La recién promulgada Ley Escuelas Protegidas permitirá a los establecimientos educativos llevar a cabo la revisión de mochilas y pertenencias bajo protocolos específicos. Sin embargo, como señala el texto, detectar un objeto peligroso no necesariamente permite conocer el conflicto, el acoso o el malestar emocional que pudo anteceder a su ingreso. La promulgación de esta ley ha reavivado el debate sobre la revisión de mochilas como medida para abordar la violencia escolar. La normativa establece que los colegios podrán implementar este procedimiento en sus reglamentos internos, siempre y cuando sea realizado por personal capacitado y respetando la privacidad, la honra, la igualdad y el debido proceso de los estudiantes. Esta medida responde a un contexto preocupante. Según datos entregados por el Ejecutivo, durante 2025 se registraron 893 delitos por porte de armas en instituciones educativas, mientras que las denuncias por maltrato contra adultos ante la Superintendencia de Educación aumentaron un 58% entre 2023 y 2025. A pesar de que la revisión puede ayudar a evitar la entrada de armas u otros elementos peligrosos, surge la interrogante sobre si es suficiente para prevenir episodios de violencia o si actúa una vez que el conflicto ya está en una etapa crítica. En palabras de Rodrigo Torres, especialista en educación y Co-Founder de MÜUD, plataforma de bienestar socioemocional, La revisión de mochilas puede ser una medida de seguridad necesaria en determinados contextos, pero no podemos confundir control con prevención. Es fundamental complementar los controles físicos con mecanismos que permitan detectar lo que sucede dentro de la comunidad escolar antes de que surja una amenaza o crisis. Entre las medidas sugeridas se encuentran: Observar cambios persistentes en el comportamiento de los estudiantes. Prestar atención a señales como aislamiento repentino o expresiones de miedo. Generar espacios para que los estudiantes puedan expresar sus emociones. Uno de los riesgos al enfocarse únicamente en la fiscalización es crear un ambiente de vigilancia sin fortalecer la confianza entre estudiantes y adultos. Por lo tanto, además de seguir los protocolos establecidos, es crucial comunicar claramente el motivo y las circunstancias bajo las cuales se realizará una revisión, quién estará a cargo y cuáles son los derechos de los estudiantes. En resumen, la seguridad escolar va más allá de evitar que objetos peligrosos ingresen al entorno educativo. Es necesario crear un ambiente donde los estudiantes se sientan seguros para comunicarse y pedir ayuda. Detectar las señales tempranas y brindar apoyo emocional son clave para prevenir situaciones críticas en las escuelas. Fuente: Publimetro
La recién promulgada Ley Escuelas Protegidas permitirá a los establecimientos educativos llevar a cabo la revisión de mochilas y pertenencias bajo protocolos específicos. Sin embargo, como señala el texto, detectar un objeto peligroso no necesariamente permite conocer el conflicto, el acoso o el malestar emocional que pudo anteceder a su ingreso. La promulgación de esta ley ha reavivado el debate sobre la revisión de mochilas como medida para abordar la violencia escolar. La normativa establece que los colegios podrán implementar este procedimiento en sus reglamentos internos, siempre y cuando sea realizado por personal capacitado y respetando la privacidad, la honra, la igualdad y el debido proceso de los estudiantes. Esta medida responde a un contexto preocupante. Según datos entregados por el Ejecutivo, durante 2025 se registraron 893 delitos por porte de armas en instituciones educativas, mientras que las denuncias por maltrato contra adultos ante la Superintendencia de Educación aumentaron un 58% entre 2023 y 2025. A pesar de que la revisión puede ayudar a evitar la entrada de armas u otros elementos peligrosos, surge la interrogante sobre si es suficiente para prevenir episodios de violencia o si actúa una vez que el conflicto ya está en una etapa crítica. En palabras de Rodrigo Torres, especialista en educación y Co-Founder de MÜUD, plataforma de bienestar socioemocional, La revisión de mochilas puede ser una medida de seguridad necesaria en determinados contextos, pero no podemos confundir control con prevención. Es fundamental complementar los controles físicos con mecanismos que permitan detectar lo que sucede dentro de la comunidad escolar antes de que surja una amenaza o crisis. Entre las medidas sugeridas se encuentran: Observar cambios persistentes en el comportamiento de los estudiantes. Prestar atención a señales como aislamiento repentino o expresiones de miedo. Generar espacios para que los estudiantes puedan expresar sus emociones. Uno de los riesgos al enfocarse únicamente en la fiscalización es crear un ambiente de vigilancia sin fortalecer la confianza entre estudiantes y adultos. Por lo tanto, además de seguir los protocolos establecidos, es crucial comunicar claramente el motivo y las circunstancias bajo las cuales se realizará una revisión, quién estará a cargo y cuáles son los derechos de los estudiantes. En resumen, la seguridad escolar va más allá de evitar que objetos peligrosos ingresen al entorno educativo. Es necesario crear un ambiente donde los estudiantes se sientan seguros para comunicarse y pedir ayuda. Detectar las señales tempranas y brindar apoyo emocional son clave para prevenir situaciones críticas en las escuelas. Fuente: Publimetro