Nuestra huella sobre el planeta no se explica por una sola actividad. Está presente en el territorio que ocupamos, los recursos que extraemos, los alimentos que producimos y todo aquello que consumimos y desechamos. Cada una de estas etapas tiene consecuencias sobre los ecosistemas y los recursos naturales. Estas cifras ayudan a dimensionar cómo nuestra forma de vivir ha transformado el planeta. OCUPAMOS Transformamos el territorio Bosques, pastizales y otros hábitats naturales se han convertido en tierras para cultivar, criar animales, construir ciudades e instalar infraestructura. Hoy, una parte enorme de la superficie habitable está destinada a nuestras actividades. • 44% de la tierra habitable se utiliza para agricultura: unos 48 millones de km². • 80% de la tierra agrícola está relacionada con la ganadería, entre pastizales y cultivos para alimentar al ganado. • Hace unos 1.000 años, la agricultura ocupaba menos del 4% de la tierra habitable; hoy ocupa casi la mitad. EXTRAEMOS Cada vez sacamos más recursos del planeta Construir, producir, movernos y consumir requiere una extracción creciente de materiales. Su procesamiento también genera presiones sobre el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. • 106,6 mil millones de toneladas de materiales se extrajeron en 2024, frente a 30 mil millones en 1970: más del triple en cinco décadas. • La demanda mundial de materiales pasó de 8,4 a 13,2 toneladas por persona al año entre 1970 y 2024. • Los materiales no metálicos —como arena, grava y arcilla— representan casi la mitad de la extracción mundial. PRODUCIMOS Alimentar al mundo también transforma el planeta Producir los alimentos que consumimos requiere enormes cantidades de tierra y agua y genera una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura también es uno de los principales factores de transformación de los ecosistemas. • 50% de la tierra habitable del planeta se utiliza para agricultura. • 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura. • 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están vinculadas al sistema alimentario. CONSUMIMOS Cada producto tiene una huella detrás Lo que llega a nuestras manos es solo el último paso de una cadena que incluye extracción de materias primas, transformación, transporte, energía y agua. Además, nuestro consumo puede generar impactos en otros lugares del planeta. • Construcción y movilidad son los principales impulsores de la demanda mundial de materiales, seguidos por alimentos y energía. • Estos cuatro sectores representan alrededor del 90% de la demanda mundial de materiales. DESECHAMOS Lo que consumimos también se convierte en residuos La cadena de consumo no termina cuando un producto deja de ser útil o un alimento llega a la basura. Cada año generamos enormes cantidades de residuos, muchos de los cuales contienen materiales que podrían volver al ciclo productivo. • Más de mil millones de toneladas de alimentos fueron desperdiciadas en 2022, casi una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores. • 62 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en 2022; apenas 22,3% fue documentado como recolectado y reciclado formalmente. • Unos 353 millones de toneladas de residuos plásticos se generan al año; una parte importante termina en vertederos o se gestiona de forma inadecuada. TRANSFORMAMOS Nuestra huella también cambia los ecosistemas La ocupación del territorio, la extracción de recursos, la producción y el consumo alteran los sistemas naturales. El resultado se refleja en la biodiversidad, la distribución de la vida, el agua, los suelos y el clima. • 94% de la biomasa de mamíferos no humanos corresponde al ganado. • Tres cuartas partes de la superficie terrestre y cerca de dos terceras partes de los océanos han sido significativamente alteradas por actividades humanas. • Alrededor de 1 millón de especies están amenazadas de extinción, según la evaluación global de IPBES. ¿PODEMOS REDUCIR LA HUELLA? Sí. Algunas tendencias muestran que el impacto humano no tiene por qué crecer al mismo ritmo que la población y la producción. Mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio y utilizar los recursos de forma más responsable puede cambiar esa trayectoria. Fuente: Publimetro
La decimosegunda edición de los Mangrove Photography Awards ha recibido un total de 5,258 fotografías de manglares provenientes de 87 países, consolidándose como una de las principales plataformas internacionales para promover la conservación de estos ecosistemas costeros a través del poder de la fotografía. Ganador absoluto: Resplandor enredado: cuando la vida se encuentra con las ruinas -- Gaurav Patil (India) La imagen, capturada en la aldea de Nandgaon, en el estado de Maharashtra, India, muestra una red de pesca fantasma (ghost net) enredada entre las raíces de un manglar e iluminada con luz ultravioleta durante una exposición de 13 segundos. Esta fotografía destaca el grave problema de los aparejos de pesca abandonados, que atrapan fauna marina, liberan microplásticos y convierten los manglares en focos de contaminación. Vida silvestre: Marcha de los Flamingos -- Mark Ian Cook (Estados Unidos) Un grupo de flamencos americanos avanza por aguas poco profundas entre manglares en la bahía de Florida mientras un tiburón limón juvenil nada cerca, mostrando la estrecha relación ecológica entre estas especies y su hábitat. Personas: Rodeado por el mar -- Garry Lotulung (Indonesia) La fotografía retrata a comunidades costeras de Java Central afectadas por el aumento del nivel del mar. Destaca a una mujer que ha dedicado más de dos décadas a plantar manglares para proteger su pueblo de la erosión y las inundaciones. Paisaje desde tierra: Bajo la luz ancestral -- Ryuhei Suguri (Japón) Un manglar solitario aparece bajo la Vía Láctea, reflejado en aguas tranquilas durante la marea baja en Indonesia. Esta composición simboliza la conexión entre la inmensidad del universo y la importancia ecológica de estos bosques costeros. Amenazas: Cosecha de manglares rojos -- Zafer Kizilkaya (Turquía) La imagen documenta la tala de manglares rojos en los Sundarbans de Bangladesh, evidenciando la presión humana sobre uno de los bosques de manglar más importantes y biodiversos del planeta. Bajo el agua: Zonas de alimentación bajo el dosel -- Ewan Tregarot (Antillas Neerlandesas) Esta imagen muestra a pargos grises cazando un banco de peces carnada bajo el dosel de manglares en Lac Bay, Bonaire. Fue capturada durante un monitoreo científico cuando los rayos del sol penetraron el agua y revelaron una interacción depredador-presa que normalmente permanece oculta. Fuente: Publimetro
Lejos de las tradicionales, y negativas, impresiones que las personas tienen de los hongos y las bacterias, la ciencia se ha encargado de demostrar, primero, que sus aspectos positivos son cada vez más sobresalientes; y ahora que pueden trabajar en equipo. Una investigación liderada por el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, Luis Larrondo, busca que ese trabajo en conjunto entre hongos y bacterias, dé como resultado materiales para su uso en construcción, embalaje y aislación térmica y que además sean amigables con el medio ambiente. Organismos vivos La idea es utilizar estos organismos para producir biomateriales estructurales que además sean superiores en cuanto a funcionalidad, escalabilidad y robustez. En el proyecto participa el profesor Fernán Federici y también integra a investigadores de otras disciplinas e instituciones: Francisco Chateau, de la Facultad de Diseño UC; Alejandra Goity del iBio; y el arquitecto David Benjamin de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Economía Circular La alta biodegradabilidad de estos materiales permite insertarlos en esquemas de economía circular y, en consecuencia, reducir su huella de carbono lo que permite ofrecer alternativas para sustituir productos como polímeros derivados del petróleo. «Frente a la crisis climática y la urgencia de reemplazar materiales fósiles o no biodegradables, los biomateriales estructurales basados en organismos vivos emergen como una alternativa prometedora. Este desafío se acentúa con nuevas normativas que restringen plásticos de un solo uso en Europa y Estados Unidos, afectando mercados estratégicos para Chile como país exportador» explica el profesor Larrondo. Cholguán y plumavit Tal como explica el académico, uno de los científicos que más ha estudiado a estos microrganismos en el mundo, «al alimentar al hongo con hidratos de carbono presentes en desechos vegetales, este forma una red compacta que invade y rodea el material. Como consecuencia de aquello, tienes algo que al tacto se siente una mezcla entre un cholguán y un plumavit de alta densidad». «Si te imaginas el cholguán, son pedacitos de madera pegados unos con otros. Aquí lo que estamos utilizando para pegar trocitos de madera entre ellos es el micelio del hongo; es esa red que el hongo va formando al crecer», detalló. Segunda generación de biomateriales En línea con la biofabricación avanzada, el proyecto propone explorar biomateriales híbridos de segunda generación, basados en la interacción entre hongos filamentosos y bacterias biomineralizantes. Además, se incorporarán esfuerzos de bioprospección para aislar microorganismos nativos con capacidades destacadas en formación de micelio y biomineralización, priorizando cepas de ecosistemas naturales australes. “La alta biodegradabilidad de estos materiales permitirá insertarlos en la economía circular y contribuir a la reducción de huella de carbono, ofreciendo alternativas reales para sustituir polímeros derivados del petróleo”, concluyó Larrondo. La investigación es financiada por el fondo de investigación de frontera de la Universidad Católica, Avanza UC. Fuente: cooperativaciencia.cl
La artista española Almudena Romero ha sorprendido al mundo del arte con lo que se considera la fotografía más grande jamás realizada: un gigantesco ojo humano que abarca cerca de cinco acres (más de 11,000 metros cuadrados) en un campo de trigo en el sur de Francia. Esta impresionante obra forma parte de su proyecto Farming Photographs, en colaboración con el Instituto Nacional Francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE), y redefine la fotografía como un proceso biológico en lugar de uno mecánico. En lugar de utilizar cámaras, lentes o tinta, Romero creó la imagen sembrando diferentes variedades de trigo y pasto en una cuadrícula precisa. Las variaciones naturales de color, textura y densidad que surgen durante el crecimiento de los cultivos gradualmente forman la imagen, impulsada únicamente por la fotosíntesis. DEL ARTE AL PAN El enorme retrato solo puede ser apreciado desde el aire, donde el paisaje revela un ojo compuesto por rasgos de múltiples personas, creando una mirada colectiva. “Me he despertado con esto. Estoy viviendo ese momento de asombro que traen consigo los procesos impredecibles que llevan tiempo ... en este caso, tres años”, comentó la artista española Almudena Romero. La instalación también cuestiona la noción de que una fotografía es un objeto permanente. Una vez finalizado el ciclo agrícola, el trigo será cosechado y convertido en harina, llevando la obra desde el campo hasta la mesa. Con esta propuesta, Romero presenta una visión de la fotografía como un proceso vivo, efímero y conectado con la tierra, el trabajo agrícola y la alimentación, fusionando arte contemporáneo, ecología y agricultura en una sola creación. Aquí puedes ver un video de esta impactante obra fotográfica. Fuente: Publimetro
El crecimiento de los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial (IA) podría disparar el consumo de electricidad, agua y suelo durante los próximos años, con impactos que afectarían a miles de millones de personas en todo el mundo. Así lo señala un informe de científicos de la Universidad de las Naciones Unidas advierte. Al respecto, los investigadores señalan que la huella ambiental de la IA suele medirse únicamente en términos de emisiones de carbono, pero esto ofrece una visión incompleta. Cada kilovatio-hora utilizado para entrenar o ejecutar modelos de IA también implica consumo de agua para refrigeración y generación eléctrica, así como uso de suelo para infraestructura y cadenas de suministro. IMPACTO AMBIENTAL Según el informe, reducir las emisiones no siempre significa disminuir otros impactos ambientales, ya que algunas fuentes energéticas pueden requerir mucha más agua o territorio. Las proyecciones indican que para 2030 los centros de datos consumirán alrededor de 945 teravatios-hora de electricidad al año, casi el triple de lo que utilizan actualmente países como Pakistán, Bangladés y Nigeria en conjunto. Además, su huella hídrica alcanzaría 9,3 billones de litros de agua, equivalente a las necesidades domésticas básicas anuales de 1.300 millones de personas en África subsahariana. La superficie de tierra asociada a esta infraestructura superaría los 14.500 kilómetros cuadrados. COSTO El informe destaca que el mayor gasto energético ya no proviene del entrenamiento de modelos, sino de su uso diario. Entre el 80 % y el 90 % de la energía asociada a la IA se destina a la llamada “inferencia”. Es decir, a responder consultas de los usuarios. “El sistema global que desarrolla la inteligencia artificial también debe regularla de manera sostenible y justa”, según Tshilidzi Marwala, rector de la Universidad de las Naciones Unidas y subsecretario general de las Naciones Unidas. Los expertos estiman que ChatGPT procesa alrededor de 2.500 millones de solicitudes al día, mientras que tareas como la generación de imágenes y videos consumen cantidades de energía muy superiores a las de aplicaciones más simples. Los autores advierten que, sin regulaciones y criterios de sostenibilidad, la creciente demanda de estos servicios podría multiplicar aún más su impacto ambiental. Fuente: Publimetro
Nuestra huella sobre el planeta no se explica por una sola actividad. Está presente en el territorio que ocupamos, los recursos que extraemos, los alimentos que producimos y todo aquello que consumimos y desechamos. Cada una de estas etapas tiene consecuencias sobre los ecosistemas y los recursos naturales. Estas cifras ayudan a dimensionar cómo nuestra forma de vivir ha transformado el planeta. OCUPAMOS Transformamos el territorio Bosques, pastizales y otros hábitats naturales se han convertido en tierras para cultivar, criar animales, construir ciudades e instalar infraestructura. Hoy, una parte enorme de la superficie habitable está destinada a nuestras actividades. • 44% de la tierra habitable se utiliza para agricultura: unos 48 millones de km². • 80% de la tierra agrícola está relacionada con la ganadería, entre pastizales y cultivos para alimentar al ganado. • Hace unos 1.000 años, la agricultura ocupaba menos del 4% de la tierra habitable; hoy ocupa casi la mitad. EXTRAEMOS Cada vez sacamos más recursos del planeta Construir, producir, movernos y consumir requiere una extracción creciente de materiales. Su procesamiento también genera presiones sobre el clima, la biodiversidad y los ecosistemas. • 106,6 mil millones de toneladas de materiales se extrajeron en 2024, frente a 30 mil millones en 1970: más del triple en cinco décadas. • La demanda mundial de materiales pasó de 8,4 a 13,2 toneladas por persona al año entre 1970 y 2024. • Los materiales no metálicos —como arena, grava y arcilla— representan casi la mitad de la extracción mundial. PRODUCIMOS Alimentar al mundo también transforma el planeta Producir los alimentos que consumimos requiere enormes cantidades de tierra y agua y genera una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura también es uno de los principales factores de transformación de los ecosistemas. • 50% de la tierra habitable del planeta se utiliza para agricultura. • 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura. • 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están vinculadas al sistema alimentario. CONSUMIMOS Cada producto tiene una huella detrás Lo que llega a nuestras manos es solo el último paso de una cadena que incluye extracción de materias primas, transformación, transporte, energía y agua. Además, nuestro consumo puede generar impactos en otros lugares del planeta. • Construcción y movilidad son los principales impulsores de la demanda mundial de materiales, seguidos por alimentos y energía. • Estos cuatro sectores representan alrededor del 90% de la demanda mundial de materiales. DESECHAMOS Lo que consumimos también se convierte en residuos La cadena de consumo no termina cuando un producto deja de ser útil o un alimento llega a la basura. Cada año generamos enormes cantidades de residuos, muchos de los cuales contienen materiales que podrían volver al ciclo productivo. • Más de mil millones de toneladas de alimentos fueron desperdiciadas en 2022, casi una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores. • 62 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en 2022; apenas 22,3% fue documentado como recolectado y reciclado formalmente. • Unos 353 millones de toneladas de residuos plásticos se generan al año; una parte importante termina en vertederos o se gestiona de forma inadecuada. TRANSFORMAMOS Nuestra huella también cambia los ecosistemas La ocupación del territorio, la extracción de recursos, la producción y el consumo alteran los sistemas naturales. El resultado se refleja en la biodiversidad, la distribución de la vida, el agua, los suelos y el clima. • 94% de la biomasa de mamíferos no humanos corresponde al ganado. • Tres cuartas partes de la superficie terrestre y cerca de dos terceras partes de los océanos han sido significativamente alteradas por actividades humanas. • Alrededor de 1 millón de especies están amenazadas de extinción, según la evaluación global de IPBES. ¿PODEMOS REDUCIR LA HUELLA? Sí. Algunas tendencias muestran que el impacto humano no tiene por qué crecer al mismo ritmo que la población y la producción. Mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio y utilizar los recursos de forma más responsable puede cambiar esa trayectoria. Fuente: Publimetro
La decimosegunda edición de los Mangrove Photography Awards ha recibido un total de 5,258 fotografías de manglares provenientes de 87 países, consolidándose como una de las principales plataformas internacionales para promover la conservación de estos ecosistemas costeros a través del poder de la fotografía. Ganador absoluto: Resplandor enredado: cuando la vida se encuentra con las ruinas -- Gaurav Patil (India) La imagen, capturada en la aldea de Nandgaon, en el estado de Maharashtra, India, muestra una red de pesca fantasma (ghost net) enredada entre las raíces de un manglar e iluminada con luz ultravioleta durante una exposición de 13 segundos. Esta fotografía destaca el grave problema de los aparejos de pesca abandonados, que atrapan fauna marina, liberan microplásticos y convierten los manglares en focos de contaminación. Vida silvestre: Marcha de los Flamingos -- Mark Ian Cook (Estados Unidos) Un grupo de flamencos americanos avanza por aguas poco profundas entre manglares en la bahía de Florida mientras un tiburón limón juvenil nada cerca, mostrando la estrecha relación ecológica entre estas especies y su hábitat. Personas: Rodeado por el mar -- Garry Lotulung (Indonesia) La fotografía retrata a comunidades costeras de Java Central afectadas por el aumento del nivel del mar. Destaca a una mujer que ha dedicado más de dos décadas a plantar manglares para proteger su pueblo de la erosión y las inundaciones. Paisaje desde tierra: Bajo la luz ancestral -- Ryuhei Suguri (Japón) Un manglar solitario aparece bajo la Vía Láctea, reflejado en aguas tranquilas durante la marea baja en Indonesia. Esta composición simboliza la conexión entre la inmensidad del universo y la importancia ecológica de estos bosques costeros. Amenazas: Cosecha de manglares rojos -- Zafer Kizilkaya (Turquía) La imagen documenta la tala de manglares rojos en los Sundarbans de Bangladesh, evidenciando la presión humana sobre uno de los bosques de manglar más importantes y biodiversos del planeta. Bajo el agua: Zonas de alimentación bajo el dosel -- Ewan Tregarot (Antillas Neerlandesas) Esta imagen muestra a pargos grises cazando un banco de peces carnada bajo el dosel de manglares en Lac Bay, Bonaire. Fue capturada durante un monitoreo científico cuando los rayos del sol penetraron el agua y revelaron una interacción depredador-presa que normalmente permanece oculta. Fuente: Publimetro
Lejos de las tradicionales, y negativas, impresiones que las personas tienen de los hongos y las bacterias, la ciencia se ha encargado de demostrar, primero, que sus aspectos positivos son cada vez más sobresalientes; y ahora que pueden trabajar en equipo. Una investigación liderada por el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, Luis Larrondo, busca que ese trabajo en conjunto entre hongos y bacterias, dé como resultado materiales para su uso en construcción, embalaje y aislación térmica y que además sean amigables con el medio ambiente. Organismos vivos La idea es utilizar estos organismos para producir biomateriales estructurales que además sean superiores en cuanto a funcionalidad, escalabilidad y robustez. En el proyecto participa el profesor Fernán Federici y también integra a investigadores de otras disciplinas e instituciones: Francisco Chateau, de la Facultad de Diseño UC; Alejandra Goity del iBio; y el arquitecto David Benjamin de la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Economía Circular La alta biodegradabilidad de estos materiales permite insertarlos en esquemas de economía circular y, en consecuencia, reducir su huella de carbono lo que permite ofrecer alternativas para sustituir productos como polímeros derivados del petróleo. «Frente a la crisis climática y la urgencia de reemplazar materiales fósiles o no biodegradables, los biomateriales estructurales basados en organismos vivos emergen como una alternativa prometedora. Este desafío se acentúa con nuevas normativas que restringen plásticos de un solo uso en Europa y Estados Unidos, afectando mercados estratégicos para Chile como país exportador» explica el profesor Larrondo. Cholguán y plumavit Tal como explica el académico, uno de los científicos que más ha estudiado a estos microrganismos en el mundo, «al alimentar al hongo con hidratos de carbono presentes en desechos vegetales, este forma una red compacta que invade y rodea el material. Como consecuencia de aquello, tienes algo que al tacto se siente una mezcla entre un cholguán y un plumavit de alta densidad». «Si te imaginas el cholguán, son pedacitos de madera pegados unos con otros. Aquí lo que estamos utilizando para pegar trocitos de madera entre ellos es el micelio del hongo; es esa red que el hongo va formando al crecer», detalló. Segunda generación de biomateriales En línea con la biofabricación avanzada, el proyecto propone explorar biomateriales híbridos de segunda generación, basados en la interacción entre hongos filamentosos y bacterias biomineralizantes. Además, se incorporarán esfuerzos de bioprospección para aislar microorganismos nativos con capacidades destacadas en formación de micelio y biomineralización, priorizando cepas de ecosistemas naturales australes. “La alta biodegradabilidad de estos materiales permitirá insertarlos en la economía circular y contribuir a la reducción de huella de carbono, ofreciendo alternativas reales para sustituir polímeros derivados del petróleo”, concluyó Larrondo. La investigación es financiada por el fondo de investigación de frontera de la Universidad Católica, Avanza UC. Fuente: cooperativaciencia.cl
La artista española Almudena Romero ha sorprendido al mundo del arte con lo que se considera la fotografía más grande jamás realizada: un gigantesco ojo humano que abarca cerca de cinco acres (más de 11,000 metros cuadrados) en un campo de trigo en el sur de Francia. Esta impresionante obra forma parte de su proyecto Farming Photographs, en colaboración con el Instituto Nacional Francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE), y redefine la fotografía como un proceso biológico en lugar de uno mecánico. En lugar de utilizar cámaras, lentes o tinta, Romero creó la imagen sembrando diferentes variedades de trigo y pasto en una cuadrícula precisa. Las variaciones naturales de color, textura y densidad que surgen durante el crecimiento de los cultivos gradualmente forman la imagen, impulsada únicamente por la fotosíntesis. DEL ARTE AL PAN El enorme retrato solo puede ser apreciado desde el aire, donde el paisaje revela un ojo compuesto por rasgos de múltiples personas, creando una mirada colectiva. “Me he despertado con esto. Estoy viviendo ese momento de asombro que traen consigo los procesos impredecibles que llevan tiempo ... en este caso, tres años”, comentó la artista española Almudena Romero. La instalación también cuestiona la noción de que una fotografía es un objeto permanente. Una vez finalizado el ciclo agrícola, el trigo será cosechado y convertido en harina, llevando la obra desde el campo hasta la mesa. Con esta propuesta, Romero presenta una visión de la fotografía como un proceso vivo, efímero y conectado con la tierra, el trabajo agrícola y la alimentación, fusionando arte contemporáneo, ecología y agricultura en una sola creación. Aquí puedes ver un video de esta impactante obra fotográfica. Fuente: Publimetro
El crecimiento de los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial (IA) podría disparar el consumo de electricidad, agua y suelo durante los próximos años, con impactos que afectarían a miles de millones de personas en todo el mundo. Así lo señala un informe de científicos de la Universidad de las Naciones Unidas advierte. Al respecto, los investigadores señalan que la huella ambiental de la IA suele medirse únicamente en términos de emisiones de carbono, pero esto ofrece una visión incompleta. Cada kilovatio-hora utilizado para entrenar o ejecutar modelos de IA también implica consumo de agua para refrigeración y generación eléctrica, así como uso de suelo para infraestructura y cadenas de suministro. IMPACTO AMBIENTAL Según el informe, reducir las emisiones no siempre significa disminuir otros impactos ambientales, ya que algunas fuentes energéticas pueden requerir mucha más agua o territorio. Las proyecciones indican que para 2030 los centros de datos consumirán alrededor de 945 teravatios-hora de electricidad al año, casi el triple de lo que utilizan actualmente países como Pakistán, Bangladés y Nigeria en conjunto. Además, su huella hídrica alcanzaría 9,3 billones de litros de agua, equivalente a las necesidades domésticas básicas anuales de 1.300 millones de personas en África subsahariana. La superficie de tierra asociada a esta infraestructura superaría los 14.500 kilómetros cuadrados. COSTO El informe destaca que el mayor gasto energético ya no proviene del entrenamiento de modelos, sino de su uso diario. Entre el 80 % y el 90 % de la energía asociada a la IA se destina a la llamada “inferencia”. Es decir, a responder consultas de los usuarios. “El sistema global que desarrolla la inteligencia artificial también debe regularla de manera sostenible y justa”, según Tshilidzi Marwala, rector de la Universidad de las Naciones Unidas y subsecretario general de las Naciones Unidas. Los expertos estiman que ChatGPT procesa alrededor de 2.500 millones de solicitudes al día, mientras que tareas como la generación de imágenes y videos consumen cantidades de energía muy superiores a las de aplicaciones más simples. Los autores advierten que, sin regulaciones y criterios de sostenibilidad, la creciente demanda de estos servicios podría multiplicar aún más su impacto ambiental. Fuente: Publimetro