo requieren, mantenga el refrigerador a una temperatura apropiada y evite dejar alimentos perecibles durante períodos prolongados a temperatura ambiente. 6. Reserve un momento para organizar la semana Dedicar unos minutos a revisar las existencias, preparar una lista y ordenar los alimentos puede facilitar las decisiones durante los días siguientes. Para revisar recomendaciones sobre alimentación saludable e inocuidad alimentaria, consulte las orientaciones del Ministerio de Salud de Chile. Planificar no significa renunciar a la variedad: significa aprovechar mejor lo que compramos y elegir con más información.
A pocos días de las Fiestas Patrias, la cadena de abastecimiento enfrenta uno de sus periodos más exigentes del año. El aumento en la demanda por carnes, aceites, quesos y otros alimentos coincide esta vez con un escenario de aperturas y cierres sucesivos en el Paso Los Libertadores, principal corredor terrestre entre Chile y Argentina. Las ventanas de funcionamiento han permitido liberar parte de los camiones que permanecían detenidos, pero no han sido suficientes para recuperar completamente la regularidad de los viajes. Para transportistas, importadores y distribuidores, cada nueva interrupción obliga a recalcular rutas, horarios de entrega, consumo de combustible y condiciones de almacenamiento. La relevancia del corredor queda reflejada en el volumen de mercancías que moviliza. Durante 2025, ingresaron a Chile por Los Libertadores alrededor de US$7.050 millones en productos importados, de los cuales US$2.012 millones correspondieron a carnes, según cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales. Por esta ruta también se transportan aceites, quesos, arroz, azúcar y otros productos utilizados en la preparación de alimentos. Argentina, además, es uno de los proveedores relevantes de trigo para Chile, materia prima esencial para la elaboración de harina y productos de alto consumo durante septiembre, como las empanadas. El escenario no implica que exista actualmente un riesgo de desabastecimiento ni que todos estos productos ingresen exclusivamente por Los Libertadores. Sin embargo, la inestabilidad del paso sí aumenta la presión sobre una cadena logística que durante estas semanas debe responder a una mayor demanda. “Cuando hay aperturas y cierres permanentes, el desafío es reaccionar rápido. Al tener visibilidad del estado del camión, su consumo de combustible, su telemetría, tiempos de detención y condiciones de la carga se pueden tomar decisiones con información y no simplemente esperar a que cambien las condiciones”, explica Rodrigo Serrano, Vicepresidente de Innovación y Desarrollo de Wisetrack. Uno de los puntos más sensibles es el traslado de carnes, lácteos y otros productos refrigerados. Cuando un camión queda detenido, debe mantener operativos sus equipos de frío, lo que incrementa el consumo de combustible y exige vigilar permanentemente la temperatura para evitar que la carga pierda sus condiciones óptimas. En una carga refrigerada, esperar muchas horas no solo es un problema de retraso. Hay combustible, energía, cadena de frío y un producto que durante todo el trayecto debe estar dentro de unas determinadas condiciones. “Por eso, en escenarios de alta incertidumbre, la información en tiempo real se vuelve una herramienta crítica”, agrega Serrano. De cara al 18 de septiembre, el principal impacto no está necesariamente en la falta de productos, sino en los mayores tiempos de traslado, costos operacionales y dificultades para planificar las entregas. Una presión logística que comienza en la cordillera pero que puede terminar incidiendo en toda la cadena que abastece la mesa de Fiestas Patrias. Fuente: Publimetro
El magnesio es un nutriente que el cuerpo necesita para mantenerse sano, ya que está ligado a distintos procesos del organismo y tiene diversos beneficios; por esta razón, los suplementos abundan. Sin embargo, también existen maneras de consumirlo naturalmente que pueden ser igual o mejor en beneficio. De hecho, algunos expertos recomiendan más la opción natural, ya que tiene efectos que un suplemento no puede reemplazar. María Alejandra Cohen, directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, explica que “la mayoría de las personas sanas ya puede obtener todo el magnesio que necesita a través de la alimentación, sin recurrir a un suplemento”. “Los alimentos ricos en magnesio no solo aportan el mineral, sino también fibra, grasas saludables y antioxidantes que actúan de forma sinérgica. Eso un suplemento aislado no lo puede replicar”, puntualiza. De acuerdo con la nutricionista, este nutriente es considerado un mineral fundamental para el organismo, ya que participa en más de 300 reacciones enzimáticas y regula desde la función muscular hasta la presión arterial. Además, el magnesio que proviene de los alimentos es seguro incluso si se consume en cantidades altas, porque los riñones sanos filtran el exceso sin problema. En cambio, en el caso de los suplementos y medicamentos, generalmente existe un límite superior tolerable de 350 miligramos diarios. Sobrepasarlo suele provocar diarrea, náuseas y calambres estomacales. ¿Dónde obtener magnesio? Acorde a las recomendaciones del Instituto Nacional de la Salud (NIH) de Estados Unidos, la cantidad de magnesio depende de la edad y el sexo. Para hombres adultos, el organismo sugiere entre 400 a 420 mg diarios, mientras que para mujeres son entre 310 a 320 mg. En los alimentos, se puede encontrar en algunas semillas, legumbres y verduras de hoja verde. Existen exactamente 5 que funcionan como una buena fuente. Según Cohen, estos son: 1. Semillas de zapallo tostadas: esta es la fuente donde más se concentra magnesio, ya que una porción puede contener entre 156 y 168 miligramos. Se pueden comer solas, pero también en ensaladas o con yogur. 2. Semillas de chía: solo dos cucharadas, suman entre 95 y 111 miligramos. La nutricionista las recomienda al desayuno. Por ejemplo, media taza de avena cocida con leche, una cucharada de semillas de chía y un plátano mediano. 3. Espinaca cocida: media taza puede aportar unos 78 miligramos. En el almuerzo se puede acompañar con media palta, que además suma grasas saludables. 4. Almendras tostadas: de acuerdo con Cohen, un puñado entrega entre 80 y 97 miligramos. Se pueden comer en una colación de frutos secos, además aportan grasas saludables y antioxidantes. 5. Porotos negros y quinoa: media taza de porotos negros cocidos suma 60 miligramos, mientras que una taza de quinoa cocida llega a 118 miligramos. Una taza de porotos negros al almuerzo se puede acompañar con media taza de arroz integral, que aporta 42 miligramos adicionales. La experta recomienda combinar estas porciones a lo largo del día para lograr la cantidad diaria. “Con este tipo de combinaciones se cubre holgadamente la recomendación para cualquier mujer u hombre adulto”, asegura. ¿Descartamos los suplementos? Pese a su recomendación, Cohen señala que para algunos casos no hay que descartar la suplementación, pero sí advierte que debe ser una decisión informada y con el acompañamiento médico necesario. También existen usos puntuales, como para tratar algunos tipos de migraña o el estreñimiento crónico severo. La experta en nutrición señala que los grupos de mayor riesgo por ingesta deficiente de magnesio son adultos mayores, personas con diabetes tipo 2 o con problemas digestivos crónicos. Algunas señales de alerta pueden ser: pérdida de apetito, náuseas leves, fatiga persistente, debilidad generalizada y apatía. Sin embargo, si bien la ingesta inadecuada de magnesio es relativamente común en la población, Cohen puntualiza que la deficiencia clínica sintomática es poco frecuente en personas sanas. Además, es difícil de medir porque el magnesio en sangre no siempre refleja las reservas reales del cuerpo. Fuente: biobiochile.cl
Los conservantes presentes en miles de alimentos procesados podrían estar asociados a un mayor riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, según una nueva investigación publicada en el European Heart Journal. El estudio fue liderado por la investigadora Mathilde Touvier y Anaïs Hasenböhler, del Instituto Nacional Francés de Salud e Investigación Médica (INSERM) y de las universidades Sorbonne Paris Nord y Paris Cité. Los investigadores utilizaron datos del proyecto NutriNet-Santé, un seguimiento a largo plazo en el que participaron 112.395 voluntarios. Cada seis meses, los participantes registraban todo lo que comían y bebían durante tres días, lo que permitió a los científicos identificar con precisión los aditivos presentes en su alimentación. Posteriormente, se realizó un seguimiento promedio de entre siete y ocho años para determinar cuántas personas desarrollaban hipertensión o enfermedades cardiovasculares, como infartos, accidentes cerebrovasculares, entre otros. ¿Cuáles fueron los resultados? Los resultados mostraron que quienes consumían mayores cantidades de conservantes no antioxidantes tenían un 29% más de riesgo de desarrollar hipertensión arterial en comparación con quienes ingerían menos. Además, presentaban un 16% más de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. En el caso de los conservantes antioxidantes, las personas con una mayor exposición registraron un aumento del 22% en el riesgo de hipertensión. Según los autores, prácticamente toda la población estudiada estuvo expuesta a estos compuestos: durante los dos primeros años de seguimiento, el 99,5% de los participantes había consumido al menos un conservante alimentario. Los 8 aditivos vinculados a la hipertensión El equipo examinó de forma individual los 17 conservantes más consumidos y encontró que ocho de ellos estaban específicamente asociados con un mayor riesgo de presión arterial alta: Sorbato de potasio (E202) Metabisulfito de potasio (E224) Nitrito de sodio (E250) Ácido ascórbico (E300) Ascorbato de sodio (E301) Eritorbato de sodio (E316) Ácido cítrico (E330) Extractos de romero (E392) Además, el ácido ascórbico (E300) también se relacionó con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Un llamado a revisar los aditivos Los autores reconocen que se trata de un estudio observacional, por lo que no demuestra una relación causal directa. Sin embargo, destacan que los resultados se basan en datos alimentarios detallados y que se controlaron otros factores que influyen en la salud cardiovascular. Touvier explicó que investigaciones experimentales previas sugieren que algunos conservantes podrían favorecer el estrés oxidativo o alterar el funcionamiento del páncreas, mecanismos que podrían ayudar a explicar los hallazgos. A la luz de estos resultados, los investigadores plantean la necesidad de que organismos reguladores como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) reevalúen los riesgos y beneficios de estos aditivos. Mientras tanto, los expertos reiteran una recomendación ya conocida: privilegiar alimentos frescos o mínimamente procesados y reducir el consumo de productos ultraprocesados con ingredientes innecesarios.
Al recorrer un supermercado o almacén, es fácil dejarse llevar por las promociones y los precios destacados. Sin embargo, el costo final de la compra también depende del tamaño de los envases, de cuánto aprovechamos los alimentos y de lo que termina olvidado en el refrigerador. Con algunos hábitos sencillos es posible organizar mejor el gasto cotidiano. Compare cantidades y precios Cuando dos productos parecen similares, revise cuánto contiene cada envase. Si está disponible, compare el precio por kilo, litro o unidad, en vez de fijarse solamente en el precio total. Una promoción puede ser conveniente, pero solo si la cantidad se ajusta a las necesidades del hogar y el producto se utilizará antes de que se deteriore. Revise las fechas y la conservación Lea la información del envase y siga las instrucciones de almacenamiento. Las fechas y sus condiciones de uso varían según el tipo de alimento; no deben confundirse las indicaciones de vencimiento con otras menciones comerciales. En casa, mantenga los alimentos refrigerados a la temperatura adecuada y evite dejar productos perecibles durante demasiado tiempo a temperatura ambiente. Planifique antes de salir Antes de hacer las compras, revise la despensa y el refrigerador. Anote lo que falta y piense en algunas comidas que pueda preparar con los ingredientes disponibles. También puede organizar los alimentos por fecha, colocando los que deben consumirse primero en un lugar visible. Esta práctica ayuda a evitar compras duplicadas y a reducir el desperdicio. Un consejo para la próxima compra Compare dos productos que utiliza habitualmente y calcule cuál ofrece más cantidad por el dinero pagado. Después, compruebe que realmente necesita esa cantidad. Ahorrar no siempre significa comprar lo más barato: también significa elegir de manera informada y aprovechar lo que ya tenemos.
La alimentación representa una parte importante de los gastos del hogar. Una planificación sencilla permite saber qué necesitamos, aprovechar los ingredientes disponibles y reducir las compras impulsivas. 1. Revise antes de comprar Mire qué alimentos tiene en la despensa, el refrigerador y el congelador. Compruebe las fechas de vencimiento y priorice aquellos productos que conviene consumir primero. 2. Planifique algunas comidas No es necesario preparar un menú rígido para toda la semana. Puede comenzar definiendo varias comidas principales y pensando cómo aprovechar los mismos ingredientes en distintas preparaciones. Por ejemplo, las verduras que utiliza en una comida pueden servir también para una sopa o una tortilla al día siguiente, siempre que se conserven y manipulen de manera segura. 3. Compare precios Cuando sea posible, compare el precio por kilo, litro o unidad. Así podrá evaluar mejor las diferencias entre tamaños y presentaciones. Los productos de temporada pueden ofrecer alternativas convenientes, aunque los precios cambian según el lugar, la fecha y la disponibilidad. 4. Evite comprar más de lo que necesita Las ofertas no siempre representan un ahorro si el producto termina vencido o se deteriora antes de utilizarlo. Considere el tamaño de su hogar y la capacidad de almacenamiento. 5. Conserve los alimentos de forma segura Refrigere los productos que lo requieren, mantenga el refrigerador a una temperatura apropiada y evite dejar alimentos perecibles durante períodos prolongados a temperatura ambiente. 6. Reserve un momento para organizar la semana Dedicar unos minutos a revisar las existencias, preparar una lista y ordenar los alimentos puede facilitar las decisiones durante los días siguientes. Para revisar recomendaciones sobre alimentación saludable e inocuidad alimentaria, consulte las orientaciones del Ministerio de Salud de Chile. Planificar no significa renunciar a la variedad: significa aprovechar mejor lo que compramos y elegir con más información.
A pocos días de las Fiestas Patrias, la cadena de abastecimiento enfrenta uno de sus periodos más exigentes del año. El aumento en la demanda por carnes, aceites, quesos y otros alimentos coincide esta vez con un escenario de aperturas y cierres sucesivos en el Paso Los Libertadores, principal corredor terrestre entre Chile y Argentina. Las ventanas de funcionamiento han permitido liberar parte de los camiones que permanecían detenidos, pero no han sido suficientes para recuperar completamente la regularidad de los viajes. Para transportistas, importadores y distribuidores, cada nueva interrupción obliga a recalcular rutas, horarios de entrega, consumo de combustible y condiciones de almacenamiento. La relevancia del corredor queda reflejada en el volumen de mercancías que moviliza. Durante 2025, ingresaron a Chile por Los Libertadores alrededor de US$7.050 millones en productos importados, de los cuales US$2.012 millones correspondieron a carnes, según cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales. Por esta ruta también se transportan aceites, quesos, arroz, azúcar y otros productos utilizados en la preparación de alimentos. Argentina, además, es uno de los proveedores relevantes de trigo para Chile, materia prima esencial para la elaboración de harina y productos de alto consumo durante septiembre, como las empanadas. El escenario no implica que exista actualmente un riesgo de desabastecimiento ni que todos estos productos ingresen exclusivamente por Los Libertadores. Sin embargo, la inestabilidad del paso sí aumenta la presión sobre una cadena logística que durante estas semanas debe responder a una mayor demanda. “Cuando hay aperturas y cierres permanentes, el desafío es reaccionar rápido. Al tener visibilidad del estado del camión, su consumo de combustible, su telemetría, tiempos de detención y condiciones de la carga se pueden tomar decisiones con información y no simplemente esperar a que cambien las condiciones”, explica Rodrigo Serrano, Vicepresidente de Innovación y Desarrollo de Wisetrack. Uno de los puntos más sensibles es el traslado de carnes, lácteos y otros productos refrigerados. Cuando un camión queda detenido, debe mantener operativos sus equipos de frío, lo que incrementa el consumo de combustible y exige vigilar permanentemente la temperatura para evitar que la carga pierda sus condiciones óptimas. En una carga refrigerada, esperar muchas horas no solo es un problema de retraso. Hay combustible, energía, cadena de frío y un producto que durante todo el trayecto debe estar dentro de unas determinadas condiciones. “Por eso, en escenarios de alta incertidumbre, la información en tiempo real se vuelve una herramienta crítica”, agrega Serrano. De cara al 18 de septiembre, el principal impacto no está necesariamente en la falta de productos, sino en los mayores tiempos de traslado, costos operacionales y dificultades para planificar las entregas. Una presión logística que comienza en la cordillera pero que puede terminar incidiendo en toda la cadena que abastece la mesa de Fiestas Patrias. Fuente: Publimetro
El magnesio es un nutriente que el cuerpo necesita para mantenerse sano, ya que está ligado a distintos procesos del organismo y tiene diversos beneficios; por esta razón, los suplementos abundan. Sin embargo, también existen maneras de consumirlo naturalmente que pueden ser igual o mejor en beneficio. De hecho, algunos expertos recomiendan más la opción natural, ya que tiene efectos que un suplemento no puede reemplazar. María Alejandra Cohen, directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, explica que “la mayoría de las personas sanas ya puede obtener todo el magnesio que necesita a través de la alimentación, sin recurrir a un suplemento”. “Los alimentos ricos en magnesio no solo aportan el mineral, sino también fibra, grasas saludables y antioxidantes que actúan de forma sinérgica. Eso un suplemento aislado no lo puede replicar”, puntualiza. De acuerdo con la nutricionista, este nutriente es considerado un mineral fundamental para el organismo, ya que participa en más de 300 reacciones enzimáticas y regula desde la función muscular hasta la presión arterial. Además, el magnesio que proviene de los alimentos es seguro incluso si se consume en cantidades altas, porque los riñones sanos filtran el exceso sin problema. En cambio, en el caso de los suplementos y medicamentos, generalmente existe un límite superior tolerable de 350 miligramos diarios. Sobrepasarlo suele provocar diarrea, náuseas y calambres estomacales. ¿Dónde obtener magnesio? Acorde a las recomendaciones del Instituto Nacional de la Salud (NIH) de Estados Unidos, la cantidad de magnesio depende de la edad y el sexo. Para hombres adultos, el organismo sugiere entre 400 a 420 mg diarios, mientras que para mujeres son entre 310 a 320 mg. En los alimentos, se puede encontrar en algunas semillas, legumbres y verduras de hoja verde. Existen exactamente 5 que funcionan como una buena fuente. Según Cohen, estos son: 1. Semillas de zapallo tostadas: esta es la fuente donde más se concentra magnesio, ya que una porción puede contener entre 156 y 168 miligramos. Se pueden comer solas, pero también en ensaladas o con yogur. 2. Semillas de chía: solo dos cucharadas, suman entre 95 y 111 miligramos. La nutricionista las recomienda al desayuno. Por ejemplo, media taza de avena cocida con leche, una cucharada de semillas de chía y un plátano mediano. 3. Espinaca cocida: media taza puede aportar unos 78 miligramos. En el almuerzo se puede acompañar con media palta, que además suma grasas saludables. 4. Almendras tostadas: de acuerdo con Cohen, un puñado entrega entre 80 y 97 miligramos. Se pueden comer en una colación de frutos secos, además aportan grasas saludables y antioxidantes. 5. Porotos negros y quinoa: media taza de porotos negros cocidos suma 60 miligramos, mientras que una taza de quinoa cocida llega a 118 miligramos. Una taza de porotos negros al almuerzo se puede acompañar con media taza de arroz integral, que aporta 42 miligramos adicionales. La experta recomienda combinar estas porciones a lo largo del día para lograr la cantidad diaria. “Con este tipo de combinaciones se cubre holgadamente la recomendación para cualquier mujer u hombre adulto”, asegura. ¿Descartamos los suplementos? Pese a su recomendación, Cohen señala que para algunos casos no hay que descartar la suplementación, pero sí advierte que debe ser una decisión informada y con el acompañamiento médico necesario. También existen usos puntuales, como para tratar algunos tipos de migraña o el estreñimiento crónico severo. La experta en nutrición señala que los grupos de mayor riesgo por ingesta deficiente de magnesio son adultos mayores, personas con diabetes tipo 2 o con problemas digestivos crónicos. Algunas señales de alerta pueden ser: pérdida de apetito, náuseas leves, fatiga persistente, debilidad generalizada y apatía. Sin embargo, si bien la ingesta inadecuada de magnesio es relativamente común en la población, Cohen puntualiza que la deficiencia clínica sintomática es poco frecuente en personas sanas. Además, es difícil de medir porque el magnesio en sangre no siempre refleja las reservas reales del cuerpo. Fuente: biobiochile.cl
Los conservantes presentes en miles de alimentos procesados podrían estar asociados a un mayor riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, según una nueva investigación publicada en el European Heart Journal. El estudio fue liderado por la investigadora Mathilde Touvier y Anaïs Hasenböhler, del Instituto Nacional Francés de Salud e Investigación Médica (INSERM) y de las universidades Sorbonne Paris Nord y Paris Cité. Los investigadores utilizaron datos del proyecto NutriNet-Santé, un seguimiento a largo plazo en el que participaron 112.395 voluntarios. Cada seis meses, los participantes registraban todo lo que comían y bebían durante tres días, lo que permitió a los científicos identificar con precisión los aditivos presentes en su alimentación. Posteriormente, se realizó un seguimiento promedio de entre siete y ocho años para determinar cuántas personas desarrollaban hipertensión o enfermedades cardiovasculares, como infartos, accidentes cerebrovasculares, entre otros. ¿Cuáles fueron los resultados? Los resultados mostraron que quienes consumían mayores cantidades de conservantes no antioxidantes tenían un 29% más de riesgo de desarrollar hipertensión arterial en comparación con quienes ingerían menos. Además, presentaban un 16% más de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. En el caso de los conservantes antioxidantes, las personas con una mayor exposición registraron un aumento del 22% en el riesgo de hipertensión. Según los autores, prácticamente toda la población estudiada estuvo expuesta a estos compuestos: durante los dos primeros años de seguimiento, el 99,5% de los participantes había consumido al menos un conservante alimentario. Los 8 aditivos vinculados a la hipertensión El equipo examinó de forma individual los 17 conservantes más consumidos y encontró que ocho de ellos estaban específicamente asociados con un mayor riesgo de presión arterial alta: Sorbato de potasio (E202) Metabisulfito de potasio (E224) Nitrito de sodio (E250) Ácido ascórbico (E300) Ascorbato de sodio (E301) Eritorbato de sodio (E316) Ácido cítrico (E330) Extractos de romero (E392) Además, el ácido ascórbico (E300) también se relacionó con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Un llamado a revisar los aditivos Los autores reconocen que se trata de un estudio observacional, por lo que no demuestra una relación causal directa. Sin embargo, destacan que los resultados se basan en datos alimentarios detallados y que se controlaron otros factores que influyen en la salud cardiovascular. Touvier explicó que investigaciones experimentales previas sugieren que algunos conservantes podrían favorecer el estrés oxidativo o alterar el funcionamiento del páncreas, mecanismos que podrían ayudar a explicar los hallazgos. A la luz de estos resultados, los investigadores plantean la necesidad de que organismos reguladores como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) reevalúen los riesgos y beneficios de estos aditivos. Mientras tanto, los expertos reiteran una recomendación ya conocida: privilegiar alimentos frescos o mínimamente procesados y reducir el consumo de productos ultraprocesados con ingredientes innecesarios.