Cuando las temperaturas suben, el cuerpo pide preparaciones livianas, hidratantes y fáciles de compartir. Las recetas frías aparecen entonces como aliadas naturales del verano, combinando frutas de estación, lácteos fermentados y preparaciones caseras que transforman cualquier momento en una pausa refrescante. El verano invita a vivir con menos apuro, a disfrutar de tardes largas, reuniones espontáneas y comidas que no requieran largas horas frente a la cocina. En ese contexto, las recetas frías se convierten en protagonistas: son prácticas, versátiles y permiten aprovechar ingredientes frescos sin perder sabor ni creatividad. Helados caseros, paletas de fruta, smoothies cremosos o postres fríos forman parte de una tendencia que privilegia lo simple y lo natural, ideal para compartir en familia o con amigos durante los días de calor. El rol de la conservación en la cocina de verano Para que estas preparaciones funcionen, la correcta c onservación de los alimentos es clave. Frutas, verduras y lácteos necesitan mantenerse frescos para asegurar sabor, textura y seguridad alimentaria. Las frutas y verduras de temporada son protagonistas indiscutidas del verano. Además de su sabor, aportan agua, vitaminas y minerales que ayudan a mantener el organismo liviano y bien hidratado. La sandía y el melón, con más de un 90% de contenido de agua, son ideales para consumir entre horas, como postre o incluso en preparaciones como sopas frías y ensaladas dulces. El pepino, fresco y crujiente, funciona perfecto en ensaladas, gazpachos o en agua saborizada con limón y menta. El tomate, por su parte, destaca por su versatilidad y su aporte de antioxidantes, siendo una base ideal para ensaladas, jugos o salsas frías. Lácteos fermentados y preparaciones ligeras El yogur y el kéfir también se posicionan como grandes aliados del verano. Su textura fresca, su fácil digestión y su aporte de probióticos los convierten en ingredientes ideales para smoothies, bowls fríos o postres rápidos, contribuyendo además al equilibrio de la microbiota intestinal. Combinados con frutas, semillas o un toque de miel, permiten crear preparaciones nutritivas y refrescantes en pocos minutos. Ideas simples para un verano helado Entre las opciones más populares para esta temporada destacan: Paletas de fruta natural, coloridas y fáciles de preparar. Smoothies fríos, ideales para comenzar el día o como pausa revitalizante. Helados caseros, perfectos para experimentar en familia. Postres fríos, pensados para cerrar almuerzos veraniegos con ligereza. Más que recetas complejas, se trata de dejarse llevar por combinaciones simples, aprovechando lo que ofrece la temporada y manteniendo siempre a mano ingredientes bien conservados.
Un grupo de senadores ingresó una moción que busca fortalecer la información nutricional a la que acceden los consumidores, estableciendo la obligación de que restaurantes y locales de comida informen de manera visible el contenido calórico de los platos que ofrecen al público. La iniciativa, impulsada por los senadores Sebastián Keitel, Francisco Chahuán e Iván Flores, propone modificar la Ley N° 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad, con el propósito de facilitar decisiones alimentarias informadas y contribuir a la prevención de la obesidad y de enfermedades crónicas asociadas a una mala alimentación. El proyecto se encuentra en su primer trámite constitucional y fue derivado a la Comisión de Salud del Senado, instancia que deberá analizar y discutir el alcance de la propuesta. La moción se sustenta en las alarmantes cifras de obesidad que registra Chile, que lidera los índices en Sudamérica tanto en población adulta como infantil. Según se señala en el texto legal (Boletín N° 18001-11), este escenario está estrechamente vinculado al alto consumo de alimentos ultraprocesados, lo que refuerza la necesidad de profundizar las políticas de prevención en salud pública. Si bien los autores reconocen el carácter pionero de la Ley N° 20.606, particularmente por la implementación de los sellos de advertencia nutricional, sostienen que la normativa puede perfeccionarse ampliando la información disponible al momento de consumir alimentos preparados fuera del hogar. Como referencia, el proyecto cita la regulación vigente en Estados Unidos, donde se exige el etiquetado calórico en los menús de restaurantes, así como la experiencia de la provincia de Ontario, en Canadá, que aplica una medida similar. La discusión se enmarca en un debate más amplio sobre el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud. En esa línea, en los últimos meses también se han presentado otras iniciativas legislativas, como un proyecto ingresado en diciembre que busca prohibir la publicidad, promoción y patrocinio de carnes procesadas en Chile. La propuesta apunta a proteger la salud pública, especialmente de niñas, niños y adolescentes, frente a la evidencia científica que vincula el consumo de estos productos con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Esta iniciativa se apoya en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que incluye a las carnes procesadas dentro del Grupo 1 de alimentos cancerígenos para humanos, categoría que agrupa productos con evidencia científica sólida sobre sus efectos nocivos. En este grupo se encuentran alimentos como jamón, salchichas, embutidos, tocino, nuggets, longanizas y fiambres.
Cuando las temperaturas suben, el cuerpo pide preparaciones livianas, hidratantes y fáciles de compartir. Las recetas frías aparecen entonces como aliadas naturales del verano, combinando frutas de estación, lácteos fermentados y preparaciones caseras que transforman cualquier momento en una pausa refrescante. El verano invita a vivir con menos apuro, a disfrutar de tardes largas, reuniones espontáneas y comidas que no requieran largas horas frente a la cocina. En ese contexto, las recetas frías se convierten en protagonistas: son prácticas, versátiles y permiten aprovechar ingredientes frescos sin perder sabor ni creatividad. Helados caseros, paletas de fruta, smoothies cremosos o postres fríos forman parte de una tendencia que privilegia lo simple y lo natural, ideal para compartir en familia o con amigos durante los días de calor. El rol de la conservación en la cocina de verano Para que estas preparaciones funcionen, la correcta c onservación de los alimentos es clave. Frutas, verduras y lácteos necesitan mantenerse frescos para asegurar sabor, textura y seguridad alimentaria. Las frutas y verduras de temporada son protagonistas indiscutidas del verano. Además de su sabor, aportan agua, vitaminas y minerales que ayudan a mantener el organismo liviano y bien hidratado. La sandía y el melón, con más de un 90% de contenido de agua, son ideales para consumir entre horas, como postre o incluso en preparaciones como sopas frías y ensaladas dulces. El pepino, fresco y crujiente, funciona perfecto en ensaladas, gazpachos o en agua saborizada con limón y menta. El tomate, por su parte, destaca por su versatilidad y su aporte de antioxidantes, siendo una base ideal para ensaladas, jugos o salsas frías. Lácteos fermentados y preparaciones ligeras El yogur y el kéfir también se posicionan como grandes aliados del verano. Su textura fresca, su fácil digestión y su aporte de probióticos los convierten en ingredientes ideales para smoothies, bowls fríos o postres rápidos, contribuyendo además al equilibrio de la microbiota intestinal. Combinados con frutas, semillas o un toque de miel, permiten crear preparaciones nutritivas y refrescantes en pocos minutos. Ideas simples para un verano helado Entre las opciones más populares para esta temporada destacan: Paletas de fruta natural, coloridas y fáciles de preparar. Smoothies fríos, ideales para comenzar el día o como pausa revitalizante. Helados caseros, perfectos para experimentar en familia. Postres fríos, pensados para cerrar almuerzos veraniegos con ligereza. Más que recetas complejas, se trata de dejarse llevar por combinaciones simples, aprovechando lo que ofrece la temporada y manteniendo siempre a mano ingredientes bien conservados.
Un grupo de senadores ingresó una moción que busca fortalecer la información nutricional a la que acceden los consumidores, estableciendo la obligación de que restaurantes y locales de comida informen de manera visible el contenido calórico de los platos que ofrecen al público. La iniciativa, impulsada por los senadores Sebastián Keitel, Francisco Chahuán e Iván Flores, propone modificar la Ley N° 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad, con el propósito de facilitar decisiones alimentarias informadas y contribuir a la prevención de la obesidad y de enfermedades crónicas asociadas a una mala alimentación. El proyecto se encuentra en su primer trámite constitucional y fue derivado a la Comisión de Salud del Senado, instancia que deberá analizar y discutir el alcance de la propuesta. La moción se sustenta en las alarmantes cifras de obesidad que registra Chile, que lidera los índices en Sudamérica tanto en población adulta como infantil. Según se señala en el texto legal (Boletín N° 18001-11), este escenario está estrechamente vinculado al alto consumo de alimentos ultraprocesados, lo que refuerza la necesidad de profundizar las políticas de prevención en salud pública. Si bien los autores reconocen el carácter pionero de la Ley N° 20.606, particularmente por la implementación de los sellos de advertencia nutricional, sostienen que la normativa puede perfeccionarse ampliando la información disponible al momento de consumir alimentos preparados fuera del hogar. Como referencia, el proyecto cita la regulación vigente en Estados Unidos, donde se exige el etiquetado calórico en los menús de restaurantes, así como la experiencia de la provincia de Ontario, en Canadá, que aplica una medida similar. La discusión se enmarca en un debate más amplio sobre el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud. En esa línea, en los últimos meses también se han presentado otras iniciativas legislativas, como un proyecto ingresado en diciembre que busca prohibir la publicidad, promoción y patrocinio de carnes procesadas en Chile. La propuesta apunta a proteger la salud pública, especialmente de niñas, niños y adolescentes, frente a la evidencia científica que vincula el consumo de estos productos con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Esta iniciativa se apoya en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que incluye a las carnes procesadas dentro del Grupo 1 de alimentos cancerígenos para humanos, categoría que agrupa productos con evidencia científica sólida sobre sus efectos nocivos. En este grupo se encuentran alimentos como jamón, salchichas, embutidos, tocino, nuggets, longanizas y fiambres.