Un reciente estudio científico ha revelado que la práctica de la atención plena, la gratitud y el entrenamiento del optimismo puede tener un impacto positivo en la salud cardiovascular en un corto período de tiempo. Investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign llevaron a cabo un análisis de 18 ensayos clínicos aleatorizados y encontraron que estas intervenciones estaban asociadas con mejoras significativas en la presión arterial, la inflamación y otros factores de riesgo relacionados con enfermedades cardíacas. Los programas estudiados tenían una duración de entre seis y 12 semanas e incluían sesiones semanales combinadas con actividades para realizar en casa. Algunos programas también incorporaron el uso de aplicaciones, mensajes de texto, llamadas telefónicas, diarios personales y reuniones presenciales. Entre los resultados más destacados, se observó que los programas de atención plena realizados durante ocho semanas lograron reducir la presión arterial sistólica y ciertos marcadores inflamatorios en personas con hipertensión o antecedentes de problemas cardiovasculares. Según Rosalba Hernandez, profesora de trabajo social en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Programas basados en la atención plena (...) redujeron la presión arterial sistólica y disminuyeron marcadores inflamatorios. El estudio también resalta la importancia de incorporar la salud mental y conductual en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Publicado en Cardiology Clinics, sugiere que prácticas como la gratitud, el optimismo y la atención plena pueden complementar otras estrategias para proteger la salud del corazón. Los investigadores señalan que mantener algunos cambios conductuales a largo plazo puede requerir un seguimiento menos intensivo pero continuo después de las primeras ocho a 12 semanas. En resumen, estos hallazgos subrayan el papel crucial que juegan las intervenciones psicológicas y conductuales en el cuidado del corazón. Fuente: Publimetro
Cada vez más estudios confirman que buena parte del bienestar físico y emocional comienza en el aparato digestivo, resaltando la importancia de la microbiota intestinal, un grupo de billones y billones de bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos, para la salud del cuerpo y la mente. Hoy sabemos que existe una conexión bidireccional entre el intestino y el cerebro, lo que significa que lo que comemos puede impactar directamente en cómo nos sentimos. “ El 90% de la serotonina circulante en el cuerpo es producida por neuronas intestinales, lo que demuestra que el intestino cumple un rol clave en la regulación del estado de ánimo. Esto ayuda a explicar por qué alteraciones en la microbiota pueden asociarse a síntomas como ansiedad, cambios en el ánimo o incluso trastornos depresivos ”, explica la Dra. Macarena Gálvez, psiquiatra de Grupo CETEP. ¿Cómo se comunican ambos órganos? Estos dos órganos están conectados de tres maneras diferentes: “ Por un lado, existe una conexión directa a través del sistema nervioso, que permite que el cerebro y el intestino intercambien señales constantemente. A esto se suman las hormonas, que actúan como mensajeros químicos y ayudan a regular funciones como el apetito, el estrés o el estado de ánimo. Además, el sistema inmune, gran parte del cual se encuentra en el intestino, también cumple un rol clave en esta relación, influyendo en procesos que pueden afectar cómo nos sentimos ”, comenta la Dra. Gálvez. En este contexto, la especialista explica que esta conexión también tiene que ver con cómo funciona nuestro cuerpo a nivel básico. El cerebro, aunque representa una pequeña parte del peso corporal, requiere una gran cantidad de energía para operar, y es el intestino el encargado de procesar los alimentos y transformarlos en el “combustible” que necesita todo el organismo. Esta relación no es en una sola dirección. Así como el cerebro influye en el funcionamiento del intestino, lo que ocurre en el sistema digestivo también impacta en cómo pensamos y sentimos. Por eso, muchas veces las emociones se manifiestan físicamente. Situaciones de estrés, nervios o ansiedad pueden generar molestias estomacales, sensación de “guata apretada” o cambios digestivos. Al mismo tiempo, cuando existe un desequilibrio intestinal, también pueden aparecer irritabilidad, cansancio o variaciones en el estado de ánimo. ¿Cómo cuidar el “segundo cerebro”? Si bien no existe una fórmula única, la especialista coincide en que la salud del intestino y su impacto en el bienestar emocional está profundamente ligada a los hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso, la actividad física y el manejo del estrés cumplen un rol clave en el equilibrio de la microbiota, un sistema que es altamente sensible a los cambios del día a día. En ese sentido, la Dra. Gálvez explica que “ más que soluciones rápidas, lo importante es la constancia. Una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras y fibra, junto con el consumo de alimentos fermentados, puede favorecer una microbiota más diversa y saludable, lo que también impacta en cómo nos sentimos ”. La especialista agrega que el descanso adecuado y la actividad física también son factores relevantes, ya que ayudan a regular procesos del organismo que influyen tanto en la salud digestiva como emocional. Al mismo tiempo, advierte que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, el estrés sostenido o la falta de sueño pueden alterar este equilibrio.“ Cada persona tiene una microbiota distinta, por lo que no hay una receta única. Pero sí sabemos que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una diferencia importante en el bienestar general ”, enfatiza. Aunque la evidencia sigue en desarrollo, el vínculo entre el intestino y el cerebro abre una nueva forma de entender la salud mental, en ese sentido, la psiquiatra de Cetep concluye que “ hoy sabemos que no se trata solo de lo que pasa en la mente. Es un sistema integrado, donde el cuerpo también cumple un rol fundamental en cómo nos sentimos ”.
Un reciente estudio científico ha revelado que la práctica de la atención plena, la gratitud y el entrenamiento del optimismo puede tener un impacto positivo en la salud cardiovascular en un corto período de tiempo. Investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign llevaron a cabo un análisis de 18 ensayos clínicos aleatorizados y encontraron que estas intervenciones estaban asociadas con mejoras significativas en la presión arterial, la inflamación y otros factores de riesgo relacionados con enfermedades cardíacas. Los programas estudiados tenían una duración de entre seis y 12 semanas e incluían sesiones semanales combinadas con actividades para realizar en casa. Algunos programas también incorporaron el uso de aplicaciones, mensajes de texto, llamadas telefónicas, diarios personales y reuniones presenciales. Entre los resultados más destacados, se observó que los programas de atención plena realizados durante ocho semanas lograron reducir la presión arterial sistólica y ciertos marcadores inflamatorios en personas con hipertensión o antecedentes de problemas cardiovasculares. Según Rosalba Hernandez, profesora de trabajo social en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Programas basados en la atención plena (...) redujeron la presión arterial sistólica y disminuyeron marcadores inflamatorios. El estudio también resalta la importancia de incorporar la salud mental y conductual en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Publicado en Cardiology Clinics, sugiere que prácticas como la gratitud, el optimismo y la atención plena pueden complementar otras estrategias para proteger la salud del corazón. Los investigadores señalan que mantener algunos cambios conductuales a largo plazo puede requerir un seguimiento menos intensivo pero continuo después de las primeras ocho a 12 semanas. En resumen, estos hallazgos subrayan el papel crucial que juegan las intervenciones psicológicas y conductuales en el cuidado del corazón. Fuente: Publimetro
Cada vez más estudios confirman que buena parte del bienestar físico y emocional comienza en el aparato digestivo, resaltando la importancia de la microbiota intestinal, un grupo de billones y billones de bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos, para la salud del cuerpo y la mente. Hoy sabemos que existe una conexión bidireccional entre el intestino y el cerebro, lo que significa que lo que comemos puede impactar directamente en cómo nos sentimos. “ El 90% de la serotonina circulante en el cuerpo es producida por neuronas intestinales, lo que demuestra que el intestino cumple un rol clave en la regulación del estado de ánimo. Esto ayuda a explicar por qué alteraciones en la microbiota pueden asociarse a síntomas como ansiedad, cambios en el ánimo o incluso trastornos depresivos ”, explica la Dra. Macarena Gálvez, psiquiatra de Grupo CETEP. ¿Cómo se comunican ambos órganos? Estos dos órganos están conectados de tres maneras diferentes: “ Por un lado, existe una conexión directa a través del sistema nervioso, que permite que el cerebro y el intestino intercambien señales constantemente. A esto se suman las hormonas, que actúan como mensajeros químicos y ayudan a regular funciones como el apetito, el estrés o el estado de ánimo. Además, el sistema inmune, gran parte del cual se encuentra en el intestino, también cumple un rol clave en esta relación, influyendo en procesos que pueden afectar cómo nos sentimos ”, comenta la Dra. Gálvez. En este contexto, la especialista explica que esta conexión también tiene que ver con cómo funciona nuestro cuerpo a nivel básico. El cerebro, aunque representa una pequeña parte del peso corporal, requiere una gran cantidad de energía para operar, y es el intestino el encargado de procesar los alimentos y transformarlos en el “combustible” que necesita todo el organismo. Esta relación no es en una sola dirección. Así como el cerebro influye en el funcionamiento del intestino, lo que ocurre en el sistema digestivo también impacta en cómo pensamos y sentimos. Por eso, muchas veces las emociones se manifiestan físicamente. Situaciones de estrés, nervios o ansiedad pueden generar molestias estomacales, sensación de “guata apretada” o cambios digestivos. Al mismo tiempo, cuando existe un desequilibrio intestinal, también pueden aparecer irritabilidad, cansancio o variaciones en el estado de ánimo. ¿Cómo cuidar el “segundo cerebro”? Si bien no existe una fórmula única, la especialista coincide en que la salud del intestino y su impacto en el bienestar emocional está profundamente ligada a los hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso, la actividad física y el manejo del estrés cumplen un rol clave en el equilibrio de la microbiota, un sistema que es altamente sensible a los cambios del día a día. En ese sentido, la Dra. Gálvez explica que “ más que soluciones rápidas, lo importante es la constancia. Una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras y fibra, junto con el consumo de alimentos fermentados, puede favorecer una microbiota más diversa y saludable, lo que también impacta en cómo nos sentimos ”. La especialista agrega que el descanso adecuado y la actividad física también son factores relevantes, ya que ayudan a regular procesos del organismo que influyen tanto en la salud digestiva como emocional. Al mismo tiempo, advierte que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, el estrés sostenido o la falta de sueño pueden alterar este equilibrio.“ Cada persona tiene una microbiota distinta, por lo que no hay una receta única. Pero sí sabemos que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una diferencia importante en el bienestar general ”, enfatiza. Aunque la evidencia sigue en desarrollo, el vínculo entre el intestino y el cerebro abre una nueva forma de entender la salud mental, en ese sentido, la psiquiatra de Cetep concluye que “ hoy sabemos que no se trata solo de lo que pasa en la mente. Es un sistema integrado, donde el cuerpo también cumple un rol fundamental en cómo nos sentimos ”.