Cada vez más estudios confirman que buena parte del bienestar físico y emocional comienza en el aparato digestivo, resaltando la importancia de la microbiota intestinal, un grupo de billones y billones de bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos, para la salud del cuerpo y la mente. Hoy sabemos que existe una conexión bidireccional entre el intestino y el cerebro, lo que significa que lo que comemos puede impactar directamente en cómo nos sentimos. “ El 90% de la serotonina circulante en el cuerpo es producida por neuronas intestinales, lo que demuestra que el intestino cumple un rol clave en la regulación del estado de ánimo. Esto ayuda a explicar por qué alteraciones en la microbiota pueden asociarse a síntomas como ansiedad, cambios en el ánimo o incluso trastornos depresivos ”, explica la Dra. Macarena Gálvez, psiquiatra de Grupo CETEP. ¿Cómo se comunican ambos órganos? Estos dos órganos están conectados de tres maneras diferentes: “ Por un lado, existe una conexión directa a través del sistema nervioso, que permite que el cerebro y el intestino intercambien señales constantemente. A esto se suman las hormonas, que actúan como mensajeros químicos y ayudan a regular funciones como el apetito, el estrés o el estado de ánimo. Además, el sistema inmune, gran parte del cual se encuentra en el intestino, también cumple un rol clave en esta relación, influyendo en procesos que pueden afectar cómo nos sentimos ”, comenta la Dra. Gálvez. En este contexto, la especialista explica que esta conexión también tiene que ver con cómo funciona nuestro cuerpo a nivel básico. El cerebro, aunque representa una pequeña parte del peso corporal, requiere una gran cantidad de energía para operar, y es el intestino el encargado de procesar los alimentos y transformarlos en el “combustible” que necesita todo el organismo. Esta relación no es en una sola dirección. Así como el cerebro influye en el funcionamiento del intestino, lo que ocurre en el sistema digestivo también impacta en cómo pensamos y sentimos. Por eso, muchas veces las emociones se manifiestan físicamente. Situaciones de estrés, nervios o ansiedad pueden generar molestias estomacales, sensación de “guata apretada” o cambios digestivos. Al mismo tiempo, cuando existe un desequilibrio intestinal, también pueden aparecer irritabilidad, cansancio o variaciones en el estado de ánimo. ¿Cómo cuidar el “segundo cerebro”? Si bien no existe una fórmula única, la especialista coincide en que la salud del intestino y su impacto en el bienestar emocional está profundamente ligada a los hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso, la actividad física y el manejo del estrés cumplen un rol clave en el equilibrio de la microbiota, un sistema que es altamente sensible a los cambios del día a día. En ese sentido, la Dra. Gálvez explica que “ más que soluciones rápidas, lo importante es la constancia. Una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras y fibra, junto con el consumo de alimentos fermentados, puede favorecer una microbiota más diversa y saludable, lo que también impacta en cómo nos sentimos ”. La especialista agrega que el descanso adecuado y la actividad física también son factores relevantes, ya que ayudan a regular procesos del organismo que influyen tanto en la salud digestiva como emocional. Al mismo tiempo, advierte que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, el estrés sostenido o la falta de sueño pueden alterar este equilibrio.“ Cada persona tiene una microbiota distinta, por lo que no hay una receta única. Pero sí sabemos que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una diferencia importante en el bienestar general ”, enfatiza. Aunque la evidencia sigue en desarrollo, el vínculo entre el intestino y el cerebro abre una nueva forma de entender la salud mental, en ese sentido, la psiquiatra de Cetep concluye que “ hoy sabemos que no se trata solo de lo que pasa en la mente. Es un sistema integrado, donde el cuerpo también cumple un rol fundamental en cómo nos sentimos ”.
Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.
Cada vez más estudios confirman que buena parte del bienestar físico y emocional comienza en el aparato digestivo, resaltando la importancia de la microbiota intestinal, un grupo de billones y billones de bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos, para la salud del cuerpo y la mente. Hoy sabemos que existe una conexión bidireccional entre el intestino y el cerebro, lo que significa que lo que comemos puede impactar directamente en cómo nos sentimos. “ El 90% de la serotonina circulante en el cuerpo es producida por neuronas intestinales, lo que demuestra que el intestino cumple un rol clave en la regulación del estado de ánimo. Esto ayuda a explicar por qué alteraciones en la microbiota pueden asociarse a síntomas como ansiedad, cambios en el ánimo o incluso trastornos depresivos ”, explica la Dra. Macarena Gálvez, psiquiatra de Grupo CETEP. ¿Cómo se comunican ambos órganos? Estos dos órganos están conectados de tres maneras diferentes: “ Por un lado, existe una conexión directa a través del sistema nervioso, que permite que el cerebro y el intestino intercambien señales constantemente. A esto se suman las hormonas, que actúan como mensajeros químicos y ayudan a regular funciones como el apetito, el estrés o el estado de ánimo. Además, el sistema inmune, gran parte del cual se encuentra en el intestino, también cumple un rol clave en esta relación, influyendo en procesos que pueden afectar cómo nos sentimos ”, comenta la Dra. Gálvez. En este contexto, la especialista explica que esta conexión también tiene que ver con cómo funciona nuestro cuerpo a nivel básico. El cerebro, aunque representa una pequeña parte del peso corporal, requiere una gran cantidad de energía para operar, y es el intestino el encargado de procesar los alimentos y transformarlos en el “combustible” que necesita todo el organismo. Esta relación no es en una sola dirección. Así como el cerebro influye en el funcionamiento del intestino, lo que ocurre en el sistema digestivo también impacta en cómo pensamos y sentimos. Por eso, muchas veces las emociones se manifiestan físicamente. Situaciones de estrés, nervios o ansiedad pueden generar molestias estomacales, sensación de “guata apretada” o cambios digestivos. Al mismo tiempo, cuando existe un desequilibrio intestinal, también pueden aparecer irritabilidad, cansancio o variaciones en el estado de ánimo. ¿Cómo cuidar el “segundo cerebro”? Si bien no existe una fórmula única, la especialista coincide en que la salud del intestino y su impacto en el bienestar emocional está profundamente ligada a los hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso, la actividad física y el manejo del estrés cumplen un rol clave en el equilibrio de la microbiota, un sistema que es altamente sensible a los cambios del día a día. En ese sentido, la Dra. Gálvez explica que “ más que soluciones rápidas, lo importante es la constancia. Una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras y fibra, junto con el consumo de alimentos fermentados, puede favorecer una microbiota más diversa y saludable, lo que también impacta en cómo nos sentimos ”. La especialista agrega que el descanso adecuado y la actividad física también son factores relevantes, ya que ayudan a regular procesos del organismo que influyen tanto en la salud digestiva como emocional. Al mismo tiempo, advierte que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, el estrés sostenido o la falta de sueño pueden alterar este equilibrio.“ Cada persona tiene una microbiota distinta, por lo que no hay una receta única. Pero sí sabemos que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una diferencia importante en el bienestar general ”, enfatiza. Aunque la evidencia sigue en desarrollo, el vínculo entre el intestino y el cerebro abre una nueva forma de entender la salud mental, en ese sentido, la psiquiatra de Cetep concluye que “ hoy sabemos que no se trata solo de lo que pasa en la mente. Es un sistema integrado, donde el cuerpo también cumple un rol fundamental en cómo nos sentimos ”.
Un estudio internacional, liderado por el Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), reveló que el entrenamiento de fuerza es capaz de revertir el envejecimiento cerebral entre 1,4 y 2,3 años. El hallazgo, publicado en la revista GeroScience, desafía la noción de que solo el ejercicio aeróbico beneficia al sistema nervioso. Mediante el uso de neuroimágenes y modelos de inteligencia artificial conocidos como « relojes cerebrales «, los científicos analizaron a 309 adultos mayores sometidos a un año de entrenamiento supervisado. Los resultados arrojaron que el ejercicio de resistencia no solo mejora la condición física, sino que rejuvenece la conectividad neuronal de forma global. A diferencia de las personas con hábitos sedentarios, quienes integraron rutinas de pesas y resistencia en su día a día mostraron un fortalecimientoen la corteza prefrontal. Esta zona es fundamental para el capital cerebral, ya que coordina funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la capacidad de tomar decisiones complejas. «Del mismo modo que la demencia acelera el envejecimiento cerebral, el ejercicio podría retrasarlo «, explica Agustín Ibáñez, director de BrainLat UAI y uno de los líderes del trabajo. Para el experto, este descubrimiento abre una ventana de oportunidad para diseñar políticas públicas que promuevan la salud mental a través del cuerpo. Además, la investigación determinó que los beneficios no son efímeros; las evaluaciones realizadas un año después de finalizar el programa demostraron que la «juventud» recuperada por el cerebro persistía en el tiempo. Fuerza muscular como biomarcador de salud mental El estudio comparó dos niveles de intensidad: un entrenamiento de alta resistencia (HRT) y uno de intensidad moderada (MIT). Sorprendentemente, ambos grupos lograron reducir su edad cerebral de manera similar. Esto sugiere que no es necesario ser un atleta de alto rendimiento para obtener resultados; incluso dosis moderadas de ejercicio de fuerza generan beneficios biológicos medibles. Un dato clave del informe es la correlación directa entre la fuerza física y la integridad del sistema nervioso central. Los científicos detectaron que a mayor aumento de la fuerza muscular, menor es la brecha de edad cerebral. Este vínculo posiciona a la salud musculoesquelética como un biomarcador esencial para predecir el estado del cerebro. Para los autores, el mensaje es el siguiente: el entrenamiento de resistencia no es solo una cuestión de estética o salud física, sino una herramienta de prevención clave para proteger el cerebro en la vejez.