WhatsApp prepara una nueva función pensada para las familias: las cuentas administradas por padres, madres o tutores, un sistema que permitirá que los menores utilicen la plataforma bajo supervisión. Tal y como ha explicado la compañía, el objetivo es ofrecer una experiencia más segura para los preadolescentes, limitando el uso a mensajes y llamadas y dando a los adultos herramientas para controlar la actividad. Según explica la propia empresa en su blog oficial, gracias a la colaboración de familias y expertos, la plataforma ha diseñado este nuevo sistema de cuentas gestionadas para adaptar la aplicación a usuarios más jóvenes y ofrecer más garantías de seguridad en su uso cotidiano. Cómo funcionarán las cuentas con control parental Las nuevas cuentas estarán disponibles para menores de 13 años o por debajo de la edad mínima establecida en cada país. Para activarlas, será necesario que el padre, madre o tutor configure el perfil desde su propio teléfono y el dispositivo del menor, vinculando ambas cuentas mediante un código QR. Una vez configurada la cuenta, los adultos podrán decidir quién puede comunicarse con el menor y a qué grupos puede unirse. También tendrán la posibilidad de revisar solicitudes de mensajes procedentes de contactos desconocidos y gestionar diferentes ajustes de privacidad. El sistema incluye además un PIN parental de seis dígitos que protege las configuraciones. Solo el adulto responsable podrá modificar los ajustes, lo que permite controlar la experiencia del menor sin que este pueda alterar las restricciones establecidas. A pesar de estos controles, la compañía insiste en que se mantiene una de las características clave de la plataforma: la privacidad. Tal y como señala WhatsApp, todas las conversaciones seguirán protegidas por cifrado de extremo a extremo, lo que significa que nadie —ni siquiera la propia empresa— puede leer o escuchar los mensajes. El objetivo de WhatsApp: supervisión sin romper la privacidad El modelo busca equilibrar dos aspectos que suelen generar debate: la seguridad infantil y el derecho a la privacidad. Los padres tendrán acceso a herramientas y estadísticas relacionadas con el uso de la aplicación, especialmente en lo que respecta a los grupos, pero no podrán ver el contenido de las conversaciones. Según la empresa, el objetivo es ofrecer más información y herramientas de supervisión sin comprometer la confidencialidad de los mensajes. La compañía espera además recoger la opinión de las familias durante los próximos meses, ya que el despliegue de las cuentas administradas será gradual. Un debate cada vez más presente La iniciativa llega en un momento en el que el uso de móviles y redes sociales por parte de menores genera un intenso debate internacional. Países como Australia han impulsado restricciones para limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, mientras que en España el Gobierno de Pedro Sánchez ha llevado al Congreso diferentes propuestas para regular el uso de plataformas digitales entre adolescentes. El objetivo de estas iniciativas es reducir los posibles efectos negativos de la exposición temprana a pantallas y redes sociales, especialmente en lo relacionado con la salud mental juvenil y la seguridad digital. Las cifras son innegables: según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías del Instituto Nacional de Estadística, casi el 68% de los niños españoles de entre 10 y 15 años utiliza teléfono móvil. En ese contexto, aplicaciones de mensajería como WhatsApp se han convertido en una de las principales herramientas de comunicación entre jóvenes. Un estudio sobre conectividad juvenil llevado a cabo por Qustodio indica que alrededor del 52% de los menores utiliza WhatsApp de forma activa, lo que la sitúa entre las plataformas más presentes en su día a día digital. Con la llegada de las cuentas supervisadas, WhatsApp apuesta por una fórmula intermedia: permitir el acceso a la plataforma, pero con controles que posibiliten a los padres establecer límites y supervisar la actividad. De este modo, la nueva herramienta pretende responder a una demanda creciente de las familias: ofrecer a los menores acceso a la tecnología, pero con mayor seguridad y acompañamiento.
El uso abusivo de las redes sociales está provocando unaepidemia de soledad en los jóvenes estadounidenses, según un estudio que afirma que, a mayor uso de estas plataformas, más propensos son los usuarios a sentirse solos, aislados y aumentar su riesgo de caer en una depresión. La revista Journal of American College Health presentó este lunes las conclusiones de una investigación basada en el análisis de encuestas realizadas a 64.988 jóvenes de entre 18 y 24 años de más de 120 universidades estadounidenses. Los investigadores, de las universidades norteamericanas de Cincinnati e Indiana, preguntaron a los estudiantes cuántas horas dedican a las redes sociales en una semana normal, al tiempo que investigaron el sentimiento de soledad preguntándoles con qué frecuencia se sentían excluidos, carecían de compañía o se consideraban aislados. El uso abusivo de las redes e internet se determinó en más 16 horas semanales, teniendo en cuenta la consideración que ya se había hecho en estudios previos. Los más propensos a sentir soledad El análisis de los resultados indica que a más uso de las redes, más solos confesaban sentirse los jóvenes. Así, quienes usan las redes al menos 30 horas a la semana, son un 38 % más propensos a declarar soledad frente a quienes las utilizan menos de 16 horas semanales. Entre 26 y 30 horas a la semana se asocian con un 34 % más de riesgo de padecer soledad; entre 21 y 25 horas con un 23% más; entre 16 y 20 horas con un 19% más; y al menos 16 horas semanales con un 13% más respecto a quienes no llegan a ese umbral de uso. De los 64.988 jóvenes encuestados, el 54% decía sentir soledad, lo que coincide con otras investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos. Las estudiantes mujeres y de etnia negra son las que afirman sentir más aislamiento y exclusión. Curiosamente, los estudiantes que cursan sus carreras de forma híbrida (mitad presencial y mitad conectados) dicen sentirse menos solos, lo que los autores atribuyen al hecho de que tienen más tiempo para ver a sus antiguos amigos. Además, quienes viven en un campus son menos propensos a sentirse solos que los que están en casa, lo que los investigadores achacan a la posibilidad de tener más contacto social en persona, a través de la convivencia, de la asistencia a reuniones y/o fiestas. Establecer límites Sabemos que las personas que se sienten solas son más propensas a sufrir depresión, y tienen más riesgo de morir prematuramente, señala una de las autoras, Madelyn Hill, actualmente en la Universidad de Ohio. Estos resultados subrayan lo extendida que está la soledad entre los estudiantes universitarios y ponen de relieve que el uso excesivo de las redes sociales puede estar sustituyendo interacciones personales significativas que protegen su salud mental, señala otra de las autoras, Ashley Merianos, de la Universidad de Cincinnati, en un comunicado. Una estrategia clave de salud pública para combatir esta epidemia de soledad es fortalecer las conexiones sociales y ayudar a los estudiantes a construir relaciones de apoyo con sus compañeros más allá de internet, apunta Merianos. Los autores consideran que los jóvenes deberían recibir más información sobre los potenciales efectos nocivos del uso de las redes sociales, y las instituciones educativas deberían animarles a establecer límites de tiempo para su uso.
En la cancha de calle Ferrocarril, con patines ajustados, rodilleras y mucha concentración, 41 niñas se reúnen cada semana para entrenar patinaje artístico como parte del Club Munay de Mejillones. Lo que comenzó hace dos años como una academia para aprender desde cero, hoy se ha transformado en un verdadero semillero de talento que ya suma medallas nacionales y representa con orgullo a la comuna. El desarrollo del patinaje artístico en Mejillones se ha construido de manera colaborativa, con el apoyo de la Corporación Municipal de Deportes y Recreación de Mejillones, Puerto Angamos y el compromiso permanente de las familias y de Club Munay, presidido por Asunción Castillo, madre de dos patinadoras. “Ellas siempre tuvieron la inquietud de aprender a patinar, buscaban talleres, querían hacer deporte. Empezaron desde cero y ahora se ven los resultados”, cuenta. “Ha sido un muy buen año, llegó un grupo nuevo que nos ha motivado mucho y estamos felices por lo que han aprendido las niñas”. Ese trabajo constante dio frutos recientemente en el campeonato nacional “Liga del Pacífico”, donde tres deportistas del club obtuvieron los primeros lugares de la categoría Minis Principiante: Sofía Navea, Gabriela Navea y Amara Loy. En la categoría Inicial, Emma Escalona logró el tercer lugar. Resultados que reflejan no solo el talento, sino también el compromiso y la constancia de cada entrenamiento. El Club Munay nació a partir de un llamado público que invitó a niñas de la comuna a sumarse a este deporte emergente, marcando el inicio de un proceso que hoy sigue creciendo. En ese primer encuentro llegaron 21 niñas. “Estaban todas muy motivadas, se esforzaron mucho en aprender y después nos motivaron a ir a los torneos. Nosotros nunca habíamos salido a competir fuera”, recuerda Asunción. Con el tiempo, la academia fue creciendo y tomó forma como club deportivo bajo el nombre Munay, palabra quechua que significa “amor”, consolidando una estructura que permitió representar oficialmente a Mejillones en competencias. En mayo de 2024 viajaron a Copiapó para participar en su primer torneo fuera de la comuna, una experiencia que marcó un antes y un después para las niñas y sus familias, que pudieron conocer cómo trabajan otros clubes y el rol que cumplen los apoderados en la formación deportiva. Hoy, con el apoyo de Puerto Angamos y la Corporación Municipal de Deportes y Recreación de Mejillones, las patinadoras pueden entrenar, contar con sus patines y viajar a competir, haciendo posible que el patinaje artístico sea una oportunidad real para ellas y sus familias. “A través del deporte se adquieren distintas herramientas para el futuro, como disciplina, trabajo en equipo y hábitos de vida saludable. El éxito que ha cosechado Club Munay no sólo nos llena de orgullo, sino que nos insta a continuar aportando a que las nuevas generaciones se desarrollen de manera integral a través de las disciplinas deportivas”, explica Carlos Kulenkampff, gerente general de Puerto Angamos. El desafío ahora es seguir creciendo. “Se nos viene con todo este año. Queremos realizar un Open en Mejillones para que la comunidad conozca más del patinaje artístico. Gracias al trabajo que se ha hecho, las niñas han podido recibir muy buenas clases y llegar al nivel en que están ahora”, dice Asunción Castillo.
La tecnológica OpenAI negó ser responsable del suicidio de un joven de 16 años que se quitó la vida tras interactuar con ChatGPT durante meses, y atribuyó la tragedia a unuso indebido de la herramienta. Las lesiones y daños alegados por los demandantes fueron causados o contribuidos (...) por uso indebido, no autorizado, imprevisible e inapropiado de ChatGPT por parte de Adam Raine, argumenta OpenAI en un documento presentado esta semana ante el Tribunal Superior de California en San Francisco, según NBC News. La compañía respondió así a la demanda interpuesta el pasado agosto por los padres del fallecido, Matt y Maria Raine, en la que afirman que ChatGPTayudó activamente a Adam a explorar métodos de suicidio. Los Raine creen que tanto OpenAI como su propietario, Sam Altman, son responsables de la muerte del adolescente, al supuestamente apresurarse a comercializar la versión del chat GPT-4o, pese a problemas de seguridad. Sin embargo, según OpenAI, Raine violó varias reglas de los términos de la aplicación, como la prohibición de su uso para menores de 18 años sin consentimiento de sus padres o tutores legales, informa NBC. La tecnológica también sostiene que la herramienta advierte a sus usuarios queno deben confiar en sus respuestas como única fuente de verdad, y asegura que, en sus conversaciones, ChatGPT insistió más de cien veces a Raine en que buscara ayuda. OpenAI, convertido en los últimos años en uno de los gigantes estadounidenses de la IA, reitera así que el suicidio de Adam derivó de su rechazo aatender advertencias y buscar ayuda, así como de la falta de respuesta de otros a sus signos evidentes de angustia. En una entrada en su página web, la tecnológica destaca que su respuesta a la demanda de los Raine incluye hechos difíciles sobre la salud mental de Adam y sus circunstancias de vida. La demanda original incluía fragmentos selectivos de sus conversaciones que requieren más contexto, el cual hemos aportado en nuestra respuesta, agrega.
Durante años, los titulares alarmistas han advertido sobre los efectos negativos de las redes sociales en la salud mental. Desde Instagram hasta TikTok, se han señalado como responsables de aumentar la ansiedad, la depresión y de generar una dependencia digital que erosiona el bienestar emocional, especialmente en adolescentes. Pero ¿y si parte de esa narrativa estuviera basada en una idea incompleta? Un nuevo estudio publicado en la revista Behavior Genetics ofrece una visión más matizada —y sorprendente— de esta cuestión. Usando datos del Netherlands Twin Register, una base de datos con décadas de seguimiento a gemelos en los Países Bajos, los investigadores analizaron a 6.492 personas entre los 16 y los 89 años. ¿El objetivo? Desenredar los vínculos reales entre el uso de redes sociales, la salud mental y, lo más importante, los factores genéticos que podrían estar en juego. Y lo que encontraron podría cambiar la conversación. Ni tan malo, ni tan bueno: una historia genética El estudio revela que el vínculo entre el uso de redes sociales y el bienestar psicológico es pequeño. En muchos casos, tan pequeño que roza lo insignificante desde el punto de vista estadístico. Pero lo verdaderamente revelador es que esas pequeñas asociaciones están, en gran medida, determinadas por factores genéticos compartidos. Es decir, no es que las redes sociales causen directamente ansiedad o depresión en todos los usuarios. Más bien, las mismas predisposiciones genéticas que pueden llevar a una persona a sentirse menos feliz o más ansiosa también podrían influir en cómo —y cuánto— utiliza las redes sociales. Este hallazgo rompe con la idea simplista de que las plataformas digitales son inherentemente tóxicas. Según los resultados, hasta un 72% de las diferencias individuales en el tiempo que pasamos en redes sociales podría explicarse por la genética. En lugar de demonizar TikTok o Instagram como si tuvieran un efecto uniforme sobre todos los usuarios, el estudio apunta hacia una interpretación más personalizada del impacto digital. No todos usamos las redes del mismo modo Los investigadores también identificaron patrones interesantes según los niveles de bienestar de los participantes. Aquellos con mayores niveles de satisfacción vital y una sensación de florecimiento —una medida que incluye propósito, relaciones positivas y desarrollo personal— tendían a usar más plataformas, pero lo hacían de forma pasiva: navegaban, observaban, leían. Por el contrario, quienes reportaban un menor bienestar psicológico eran más propensos a publicar con mayor frecuencia, pero lo hacían en un número más reducido de plataformas. Este contraste entre uso pasivo y activo podría ofrecer pistas sobre cómo cada persona busca, o evita, conexión social online. Paradójicamente, uno de los resultados más curiosos fue que el “florecimiento” estaba positivamente relacionado con un mayor uso de redes sociales. Es decir, algunas personas con buena salud mental parecen disfrutar —e incluso beneficiarse— de su tiempo en línea. Por qué usar gemelos lo cambia todo Este no es un estudio cualquiera. El uso de gemelos idénticos (que comparten el 100% de sus genes) y gemelos fraternos (que comparten alrededor del 50%) permite a los investigadores estimar con precisión cuánto de una conducta está influenciada por la genética, el ambiente compartido (como el hogar familiar) o el ambiente individual (como experiencias únicas). En este caso, al comparar cómo se relacionaban el uso de redes sociales y el bienestar entre diferentes pares de gemelos, se encontró que las similitudes estaban fuertemente ligadas a los genes . Esto no solo refuerza la idea de que existe un componente biológico en cómo usamos la tecnología, sino que también invita a repensar cómo diseñamos políticas, intervenciones o incluso límites parentales. ¿Restringir el acceso a redes? Tal vez no sea la solución En tiempos donde países y escuelas implementan restricciones al uso de móviles y redes sociales entre jóvenes, este estudio sugiere que prohibir o limitar el acceso no es una solución mágica. No todas las personas son igualmente vulnerables a los efectos negativos del uso digital, ni todas las formas de uso son iguales. De hecho, el problema puede no estar en la herramienta, sino en el usuario. O más precisamente, en la combinación única de genes, contexto vital y salud mental de cada persona. Esto refuerza la necesidad de estrategias personalizadas que tengan en cuenta los matices del comportamiento humano, y no solo estadísticas globales. ¿Qué significa esto para ti? No, tus horas en Instagram probablemente no estén pudriendo tu cerebro, como aseguran algunos titulares. Pero tampoco significa que sean inofensivas. Este estudio no exonera a las redes sociales, sino que añade una capa de complejidad. Los efectos existen, pero no son iguales para todos, y no surgen en el vacío. Dependen de quién eres, de tu genética, de tus experiencias y del modo en que interactúas con el entorno digital. Quizás la verdadera clave no esté en desconectarnos del mundo digital, sino en entender mejor cómo nos conectamos con él. Y, sobre todo, en dejar de buscar culpables universales para problemas profundamente individuales.
WhatsApp prepara una nueva función pensada para las familias: las cuentas administradas por padres, madres o tutores, un sistema que permitirá que los menores utilicen la plataforma bajo supervisión. Tal y como ha explicado la compañía, el objetivo es ofrecer una experiencia más segura para los preadolescentes, limitando el uso a mensajes y llamadas y dando a los adultos herramientas para controlar la actividad. Según explica la propia empresa en su blog oficial, gracias a la colaboración de familias y expertos, la plataforma ha diseñado este nuevo sistema de cuentas gestionadas para adaptar la aplicación a usuarios más jóvenes y ofrecer más garantías de seguridad en su uso cotidiano. Cómo funcionarán las cuentas con control parental Las nuevas cuentas estarán disponibles para menores de 13 años o por debajo de la edad mínima establecida en cada país. Para activarlas, será necesario que el padre, madre o tutor configure el perfil desde su propio teléfono y el dispositivo del menor, vinculando ambas cuentas mediante un código QR. Una vez configurada la cuenta, los adultos podrán decidir quién puede comunicarse con el menor y a qué grupos puede unirse. También tendrán la posibilidad de revisar solicitudes de mensajes procedentes de contactos desconocidos y gestionar diferentes ajustes de privacidad. El sistema incluye además un PIN parental de seis dígitos que protege las configuraciones. Solo el adulto responsable podrá modificar los ajustes, lo que permite controlar la experiencia del menor sin que este pueda alterar las restricciones establecidas. A pesar de estos controles, la compañía insiste en que se mantiene una de las características clave de la plataforma: la privacidad. Tal y como señala WhatsApp, todas las conversaciones seguirán protegidas por cifrado de extremo a extremo, lo que significa que nadie —ni siquiera la propia empresa— puede leer o escuchar los mensajes. El objetivo de WhatsApp: supervisión sin romper la privacidad El modelo busca equilibrar dos aspectos que suelen generar debate: la seguridad infantil y el derecho a la privacidad. Los padres tendrán acceso a herramientas y estadísticas relacionadas con el uso de la aplicación, especialmente en lo que respecta a los grupos, pero no podrán ver el contenido de las conversaciones. Según la empresa, el objetivo es ofrecer más información y herramientas de supervisión sin comprometer la confidencialidad de los mensajes. La compañía espera además recoger la opinión de las familias durante los próximos meses, ya que el despliegue de las cuentas administradas será gradual. Un debate cada vez más presente La iniciativa llega en un momento en el que el uso de móviles y redes sociales por parte de menores genera un intenso debate internacional. Países como Australia han impulsado restricciones para limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, mientras que en España el Gobierno de Pedro Sánchez ha llevado al Congreso diferentes propuestas para regular el uso de plataformas digitales entre adolescentes. El objetivo de estas iniciativas es reducir los posibles efectos negativos de la exposición temprana a pantallas y redes sociales, especialmente en lo relacionado con la salud mental juvenil y la seguridad digital. Las cifras son innegables: según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías del Instituto Nacional de Estadística, casi el 68% de los niños españoles de entre 10 y 15 años utiliza teléfono móvil. En ese contexto, aplicaciones de mensajería como WhatsApp se han convertido en una de las principales herramientas de comunicación entre jóvenes. Un estudio sobre conectividad juvenil llevado a cabo por Qustodio indica que alrededor del 52% de los menores utiliza WhatsApp de forma activa, lo que la sitúa entre las plataformas más presentes en su día a día digital. Con la llegada de las cuentas supervisadas, WhatsApp apuesta por una fórmula intermedia: permitir el acceso a la plataforma, pero con controles que posibiliten a los padres establecer límites y supervisar la actividad. De este modo, la nueva herramienta pretende responder a una demanda creciente de las familias: ofrecer a los menores acceso a la tecnología, pero con mayor seguridad y acompañamiento.
El uso abusivo de las redes sociales está provocando unaepidemia de soledad en los jóvenes estadounidenses, según un estudio que afirma que, a mayor uso de estas plataformas, más propensos son los usuarios a sentirse solos, aislados y aumentar su riesgo de caer en una depresión. La revista Journal of American College Health presentó este lunes las conclusiones de una investigación basada en el análisis de encuestas realizadas a 64.988 jóvenes de entre 18 y 24 años de más de 120 universidades estadounidenses. Los investigadores, de las universidades norteamericanas de Cincinnati e Indiana, preguntaron a los estudiantes cuántas horas dedican a las redes sociales en una semana normal, al tiempo que investigaron el sentimiento de soledad preguntándoles con qué frecuencia se sentían excluidos, carecían de compañía o se consideraban aislados. El uso abusivo de las redes e internet se determinó en más 16 horas semanales, teniendo en cuenta la consideración que ya se había hecho en estudios previos. Los más propensos a sentir soledad El análisis de los resultados indica que a más uso de las redes, más solos confesaban sentirse los jóvenes. Así, quienes usan las redes al menos 30 horas a la semana, son un 38 % más propensos a declarar soledad frente a quienes las utilizan menos de 16 horas semanales. Entre 26 y 30 horas a la semana se asocian con un 34 % más de riesgo de padecer soledad; entre 21 y 25 horas con un 23% más; entre 16 y 20 horas con un 19% más; y al menos 16 horas semanales con un 13% más respecto a quienes no llegan a ese umbral de uso. De los 64.988 jóvenes encuestados, el 54% decía sentir soledad, lo que coincide con otras investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos. Las estudiantes mujeres y de etnia negra son las que afirman sentir más aislamiento y exclusión. Curiosamente, los estudiantes que cursan sus carreras de forma híbrida (mitad presencial y mitad conectados) dicen sentirse menos solos, lo que los autores atribuyen al hecho de que tienen más tiempo para ver a sus antiguos amigos. Además, quienes viven en un campus son menos propensos a sentirse solos que los que están en casa, lo que los investigadores achacan a la posibilidad de tener más contacto social en persona, a través de la convivencia, de la asistencia a reuniones y/o fiestas. Establecer límites Sabemos que las personas que se sienten solas son más propensas a sufrir depresión, y tienen más riesgo de morir prematuramente, señala una de las autoras, Madelyn Hill, actualmente en la Universidad de Ohio. Estos resultados subrayan lo extendida que está la soledad entre los estudiantes universitarios y ponen de relieve que el uso excesivo de las redes sociales puede estar sustituyendo interacciones personales significativas que protegen su salud mental, señala otra de las autoras, Ashley Merianos, de la Universidad de Cincinnati, en un comunicado. Una estrategia clave de salud pública para combatir esta epidemia de soledad es fortalecer las conexiones sociales y ayudar a los estudiantes a construir relaciones de apoyo con sus compañeros más allá de internet, apunta Merianos. Los autores consideran que los jóvenes deberían recibir más información sobre los potenciales efectos nocivos del uso de las redes sociales, y las instituciones educativas deberían animarles a establecer límites de tiempo para su uso.
En la cancha de calle Ferrocarril, con patines ajustados, rodilleras y mucha concentración, 41 niñas se reúnen cada semana para entrenar patinaje artístico como parte del Club Munay de Mejillones. Lo que comenzó hace dos años como una academia para aprender desde cero, hoy se ha transformado en un verdadero semillero de talento que ya suma medallas nacionales y representa con orgullo a la comuna. El desarrollo del patinaje artístico en Mejillones se ha construido de manera colaborativa, con el apoyo de la Corporación Municipal de Deportes y Recreación de Mejillones, Puerto Angamos y el compromiso permanente de las familias y de Club Munay, presidido por Asunción Castillo, madre de dos patinadoras. “Ellas siempre tuvieron la inquietud de aprender a patinar, buscaban talleres, querían hacer deporte. Empezaron desde cero y ahora se ven los resultados”, cuenta. “Ha sido un muy buen año, llegó un grupo nuevo que nos ha motivado mucho y estamos felices por lo que han aprendido las niñas”. Ese trabajo constante dio frutos recientemente en el campeonato nacional “Liga del Pacífico”, donde tres deportistas del club obtuvieron los primeros lugares de la categoría Minis Principiante: Sofía Navea, Gabriela Navea y Amara Loy. En la categoría Inicial, Emma Escalona logró el tercer lugar. Resultados que reflejan no solo el talento, sino también el compromiso y la constancia de cada entrenamiento. El Club Munay nació a partir de un llamado público que invitó a niñas de la comuna a sumarse a este deporte emergente, marcando el inicio de un proceso que hoy sigue creciendo. En ese primer encuentro llegaron 21 niñas. “Estaban todas muy motivadas, se esforzaron mucho en aprender y después nos motivaron a ir a los torneos. Nosotros nunca habíamos salido a competir fuera”, recuerda Asunción. Con el tiempo, la academia fue creciendo y tomó forma como club deportivo bajo el nombre Munay, palabra quechua que significa “amor”, consolidando una estructura que permitió representar oficialmente a Mejillones en competencias. En mayo de 2024 viajaron a Copiapó para participar en su primer torneo fuera de la comuna, una experiencia que marcó un antes y un después para las niñas y sus familias, que pudieron conocer cómo trabajan otros clubes y el rol que cumplen los apoderados en la formación deportiva. Hoy, con el apoyo de Puerto Angamos y la Corporación Municipal de Deportes y Recreación de Mejillones, las patinadoras pueden entrenar, contar con sus patines y viajar a competir, haciendo posible que el patinaje artístico sea una oportunidad real para ellas y sus familias. “A través del deporte se adquieren distintas herramientas para el futuro, como disciplina, trabajo en equipo y hábitos de vida saludable. El éxito que ha cosechado Club Munay no sólo nos llena de orgullo, sino que nos insta a continuar aportando a que las nuevas generaciones se desarrollen de manera integral a través de las disciplinas deportivas”, explica Carlos Kulenkampff, gerente general de Puerto Angamos. El desafío ahora es seguir creciendo. “Se nos viene con todo este año. Queremos realizar un Open en Mejillones para que la comunidad conozca más del patinaje artístico. Gracias al trabajo que se ha hecho, las niñas han podido recibir muy buenas clases y llegar al nivel en que están ahora”, dice Asunción Castillo.
La tecnológica OpenAI negó ser responsable del suicidio de un joven de 16 años que se quitó la vida tras interactuar con ChatGPT durante meses, y atribuyó la tragedia a unuso indebido de la herramienta. Las lesiones y daños alegados por los demandantes fueron causados o contribuidos (...) por uso indebido, no autorizado, imprevisible e inapropiado de ChatGPT por parte de Adam Raine, argumenta OpenAI en un documento presentado esta semana ante el Tribunal Superior de California en San Francisco, según NBC News. La compañía respondió así a la demanda interpuesta el pasado agosto por los padres del fallecido, Matt y Maria Raine, en la que afirman que ChatGPTayudó activamente a Adam a explorar métodos de suicidio. Los Raine creen que tanto OpenAI como su propietario, Sam Altman, son responsables de la muerte del adolescente, al supuestamente apresurarse a comercializar la versión del chat GPT-4o, pese a problemas de seguridad. Sin embargo, según OpenAI, Raine violó varias reglas de los términos de la aplicación, como la prohibición de su uso para menores de 18 años sin consentimiento de sus padres o tutores legales, informa NBC. La tecnológica también sostiene que la herramienta advierte a sus usuarios queno deben confiar en sus respuestas como única fuente de verdad, y asegura que, en sus conversaciones, ChatGPT insistió más de cien veces a Raine en que buscara ayuda. OpenAI, convertido en los últimos años en uno de los gigantes estadounidenses de la IA, reitera así que el suicidio de Adam derivó de su rechazo aatender advertencias y buscar ayuda, así como de la falta de respuesta de otros a sus signos evidentes de angustia. En una entrada en su página web, la tecnológica destaca que su respuesta a la demanda de los Raine incluye hechos difíciles sobre la salud mental de Adam y sus circunstancias de vida. La demanda original incluía fragmentos selectivos de sus conversaciones que requieren más contexto, el cual hemos aportado en nuestra respuesta, agrega.
Durante años, los titulares alarmistas han advertido sobre los efectos negativos de las redes sociales en la salud mental. Desde Instagram hasta TikTok, se han señalado como responsables de aumentar la ansiedad, la depresión y de generar una dependencia digital que erosiona el bienestar emocional, especialmente en adolescentes. Pero ¿y si parte de esa narrativa estuviera basada en una idea incompleta? Un nuevo estudio publicado en la revista Behavior Genetics ofrece una visión más matizada —y sorprendente— de esta cuestión. Usando datos del Netherlands Twin Register, una base de datos con décadas de seguimiento a gemelos en los Países Bajos, los investigadores analizaron a 6.492 personas entre los 16 y los 89 años. ¿El objetivo? Desenredar los vínculos reales entre el uso de redes sociales, la salud mental y, lo más importante, los factores genéticos que podrían estar en juego. Y lo que encontraron podría cambiar la conversación. Ni tan malo, ni tan bueno: una historia genética El estudio revela que el vínculo entre el uso de redes sociales y el bienestar psicológico es pequeño. En muchos casos, tan pequeño que roza lo insignificante desde el punto de vista estadístico. Pero lo verdaderamente revelador es que esas pequeñas asociaciones están, en gran medida, determinadas por factores genéticos compartidos. Es decir, no es que las redes sociales causen directamente ansiedad o depresión en todos los usuarios. Más bien, las mismas predisposiciones genéticas que pueden llevar a una persona a sentirse menos feliz o más ansiosa también podrían influir en cómo —y cuánto— utiliza las redes sociales. Este hallazgo rompe con la idea simplista de que las plataformas digitales son inherentemente tóxicas. Según los resultados, hasta un 72% de las diferencias individuales en el tiempo que pasamos en redes sociales podría explicarse por la genética. En lugar de demonizar TikTok o Instagram como si tuvieran un efecto uniforme sobre todos los usuarios, el estudio apunta hacia una interpretación más personalizada del impacto digital. No todos usamos las redes del mismo modo Los investigadores también identificaron patrones interesantes según los niveles de bienestar de los participantes. Aquellos con mayores niveles de satisfacción vital y una sensación de florecimiento —una medida que incluye propósito, relaciones positivas y desarrollo personal— tendían a usar más plataformas, pero lo hacían de forma pasiva: navegaban, observaban, leían. Por el contrario, quienes reportaban un menor bienestar psicológico eran más propensos a publicar con mayor frecuencia, pero lo hacían en un número más reducido de plataformas. Este contraste entre uso pasivo y activo podría ofrecer pistas sobre cómo cada persona busca, o evita, conexión social online. Paradójicamente, uno de los resultados más curiosos fue que el “florecimiento” estaba positivamente relacionado con un mayor uso de redes sociales. Es decir, algunas personas con buena salud mental parecen disfrutar —e incluso beneficiarse— de su tiempo en línea. Por qué usar gemelos lo cambia todo Este no es un estudio cualquiera. El uso de gemelos idénticos (que comparten el 100% de sus genes) y gemelos fraternos (que comparten alrededor del 50%) permite a los investigadores estimar con precisión cuánto de una conducta está influenciada por la genética, el ambiente compartido (como el hogar familiar) o el ambiente individual (como experiencias únicas). En este caso, al comparar cómo se relacionaban el uso de redes sociales y el bienestar entre diferentes pares de gemelos, se encontró que las similitudes estaban fuertemente ligadas a los genes . Esto no solo refuerza la idea de que existe un componente biológico en cómo usamos la tecnología, sino que también invita a repensar cómo diseñamos políticas, intervenciones o incluso límites parentales. ¿Restringir el acceso a redes? Tal vez no sea la solución En tiempos donde países y escuelas implementan restricciones al uso de móviles y redes sociales entre jóvenes, este estudio sugiere que prohibir o limitar el acceso no es una solución mágica. No todas las personas son igualmente vulnerables a los efectos negativos del uso digital, ni todas las formas de uso son iguales. De hecho, el problema puede no estar en la herramienta, sino en el usuario. O más precisamente, en la combinación única de genes, contexto vital y salud mental de cada persona. Esto refuerza la necesidad de estrategias personalizadas que tengan en cuenta los matices del comportamiento humano, y no solo estadísticas globales. ¿Qué significa esto para ti? No, tus horas en Instagram probablemente no estén pudriendo tu cerebro, como aseguran algunos titulares. Pero tampoco significa que sean inofensivas. Este estudio no exonera a las redes sociales, sino que añade una capa de complejidad. Los efectos existen, pero no son iguales para todos, y no surgen en el vacío. Dependen de quién eres, de tu genética, de tus experiencias y del modo en que interactúas con el entorno digital. Quizás la verdadera clave no esté en desconectarnos del mundo digital, sino en entender mejor cómo nos conectamos con él. Y, sobre todo, en dejar de buscar culpables universales para problemas profundamente individuales.