La NASA ha identificado un nuevo cráter en la superficie de la Luna que se formó entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024, cuando un asteroide o cometa de entre tres y seis pisos de altura impactó contra el satélite natural. Este descubrimiento fue posible gracias a las imágenes capturadas por la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) y representa el mayor cráter recién formado identificado en el sistema solar. El cráter, conocido como McGetchin en honor al científico lunar Tom McGetchin, tiene aproximadamente 222 metros de diámetro y alcanza una profundidad de 43 metros. El impacto generó una zona alterada mucho más extensa que el propio cráter al expulsar material sobre la superficie lunar. Según los científicos, eventos de esta magnitud ocurren en la Luna aproximadamente una vez cada siglo o incluso con menor frecuencia. Además, el impacto dejó una zona de unos 6,4 kilómetros de ancho que es unos 8,9 °C más fría durante la noche que el terreno circundante. Esto se debe a que el choque removió y esponjó el regolito lunar, reduciendo su capacidad para conservar el calor. Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de Intuitive Machines que trabaja con datos del Lunar Reconnaissance Orbiter, comentó: “Fue, con mucho, el patrón de escombros de impacto más evidente que he visto en una de estas imágenes”. Este hallazgo demuestra que los impactos pueden modificar la superficie lunar mucho más allá del cráter y proporciona información valiosa para comprender un entorno que será explorado cada vez más por misiones científicas y humanas. Para obtener más detalles sobre este descubrimiento, puedes visitar este enlace. Fuente: Publimetro
La histórica misión Artemis II dejó una de esas coincidencias que parecen escritas para los fanáticos del rock: el tiempo que los astronautas permanecieron incomunicados al pasar por el lado oscuro de la Luna prácticamente coincide con la duración del legendario álbum The Dark Side of the Moon. Durante ese tramo del viaje, la nave quedó sin contacto con la Tierra por un período estimado entre 40 y 50 minutos, un fenómeno esperado debido a que la Luna bloquea las comunicaciones. Lo llamativo es que el disco de Pink Floyd dura exactamente 42 minutos y 50 segundos, casi el mismo tiempo que dura ese “apagón” espacial. Algunas estimaciones incluso sitúan el paso por ese sector en unos 42-43 minutos, lo que refuerza aún más la coincidencia: si los astronautas hubieran puesto play al disco al entrar en el lado oculto, la música habría terminado justo al recuperar la señal. Más allá de lo curioso, el paralelismo tiene un peso simbólico fuerte. Mientras la misión Artemis II permitió por primera vez observar con mayor detalle esa cara desconocida del satélite, el disco de Pink Floyd —lanzado en 1973— ya había explorado “el lado oscuro”, pero desde lo humano: la mente, el tiempo, la locura y la presión de la vida moderna. Una vez más, la ciencia y la música se cruzan de manera inesperada: la NASA ilumina físicamente lo desconocido, y el rock lo había hecho décadas antes, pero desde adentro.
Un impacto recientemente observado en la Luna ha dejado una llamativa cicatriz brillante, ofreciendo a los científicos una visión poco común de los procesos dinámicos que aún moldean a nuestro vecino celeste más cercano. Este descubrimiento no solo resalta con qué frecuencia cambia la superficie lunar, sino que también aporta pistas valiosas sobre colisiones recientes y antiguas que han esculpido a la Luna durante miles de millones de años. En ese sentido, los investigadores identificaron un nuevo cráter marcado por un patrón de eyección inusualmente brillante. Es decir, material expulsado durante la colisión. Estas franjas luminosas destacan sobre la superficie más oscura de la Luna, lo que indica que el impacto ocurrió relativamente hace poco en términos geológicos. Este tipo de eventos demuestra que la Luna está lejos de ser estática, ya que continúa transformándose por la llegada constante de meteoroides. “La Luna sigue siendo golpeada por rocas espaciales que crean pequeños cráteres recientes”, destaca Mateja Rothlisberger, analista de datos de Lunar Reconnaissance Orbiter Camera. UNA VIOLENCIA CÓSMICA Más allá de este impacto relativamente reciente, los científicos también están relacionando estos hallazgos con colisiones mucho más antiguas y masivas que pudieron haber alterado profundamente la estructura interna de la Luna. Al estudiar rocas y características de su superficie, los investigadores sugieren que impactos colosales en el pasado penetraron profundamente bajo la corteza, influyendo en su evolución más de lo que se pensaba. Comprender tanto los impactos recientes como los antiguos permite a los científicos reconstruir la historia de la Luna y perfeccionar los modelos sobre cómo evolucionan los cuerpos planetarios. Estos conocimientos son clave no solamente para la ciencia lunar, sino también para entender el pasado de la Tierra, ya que impactos similares han moldeado nuestro planeta. Cada nuevo cráter, por pequeño que sea, se convierte en otra pieza del rompecabezas de la violenta y fascinante historia del sistema solar. Fuente: Publimetro
La NASA ha identificado un nuevo cráter en la superficie de la Luna que se formó entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024, cuando un asteroide o cometa de entre tres y seis pisos de altura impactó contra el satélite natural. Este descubrimiento fue posible gracias a las imágenes capturadas por la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) y representa el mayor cráter recién formado identificado en el sistema solar. El cráter, conocido como McGetchin en honor al científico lunar Tom McGetchin, tiene aproximadamente 222 metros de diámetro y alcanza una profundidad de 43 metros. El impacto generó una zona alterada mucho más extensa que el propio cráter al expulsar material sobre la superficie lunar. Según los científicos, eventos de esta magnitud ocurren en la Luna aproximadamente una vez cada siglo o incluso con menor frecuencia. Además, el impacto dejó una zona de unos 6,4 kilómetros de ancho que es unos 8,9 °C más fría durante la noche que el terreno circundante. Esto se debe a que el choque removió y esponjó el regolito lunar, reduciendo su capacidad para conservar el calor. Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de Intuitive Machines que trabaja con datos del Lunar Reconnaissance Orbiter, comentó: “Fue, con mucho, el patrón de escombros de impacto más evidente que he visto en una de estas imágenes”. Este hallazgo demuestra que los impactos pueden modificar la superficie lunar mucho más allá del cráter y proporciona información valiosa para comprender un entorno que será explorado cada vez más por misiones científicas y humanas. Para obtener más detalles sobre este descubrimiento, puedes visitar este enlace. Fuente: Publimetro
La histórica misión Artemis II dejó una de esas coincidencias que parecen escritas para los fanáticos del rock: el tiempo que los astronautas permanecieron incomunicados al pasar por el lado oscuro de la Luna prácticamente coincide con la duración del legendario álbum The Dark Side of the Moon. Durante ese tramo del viaje, la nave quedó sin contacto con la Tierra por un período estimado entre 40 y 50 minutos, un fenómeno esperado debido a que la Luna bloquea las comunicaciones. Lo llamativo es que el disco de Pink Floyd dura exactamente 42 minutos y 50 segundos, casi el mismo tiempo que dura ese “apagón” espacial. Algunas estimaciones incluso sitúan el paso por ese sector en unos 42-43 minutos, lo que refuerza aún más la coincidencia: si los astronautas hubieran puesto play al disco al entrar en el lado oculto, la música habría terminado justo al recuperar la señal. Más allá de lo curioso, el paralelismo tiene un peso simbólico fuerte. Mientras la misión Artemis II permitió por primera vez observar con mayor detalle esa cara desconocida del satélite, el disco de Pink Floyd —lanzado en 1973— ya había explorado “el lado oscuro”, pero desde lo humano: la mente, el tiempo, la locura y la presión de la vida moderna. Una vez más, la ciencia y la música se cruzan de manera inesperada: la NASA ilumina físicamente lo desconocido, y el rock lo había hecho décadas antes, pero desde adentro.
Un impacto recientemente observado en la Luna ha dejado una llamativa cicatriz brillante, ofreciendo a los científicos una visión poco común de los procesos dinámicos que aún moldean a nuestro vecino celeste más cercano. Este descubrimiento no solo resalta con qué frecuencia cambia la superficie lunar, sino que también aporta pistas valiosas sobre colisiones recientes y antiguas que han esculpido a la Luna durante miles de millones de años. En ese sentido, los investigadores identificaron un nuevo cráter marcado por un patrón de eyección inusualmente brillante. Es decir, material expulsado durante la colisión. Estas franjas luminosas destacan sobre la superficie más oscura de la Luna, lo que indica que el impacto ocurrió relativamente hace poco en términos geológicos. Este tipo de eventos demuestra que la Luna está lejos de ser estática, ya que continúa transformándose por la llegada constante de meteoroides. “La Luna sigue siendo golpeada por rocas espaciales que crean pequeños cráteres recientes”, destaca Mateja Rothlisberger, analista de datos de Lunar Reconnaissance Orbiter Camera. UNA VIOLENCIA CÓSMICA Más allá de este impacto relativamente reciente, los científicos también están relacionando estos hallazgos con colisiones mucho más antiguas y masivas que pudieron haber alterado profundamente la estructura interna de la Luna. Al estudiar rocas y características de su superficie, los investigadores sugieren que impactos colosales en el pasado penetraron profundamente bajo la corteza, influyendo en su evolución más de lo que se pensaba. Comprender tanto los impactos recientes como los antiguos permite a los científicos reconstruir la historia de la Luna y perfeccionar los modelos sobre cómo evolucionan los cuerpos planetarios. Estos conocimientos son clave no solamente para la ciencia lunar, sino también para entender el pasado de la Tierra, ya que impactos similares han moldeado nuestro planeta. Cada nuevo cráter, por pequeño que sea, se convierte en otra pieza del rompecabezas de la violenta y fascinante historia del sistema solar. Fuente: Publimetro