Las protestas que desafían a la teocracia iraní han derivado en una represión y un derramamiento de sangre que superó con creces las cifras de víctimas reportadas de décadas de manifestaciones en el país. La campaña de represión ha causado al menos 2.637 fallecidos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos. Este nuevo nivel de caos evoca los convulsos días que rodearon al nacimiento de la República Islámica en 1979 y representa quizás el mayor riesgo para la teocracia de Irán desde esa revolución: ahora enfrenta a una población cada vez más dispuesta a desafiar a un gobierno que lleva mucho tiempo dispuesto a usar la violencia para reprimir la disidencia. En el período previo a la revolución, Irán fue testigo de batallas callejeras entre las fuerzas leales al sha Mohammad Reza Pahlavi, respaldado por Estados Unidos, y manifestantes. También formaban parte de ese movimiento ataques contra cines, clubes nocturnos, intereses estadounidenses, funcionarios iraníes y minorías. Cada nuevo duelo por la muerte de manifestantes provocaba un nuevo ciclo de protestas. Eso acabó por sacar a millones de personas a la calle y empujó al monarca, gravemente enfermo de cáncer, a huir. El ayatolá Ruhollah Jomeini, exiliado en Francia, regresó a Irán y pronto se hizo con el control de los resortes del poder bajo su visión de “Velayat-e Faqih”, o la “tutela del jurista”. Muchos no comprendieron del todo lo que vendría después. Le siguieron la ejecución de miles de exfuncionarios gubernamentales y militares, escritores y activistas, entre otros. Y se libró, durante ocho años, una sangrienta guerra iniciada por Irak. Se impuso el uso obligatorio del hiyab, o pañuelo, para las mujeres. Pronto llegaron décadas de tensión con Estados Unidos, especialmente después de la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979 y la crisis de rehenes de 444 días que influyó en el resultado de unas elecciones a la Casa Blanca. La teocracia de Irán recuerda aquellos días caóticos posteriores a la revolución. Y es muy consciente de su influencia en la actualidad. En los últimos días, la televisora estatal ha emitido imágenes de archivo de los disturbios de principios de la década de 1980, cuando combatientes aliados con los insurgentes llamados Mujahedeen-e-Khalq, o MEK, rompieron con Jomeini y fueron culpados de una serie de importantes atentados y asesinatos. Las autoridades también han reciclado otra frase de aquella época para referirse a los detenidos tras las protestas actuales. El fiscal general y otros se refieren a ellos como “mohareb”, o “enemigos de Dios”. Esa acusación conlleva la pena de muerte. Se utilizó junto a otros cargos para llevar a cabo ejecuciones masivas en 1988 en las que habrían muerto al menos 5.000 personas. Estas referencias al pasado señalan algo destacable: la preocupación del gobierno por lo que está sucediendo y sus esfuerzos por intentar cambiar su descripción de las protestas. Las manifestaciones comenzaron por el enojo de los comerciantes ante la caída del rial a 1,4 millones por dólar. Cuando se produjo la revolución en 1979, un dólar equivalía a alrededor de 70 riales. Tan pronto como las manifestaciones masivas se intensificaron la semana pasada, la teocracia recurrió a viejas tácticas: cortó el acceso a internet y las líneas telefónicas al extranjero. Además, las fuerzas de seguridad participaron en lo que parece ser una represión sangrienta con fuego real y otras armas para sofocar las protestas. Todavía no está claro por qué el derramamiento de sangre en esta ocasión ha sido mucho mayor que en oleadas anteriores. Puede haber influido que las protestas tocaron cuestiones económicas, algo que atraviesa las divisiones políticas, étnicas y religiosas entre los 85 millones habitantes del país. Es posible que los más conservadores sigan enojados por la guerra del año pasado. Otra posible razón: el tamaño y alcance de las protestas en sí mismas, sobre todo teniendo en cuenta que las autoridades advirtieron repetidamente que las concentraciones eran ilegales y mostraron su disposición a usar la fuerza. La teocracia intensificó su retórica contra los manifestantes, describiéndolos como “terroristas” y alegando que Israel y Estados Unidos son responsables sin ofrecer pruebas. Si los años en torno a 1979 sirven como referencia para las movilizaciones actuales presagian más problemas para Teherán. Fuente: Publimetro
En la capital de Irán, personas gritaron desde sus hogares y se reunieron en las calles el jueves por la noche tras un llamado del príncipe heredero exiliado del país para una manifestación masiva, en una nueva escalada de las protestas que se han extendido en todo el país. La protesta representó la primera prueba de si el público iraní podría ser influenciado por el príncipe heredero Reza Pahlavi, cuyo padre, gravemente enfermo, huyó de Irán justo antes de la Revolución Islámica de 1979. Las manifestaciones han incluido gritos en apoyo del sha, algo que en el pasado podría haber significado una sentencia de muerte, pero que ahora subraya la ira que alimenta las protestas que comenzaron por la debilitada economía. El jueves continuaron las manifestaciones que surgieron en ciudades y pueblos rurales de Irán el miércoles. Más mercados y bazares cerraron en apoyo a los manifestantes. Hasta ahora, la violencia en torno a las manifestaciones ha dejado al menos 39 personas muertas, mientras que más de 2.260 han sido detenidas, informó la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos. El crecimiento de las protestas aumenta la presión sobre el gobierno civil de Irán y el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei. Hasta ahora, las autoridades no han inundado las calles con fuerzas de seguridad como hicieron para sofocar las manifestaciones tras la muerte de Mahsa Amini en 2022. A su vez, Cloudflare, una empresa de infraestructura de internet ampliamente utilizada, detectó una caída brusca en el tráfico de internet en Irán el jueves que atribuyó a la acción del gobierno que “bloquea selectivamente el acceso a internet en medio de protestas”. Pahlavi había llamado a manifestaciones a las 8 p.m. hora local (1630 GMT) el jueves y viernes. Cuando el reloj marcó la hora, los barrios de Teherán estallaron en cánticos, relataron testigos. Los cánticos incluían “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte a la República Islámica!”. Otros elogiaron al sha, gritando: “¡Esta es la última batalla! ¡Pahlavi regresará!”. Miles de personas salieron a las calles. “Gran nación de Irán: los ojos del mundo están sobre ustedes. Salgan a las calles y, como un frente unido, griten sus demandas”, dijo Pahlavi en un comunicado. “Advierto a la República Islámica, a su líder y a la (Guardia Revolucionaria) que el mundo y (el presidente Donald Trump) los están observando de cerca. La represión del pueblo no quedará sin respuesta”. Pahlavi había dicho que ofrecería más planes dependiendo de la respuesta a su llamado. Su apoyo desde Israel ha generado críticas en el pasado. Los manifestantes han gritado en apoyo del sha en algunas manifestaciones, pero no está claro si eso es apoyo a Pahlavi o un deseo de regresar a la era previa a la Revolución Islámica. Los funcionarios iraníes parecían estar tomando en serio las protestas planeadas. El periódico Kayhan publicó un video afirmando que las fuerzas de seguridad usarían drones para identificar a los participantes. Irán ha enfrentado rondas de protestas a nivel nacional en los últimos años. Ante sanciones endurecidas y dificultades en el país tras una guerra con Israel en junio, su moneda colapsó en diciembre, alcanzando 1,4 millones por dólar. Las protestas comenzaron poco después, y los manifestantes entonaron lemas contra la teocracia iraní. Fuente: Publimetro
Las protestas que desafían a la teocracia iraní han derivado en una represión y un derramamiento de sangre que superó con creces las cifras de víctimas reportadas de décadas de manifestaciones en el país. La campaña de represión ha causado al menos 2.637 fallecidos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos. Este nuevo nivel de caos evoca los convulsos días que rodearon al nacimiento de la República Islámica en 1979 y representa quizás el mayor riesgo para la teocracia de Irán desde esa revolución: ahora enfrenta a una población cada vez más dispuesta a desafiar a un gobierno que lleva mucho tiempo dispuesto a usar la violencia para reprimir la disidencia. En el período previo a la revolución, Irán fue testigo de batallas callejeras entre las fuerzas leales al sha Mohammad Reza Pahlavi, respaldado por Estados Unidos, y manifestantes. También formaban parte de ese movimiento ataques contra cines, clubes nocturnos, intereses estadounidenses, funcionarios iraníes y minorías. Cada nuevo duelo por la muerte de manifestantes provocaba un nuevo ciclo de protestas. Eso acabó por sacar a millones de personas a la calle y empujó al monarca, gravemente enfermo de cáncer, a huir. El ayatolá Ruhollah Jomeini, exiliado en Francia, regresó a Irán y pronto se hizo con el control de los resortes del poder bajo su visión de “Velayat-e Faqih”, o la “tutela del jurista”. Muchos no comprendieron del todo lo que vendría después. Le siguieron la ejecución de miles de exfuncionarios gubernamentales y militares, escritores y activistas, entre otros. Y se libró, durante ocho años, una sangrienta guerra iniciada por Irak. Se impuso el uso obligatorio del hiyab, o pañuelo, para las mujeres. Pronto llegaron décadas de tensión con Estados Unidos, especialmente después de la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979 y la crisis de rehenes de 444 días que influyó en el resultado de unas elecciones a la Casa Blanca. La teocracia de Irán recuerda aquellos días caóticos posteriores a la revolución. Y es muy consciente de su influencia en la actualidad. En los últimos días, la televisora estatal ha emitido imágenes de archivo de los disturbios de principios de la década de 1980, cuando combatientes aliados con los insurgentes llamados Mujahedeen-e-Khalq, o MEK, rompieron con Jomeini y fueron culpados de una serie de importantes atentados y asesinatos. Las autoridades también han reciclado otra frase de aquella época para referirse a los detenidos tras las protestas actuales. El fiscal general y otros se refieren a ellos como “mohareb”, o “enemigos de Dios”. Esa acusación conlleva la pena de muerte. Se utilizó junto a otros cargos para llevar a cabo ejecuciones masivas en 1988 en las que habrían muerto al menos 5.000 personas. Estas referencias al pasado señalan algo destacable: la preocupación del gobierno por lo que está sucediendo y sus esfuerzos por intentar cambiar su descripción de las protestas. Las manifestaciones comenzaron por el enojo de los comerciantes ante la caída del rial a 1,4 millones por dólar. Cuando se produjo la revolución en 1979, un dólar equivalía a alrededor de 70 riales. Tan pronto como las manifestaciones masivas se intensificaron la semana pasada, la teocracia recurrió a viejas tácticas: cortó el acceso a internet y las líneas telefónicas al extranjero. Además, las fuerzas de seguridad participaron en lo que parece ser una represión sangrienta con fuego real y otras armas para sofocar las protestas. Todavía no está claro por qué el derramamiento de sangre en esta ocasión ha sido mucho mayor que en oleadas anteriores. Puede haber influido que las protestas tocaron cuestiones económicas, algo que atraviesa las divisiones políticas, étnicas y religiosas entre los 85 millones habitantes del país. Es posible que los más conservadores sigan enojados por la guerra del año pasado. Otra posible razón: el tamaño y alcance de las protestas en sí mismas, sobre todo teniendo en cuenta que las autoridades advirtieron repetidamente que las concentraciones eran ilegales y mostraron su disposición a usar la fuerza. La teocracia intensificó su retórica contra los manifestantes, describiéndolos como “terroristas” y alegando que Israel y Estados Unidos son responsables sin ofrecer pruebas. Si los años en torno a 1979 sirven como referencia para las movilizaciones actuales presagian más problemas para Teherán. Fuente: Publimetro
En la capital de Irán, personas gritaron desde sus hogares y se reunieron en las calles el jueves por la noche tras un llamado del príncipe heredero exiliado del país para una manifestación masiva, en una nueva escalada de las protestas que se han extendido en todo el país. La protesta representó la primera prueba de si el público iraní podría ser influenciado por el príncipe heredero Reza Pahlavi, cuyo padre, gravemente enfermo, huyó de Irán justo antes de la Revolución Islámica de 1979. Las manifestaciones han incluido gritos en apoyo del sha, algo que en el pasado podría haber significado una sentencia de muerte, pero que ahora subraya la ira que alimenta las protestas que comenzaron por la debilitada economía. El jueves continuaron las manifestaciones que surgieron en ciudades y pueblos rurales de Irán el miércoles. Más mercados y bazares cerraron en apoyo a los manifestantes. Hasta ahora, la violencia en torno a las manifestaciones ha dejado al menos 39 personas muertas, mientras que más de 2.260 han sido detenidas, informó la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos. El crecimiento de las protestas aumenta la presión sobre el gobierno civil de Irán y el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei. Hasta ahora, las autoridades no han inundado las calles con fuerzas de seguridad como hicieron para sofocar las manifestaciones tras la muerte de Mahsa Amini en 2022. A su vez, Cloudflare, una empresa de infraestructura de internet ampliamente utilizada, detectó una caída brusca en el tráfico de internet en Irán el jueves que atribuyó a la acción del gobierno que “bloquea selectivamente el acceso a internet en medio de protestas”. Pahlavi había llamado a manifestaciones a las 8 p.m. hora local (1630 GMT) el jueves y viernes. Cuando el reloj marcó la hora, los barrios de Teherán estallaron en cánticos, relataron testigos. Los cánticos incluían “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte a la República Islámica!”. Otros elogiaron al sha, gritando: “¡Esta es la última batalla! ¡Pahlavi regresará!”. Miles de personas salieron a las calles. “Gran nación de Irán: los ojos del mundo están sobre ustedes. Salgan a las calles y, como un frente unido, griten sus demandas”, dijo Pahlavi en un comunicado. “Advierto a la República Islámica, a su líder y a la (Guardia Revolucionaria) que el mundo y (el presidente Donald Trump) los están observando de cerca. La represión del pueblo no quedará sin respuesta”. Pahlavi había dicho que ofrecería más planes dependiendo de la respuesta a su llamado. Su apoyo desde Israel ha generado críticas en el pasado. Los manifestantes han gritado en apoyo del sha en algunas manifestaciones, pero no está claro si eso es apoyo a Pahlavi o un deseo de regresar a la era previa a la Revolución Islámica. Los funcionarios iraníes parecían estar tomando en serio las protestas planeadas. El periódico Kayhan publicó un video afirmando que las fuerzas de seguridad usarían drones para identificar a los participantes. Irán ha enfrentado rondas de protestas a nivel nacional en los últimos años. Ante sanciones endurecidas y dificultades en el país tras una guerra con Israel en junio, su moneda colapsó en diciembre, alcanzando 1,4 millones por dólar. Las protestas comenzaron poco después, y los manifestantes entonaron lemas contra la teocracia iraní. Fuente: Publimetro