En un reciente fallo, la Corte de Apelaciones de la Región del Biobío ha abordado un caso que pone de relieve las tensiones que pueden surgir en la convivencia vecinal debido a los ruidos generados por mascotas. La decisión, que califica los ladridos de un perro como violencia sorda, busca establecer un precedente sobre la responsabilidad de los dueños de animales en el contexto de la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas. Este caso no solo plantea cuestiones legales, sino que también invita a reflexionar sobre el impacto del ruido en la salud y el bienestar de las personas, así como sobre la necesidad de medidas que promuevan una convivencia armónica en entornos residenciales. El tribunal determinó que la dueña del perro debe implementar medidas efectivas para mitigar el ruido y así preservar la tranquilidad de los vecinos, especialmente de la demandante. Según el fallo unánime de la Quinta Sala, la exposición continua a ruidos molestos puede tener efectos negativos en la salud, generando estrés y ansiedad, y agravando condiciones médicas preexistentes, lo que vulnera el derecho a una vida digna. La Corte ordenó a la propietaria del animal adoptar “medidas necesarias, efectivas y eficaces” para reducir el alboroto, sugiriendo, por ejemplo, el aislamiento acústico del área donde se encuentra el perro. Este fallo se enmarca dentro de la Ley N° 21.020 de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía, que establece que los dueños deben evitar causar molestias a otros, incluyendo ruidos en contextos residenciales. El término “violencia sorda”, utilizado por el tribunal, ha generado curiosidad. El profesor de Derecho Civil de la Universidad del Desarrollo, Pedro Pablo Vergara, comentó que no había escuchado este término en su práctica académica, aclarando que no es una categoría legal, sino una forma de daño que no implica agresión física directa. Vergara destacó que en Chile existe regulación sobre los niveles de ruido permitidos, dado su impacto en la salud de las personas. Este caso resalta la importancia de la convivencia pacífica en comunidades residenciales y la responsabilidad de los dueños de mascotas en el manejo del comportamiento de sus animales.
En el mundo de la música en vivo, donde las bandas conectan con su audiencia a través del talento y la energía, pocas veces se ve a un integrante no humano ganarse un lugar destacado en los escenarios, pero Cocoa, una perrita mezcla de pastor australiano y golden retriever, de pelaje color chocolate y mirada serena, ha conquistado a los seguidores de la banda estadounidense Stick Figure. Cocoa no solo acompaña a la banda durante las giras, en palabras de Scott Woodruff, vocalista y cuidador de la perrita, es considerada la quinta integrante del grupo. Con tan solo aparecer en escena, el público estalla en ovaciones e incluso muchos fans asisten a los conciertos no solo por la música, sino también para conocerla, sostenerle la pata a manera de saludo y ofrecerle aperitivos o peluches. A sus 13 años, Cocoa ha recorrido el país entero sobre ruedas, viviendo una vida digna de una celebridad, pero su historia no siempre estuvo llena de aplausos. Detrás de su fama hay un pasado que involucra la pérdida, la esperanza y un encuentro que parecía escrito por el destino. El encuentro que cambió dos vidas La historia de Cocoa y Scott Woodruff fue un encuentro marcado por la esperanza y la música. En una entrevista para la revista Dogster , Scott Woodruff, fundador de Stick Figure, compartió cómo su compañera de cuatro patas llegó a él tras un momento muy difícil. De acuerdo con el relato, su anterior perrita, Holly, había muerto repentinamente tras ser atacada por un coyote y cuando se sintió listo para adoptar nuevamente, pasó semanas buscando en refugios hasta que vio la foto de Cocoa, entonces llamada Joan Leslie, y supo de inmediato que era la indicada. Sin embargo, el proceso no fue sencillo, pues durante más de un mes, Cocoa fue trasladada de refugio en refugio, e incluso enfermó, mientras Scott la seguía rastreando sin rendirse. “Llamaba cada tres días”, recuerda. Finalmente, cuando se conocieron en persona, el sitio web The Pier lo describe como un momento digno de un final de película de Hollywood. Ella se acercó, se sentó frente a él y se miraron; en ese instante, supieron que estaban hechos el uno para el otro. Una perra con espíritu musical Desde su primera gira con la banda en 2013, mientras Stick Figure teloneaba a Tribal Seeds, Cocoa demostró su temple y carisma únicos. Woodruff cuenta para Dogster que, contrario a lo que pudiese esperarse, ella no se inmutó ante el fuerte volumen de la música, las multitudes ni los cambios constantes. “Fue increíble ver lo cómoda que se sentía en el escenario y cómo se adaptaba a la música alta”, comentó el artista originario de Massachusetts. “Los chicos de Tribal Seeds la adoraban”. Gracias a su buen comportamiento y energía relajada, Cocoa pasó a formar parte oficial de las giras de la banda. Desde entonces, ha sido una presencia constante en cada presentación, subiendo al escenario cada noche para saludar al público, dar la pata y, por supuesto, recibir cariño y premios. Además de su éxito en los escenarios, Cocoa también protagoniza el videoclip de la canción “Shadow”, grabado en una granja en el condado de Sonoma, California, con una estética de los años 50. Filmado en blanco y negro, el video presenta autos antiguos, pajares y, por supuesto, a la canina como figura central. “¿Quién mejor que Cocoa, la perrita de gira, para protagonizarlo?”, dijo Woodruff durante la entrevista. Incluso en las redes sociales y plataformas digitales, Cocoa tiene su propio séquito de fans, pues muchos la reconocen antes que a la banda, y su presencia ha impulsado el carisma del grupo de Reggae. Una familia fuera de los escenario Ajeno al mundo musical, Scott Woodruff, inspirado por su conexión con ella y con los animales rescatados, fundó The Cocoa Foundation, una organización sin fines de lucro que busca eliminar las barreras para poner a perros de refugio en riesgo dentro de hogares amorosos. De acuerdo con el sitio web oficial, la fundación otorga subvenciones y visibiliza a organizaciones locales e internacionales, además de apoyar a quienes se dedican a cuidar perros abandonados alrededor del mundo. Cuando se le preguntó al intérprete en entrevista con Dogster qué artista famoso habría elegido Cocoa para ir de gira, responde entre risas: “Snoop Dogg, Dr. Dog o Nate Dogg. Creo que cree que son perros; no me atrevo a decirle lo contrario”. También menciona a Slightly Stoopid, otra banda que la perrita adora. Hoy, a sus casi 14 años, Cocoa sigue viajando en el autobús de gira con Stick Figure, saluda a los fans cada noche, y demuestra que, además de necesitar un hogar, los animales rescatados pueden cambiar vidas y conquistar corazones con su simple presencia.
En un reciente fallo, la Corte de Apelaciones de la Región del Biobío ha abordado un caso que pone de relieve las tensiones que pueden surgir en la convivencia vecinal debido a los ruidos generados por mascotas. La decisión, que califica los ladridos de un perro como violencia sorda, busca establecer un precedente sobre la responsabilidad de los dueños de animales en el contexto de la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas. Este caso no solo plantea cuestiones legales, sino que también invita a reflexionar sobre el impacto del ruido en la salud y el bienestar de las personas, así como sobre la necesidad de medidas que promuevan una convivencia armónica en entornos residenciales. El tribunal determinó que la dueña del perro debe implementar medidas efectivas para mitigar el ruido y así preservar la tranquilidad de los vecinos, especialmente de la demandante. Según el fallo unánime de la Quinta Sala, la exposición continua a ruidos molestos puede tener efectos negativos en la salud, generando estrés y ansiedad, y agravando condiciones médicas preexistentes, lo que vulnera el derecho a una vida digna. La Corte ordenó a la propietaria del animal adoptar “medidas necesarias, efectivas y eficaces” para reducir el alboroto, sugiriendo, por ejemplo, el aislamiento acústico del área donde se encuentra el perro. Este fallo se enmarca dentro de la Ley N° 21.020 de Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía, que establece que los dueños deben evitar causar molestias a otros, incluyendo ruidos en contextos residenciales. El término “violencia sorda”, utilizado por el tribunal, ha generado curiosidad. El profesor de Derecho Civil de la Universidad del Desarrollo, Pedro Pablo Vergara, comentó que no había escuchado este término en su práctica académica, aclarando que no es una categoría legal, sino una forma de daño que no implica agresión física directa. Vergara destacó que en Chile existe regulación sobre los niveles de ruido permitidos, dado su impacto en la salud de las personas. Este caso resalta la importancia de la convivencia pacífica en comunidades residenciales y la responsabilidad de los dueños de mascotas en el manejo del comportamiento de sus animales.
En el mundo de la música en vivo, donde las bandas conectan con su audiencia a través del talento y la energía, pocas veces se ve a un integrante no humano ganarse un lugar destacado en los escenarios, pero Cocoa, una perrita mezcla de pastor australiano y golden retriever, de pelaje color chocolate y mirada serena, ha conquistado a los seguidores de la banda estadounidense Stick Figure. Cocoa no solo acompaña a la banda durante las giras, en palabras de Scott Woodruff, vocalista y cuidador de la perrita, es considerada la quinta integrante del grupo. Con tan solo aparecer en escena, el público estalla en ovaciones e incluso muchos fans asisten a los conciertos no solo por la música, sino también para conocerla, sostenerle la pata a manera de saludo y ofrecerle aperitivos o peluches. A sus 13 años, Cocoa ha recorrido el país entero sobre ruedas, viviendo una vida digna de una celebridad, pero su historia no siempre estuvo llena de aplausos. Detrás de su fama hay un pasado que involucra la pérdida, la esperanza y un encuentro que parecía escrito por el destino. El encuentro que cambió dos vidas La historia de Cocoa y Scott Woodruff fue un encuentro marcado por la esperanza y la música. En una entrevista para la revista Dogster , Scott Woodruff, fundador de Stick Figure, compartió cómo su compañera de cuatro patas llegó a él tras un momento muy difícil. De acuerdo con el relato, su anterior perrita, Holly, había muerto repentinamente tras ser atacada por un coyote y cuando se sintió listo para adoptar nuevamente, pasó semanas buscando en refugios hasta que vio la foto de Cocoa, entonces llamada Joan Leslie, y supo de inmediato que era la indicada. Sin embargo, el proceso no fue sencillo, pues durante más de un mes, Cocoa fue trasladada de refugio en refugio, e incluso enfermó, mientras Scott la seguía rastreando sin rendirse. “Llamaba cada tres días”, recuerda. Finalmente, cuando se conocieron en persona, el sitio web The Pier lo describe como un momento digno de un final de película de Hollywood. Ella se acercó, se sentó frente a él y se miraron; en ese instante, supieron que estaban hechos el uno para el otro. Una perra con espíritu musical Desde su primera gira con la banda en 2013, mientras Stick Figure teloneaba a Tribal Seeds, Cocoa demostró su temple y carisma únicos. Woodruff cuenta para Dogster que, contrario a lo que pudiese esperarse, ella no se inmutó ante el fuerte volumen de la música, las multitudes ni los cambios constantes. “Fue increíble ver lo cómoda que se sentía en el escenario y cómo se adaptaba a la música alta”, comentó el artista originario de Massachusetts. “Los chicos de Tribal Seeds la adoraban”. Gracias a su buen comportamiento y energía relajada, Cocoa pasó a formar parte oficial de las giras de la banda. Desde entonces, ha sido una presencia constante en cada presentación, subiendo al escenario cada noche para saludar al público, dar la pata y, por supuesto, recibir cariño y premios. Además de su éxito en los escenarios, Cocoa también protagoniza el videoclip de la canción “Shadow”, grabado en una granja en el condado de Sonoma, California, con una estética de los años 50. Filmado en blanco y negro, el video presenta autos antiguos, pajares y, por supuesto, a la canina como figura central. “¿Quién mejor que Cocoa, la perrita de gira, para protagonizarlo?”, dijo Woodruff durante la entrevista. Incluso en las redes sociales y plataformas digitales, Cocoa tiene su propio séquito de fans, pues muchos la reconocen antes que a la banda, y su presencia ha impulsado el carisma del grupo de Reggae. Una familia fuera de los escenario Ajeno al mundo musical, Scott Woodruff, inspirado por su conexión con ella y con los animales rescatados, fundó The Cocoa Foundation, una organización sin fines de lucro que busca eliminar las barreras para poner a perros de refugio en riesgo dentro de hogares amorosos. De acuerdo con el sitio web oficial, la fundación otorga subvenciones y visibiliza a organizaciones locales e internacionales, además de apoyar a quienes se dedican a cuidar perros abandonados alrededor del mundo. Cuando se le preguntó al intérprete en entrevista con Dogster qué artista famoso habría elegido Cocoa para ir de gira, responde entre risas: “Snoop Dogg, Dr. Dog o Nate Dogg. Creo que cree que son perros; no me atrevo a decirle lo contrario”. También menciona a Slightly Stoopid, otra banda que la perrita adora. Hoy, a sus casi 14 años, Cocoa sigue viajando en el autobús de gira con Stick Figure, saluda a los fans cada noche, y demuestra que, además de necesitar un hogar, los animales rescatados pueden cambiar vidas y conquistar corazones con su simple presencia.