En la política contemporánea, un fenómeno recurrente es la campaña de descalificación que surge en las redes sociales cuando un candidato no es favorecido por las urnas, siendo cada vez más común la participación de celebridades en esta dinámica. Recientemente, el actor chileno-estadounidense Pedro Pascal se sumó a esta tendencia al compartir en sus redes una imagen con el mensaje: “Chile no merece este Kast-igo”, apenas dos días después de que José Antonio Kast asumiera como presidente de Chile tras ganar la segunda vuelta con el 58,16 % de los votos. Más allá del juego de palabras, el mensaje busca descalificar al presidente recién electo y, por ende, a los millones de ciudadanos que lo apoyaron en las urnas. Este tipo de situaciones no son nuevas. En Estados Unidos, por ejemplo, se vivió algo similar cuando Donald Trump resultó victorioso sobre Kamala Harris. La discrepancia entre la percepción mediática y los resultados electorales suele llevar a deslegitimar al vencedor. En este contexto, es relevante recordar las palabras del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero: “Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica —no seré yo el que esté cerca de las ideas de Aznar— pero el expresidente fue elegido por los españoles, y exijo… exijo… un momentín, exijo ese respeto”. Es fundamental respetar la decisión democrática de millones de ciudadanos, incluso si se está en desacuerdo con ella. La soberanía debe ser valorada en todas sus formas y direcciones. Aunque es legítimo expresar opiniones políticas en redes sociales, es importante evitar deslegitimar desde el principio la voluntad democrática que llevó a un gobernante al poder sin haber tenido aún la oportunidad de gobernar. En medio de una polarización extrema, criticar es válido pero avivar tensiones desde el inicio solo contribuye a dividir aún más a sociedades ya tensas. En tiempos como estos, figuras públicas con influencia deberían reflexionar sobre el impacto de sus acciones en la sociedad. En definitiva, caldear el ambiente desde el principio solo profundiza divisiones y no abona al bienestar social general. Fuente: Publimetro
En la política contemporánea, un fenómeno recurrente es la campaña de descalificación que surge en las redes sociales cuando un candidato no es favorecido por las urnas, siendo cada vez más común la participación de celebridades en esta dinámica. Recientemente, el actor chileno-estadounidense Pedro Pascal se sumó a esta tendencia al compartir en sus redes una imagen con el mensaje: “Chile no merece este Kast-igo”, apenas dos días después de que José Antonio Kast asumiera como presidente de Chile tras ganar la segunda vuelta con el 58,16 % de los votos. Más allá del juego de palabras, el mensaje busca descalificar al presidente recién electo y, por ende, a los millones de ciudadanos que lo apoyaron en las urnas. Este tipo de situaciones no son nuevas. En Estados Unidos, por ejemplo, se vivió algo similar cuando Donald Trump resultó victorioso sobre Kamala Harris. La discrepancia entre la percepción mediática y los resultados electorales suele llevar a deslegitimar al vencedor. En este contexto, es relevante recordar las palabras del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero: “Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica —no seré yo el que esté cerca de las ideas de Aznar— pero el expresidente fue elegido por los españoles, y exijo… exijo… un momentín, exijo ese respeto”. Es fundamental respetar la decisión democrática de millones de ciudadanos, incluso si se está en desacuerdo con ella. La soberanía debe ser valorada en todas sus formas y direcciones. Aunque es legítimo expresar opiniones políticas en redes sociales, es importante evitar deslegitimar desde el principio la voluntad democrática que llevó a un gobernante al poder sin haber tenido aún la oportunidad de gobernar. En medio de una polarización extrema, criticar es válido pero avivar tensiones desde el inicio solo contribuye a dividir aún más a sociedades ya tensas. En tiempos como estos, figuras públicas con influencia deberían reflexionar sobre el impacto de sus acciones en la sociedad. En definitiva, caldear el ambiente desde el principio solo profundiza divisiones y no abona al bienestar social general. Fuente: Publimetro