La Región de Antofagasta lanzó el proyecto «Antofagasta en Órbita», una iniciativa que contempla el diseño, construcción e integración del primer satélite chileno desarrollado íntegramente desde una región. El proyecto, financiado por el Gobierno Regional (GORE) y ejecutado por el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA), consiste en la creación de un CubeSat ( nanosatélite). Este dispositivo estará orientado específicamente a la vigilancia climática y territorial, abordando problemáticas locales como la proliferación de basurales, la exposición a desastres naturales y el estado de los relaves mineros. El gobernador regional, Ricardo Díaz, destacó que este avance es un paso concreto hacia la descentralización tecnológica. «Hoy estamos dando la oportunidad a estudiantes de diversos centros de formación de participar en el diseño de un satélite con información clave para el territorio», señaló. El proyecto se articula además con la futura instalación de un centro aeroespacial en la región en conjunto con la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Por su parte, Hernán Tello, director del proyecto, enfatizó que la misión busca identificar desafíos locales para proponer soluciones basadas en datos espaciales. «Estamos en una etapa inicial, pero muy motivados. Este será el primer satélite regional, y representa una oportunidad concreta para instalar capacidades en el ámbito espacial desde Antofagasta», comentó. El nombre «Likansat» Uno de los pilares de «Antofagasta en Órbita» es el desarrollo de capital humano. Ante la falta de una especialización aeroespacial previa en la zona, CINNDA ha integrado a 10 estudiantes seleccionados de diversas áreas como Ingeniería Civil Mecánica, Astrofísica y Robótica, quienes participarán directamente en la construcción del CubeSat. La participación ciudadana también fue clave en este proceso: la comunidad escolar eligió el nombre oficial del satélite. « Likansat» fue la propuesta ganadora, presentada por Karina Lara, docente de la Escuela General Manuel Baquedano F-78, simbolizando la identidad regional en este viaje hacia el espacio.
El hielo marino invernal en el Ártico ha alcanzado un nivel que iguala el mínimo histórico registrado por segundo año consecutivo desde que comenzaron las observaciones satelitales en 1979. De acuerdo con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC), la extensión del hielo marino ártico alcanzó los 14,29 millones de kilómetros cuadrados el pasado 15 de marzo, prácticamente igualando los 14,31 millones de kilómetros cuadrados registrados en 2025. Científicos de la NASA y de la Universidad de Colorado en Boulder señalaron que ambos registros son estadísticamente similares, traduciéndose en mínimos históricos. Además, destacaron cambios en el espesor del hielo. Nathan Kurtz, director del Laboratorio de Ciencias Criosféricas de la NASA, mencionó que gran parte del hielo en el Ártico es más delgado este año, especialmente en el Mar de Barents, al noreste de Groenlandia. También señaló que el Mar de Ojotsk, entre Japón y Rusia, registró una cantidad relativamente baja de hielo este año. En términos generales, los científicos concluyeron que la máxima extensión de hielo en el Ártico este invierno continuó la tendencia a largo plazo observada durante las últimas décadas. Destacaron que este año, la extensión máxima de hielo fue inferior a los niveles promedio entre 1981 y 2010 en aproximadamente 1,3 millones de kilómetros cuadrados. Walter Meier, profesor de la Universidad de Colorado especializado en temas de hielo y nieve, comentó que la extensión del hielo marino invernal también determina las condiciones del hielo marino durante el verano. Agregó que el patrón recurrente de baja extensión de hielo marino tanto en invierno como en verano implica una menor acumulación de hielo plurianual estable, lo cual es alarmante. Meier también mencionó que las probabilidades de un verano ártico más cálido están aumentando y que diferentes modelos predictivos estiman que hay aproximadamente un 80 % de probabilidad de que El Niño llegue a finales del verano. En cuanto al futuro, Meier enfatizó que los científicos anticipan que el cambio climático podría provocar veranos sin hielo en el Ártico a mediados de siglo, lo que podría alterar drásticamente las actividades humanas en la región. El hielo marino cumple una función clave en el equilibrio climático del planeta. Por ejemplo, refleja la luz solar para evitar que los océanos absorban calor y funciona como un regulador térmico global. Cuando disminuye, el océano absorbe más energía, acelerando el calentamiento global. La temporada de nieve es ahora mucho más corta, el hielo marino se está adelgazando y derritiendo antes. El aumento de la temperatura del océano está remodelando los ecosistemas a medida que las especies marinas no árticas se desplazan hacia el norte. Además, las tormentas extremas ponen en riesgo a las comunidades. En las últimas décadas, el hielo marino ha disminuido drásticamente reduciendo su superficie total aproximadamente un 50 % desde la década de 1980. Los expertos coinciden en que mientras sigamos produciendo gases de efecto invernadero, el Ártico continuará calentándose y experimentando cambios significativos. Fuente: Publimetro
Expertos meteorólogos han emitido una advertencia sobre la posible llegada del fenómeno climático El Niño durante el año 2026, con la posibilidad de que se manifieste en su forma más intensa, conocida como “Niño Godzilla”, según lo indicado por la meteoróloga Michelle Adam de Canal 13. El Niño implica un incremento en la temperatura superficial del Océano Pacífico, específicamente cerca de la costa suramericana, superando los dos a tres grados por encima de lo habitual. Este fenómeno conlleva a lluvias intensas en ciertas áreas de Sudamérica, sequías en Asia y Australia, y cambios significativos en las temperaturas globales. Este fenómeno forma parte del ciclo conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), cuya contraparte fría es La Niña. Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios que soplan de este a oeste sobre el Pacífico se debilitan. Esto ocasiona que las aguas cálidas se desplacen hacia el centro y este del océano, alterando los patrones de lluvia y viento a nivel mundial. El aumento adicional de la temperatura libera energía hacia la atmósfera, generando un incremento temporal en la temperatura media global entre 0,1 °C y 0,2 °C, según datos proporcionados por la NOAA. El último evento de El Niño tuvo lugar entre 2023 y 2024, contribuyendo a que 2024 se convirtiera en el año más caluroso registrado hasta entonces. Especialistas del Servicio de Cambio Climático Copernicus advierten que si El Niño se consolida, 2026 podría alcanzar cifras récord. Algunos científicos señalan que los efectos más significativos podrían manifestarse en 2027, ya que la atmósfera tarda varios meses en reaccionar completamente a los cambios en el Pacífico. Incluso sin un evento extremadamente intenso, la tendencia al calentamiento global podría situar a 2026 entre los años más cálidos registrados. La NOAA ha sustituido el tradicional Índice Oceánico del Niño (ONI) por el Índice Oceánico Relativo del Niño (RONI). Este nuevo método compara la temperatura del Pacífico centro-oriental con otras regiones tropicales, ofreciendo un seguimiento más preciso en un contexto donde los océanos experimentan un calentamiento acelerado. Fuente: Publimetro
La imagen del lecho seco y agrietado de la laguna de Aculeo, a unos 40 kilómetros al sur de Santiago, se convirtió en 2018 en el símbolo de la profunda crisis hídrica que afecta a la zona central de Chile. Aunque inicialmente la culpa recayó sobre la megasequía y el cambio climático, un nuevo estudio científico apunta a la insostenible extracción de agua para consumo humano como principal causa. La investigación, liderada por el académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago (Usach), Alberto Alaniz, junto con la Universidad de Arizona, concluye que la laguna no se habría secado únicamente por la disminución de las lluvias. El estudio se basó en un análisis detallado de imágenes satelitales y modelos matemáticos durante un período de 15 años (2010-2024), reconstruyendo tanto las entradas de agua a la cuenca como, crucialmente, las extracciones. «Lo que hicimos fue hacer un barrido completo de la laguna durante los últimos 15 años», explicó Alaniz, detallando un proceso que identificó tanto los puntos de extracción declarados, es decir, con derechos de aprovechamiento, como los no declarados, como piscinas y tranques agrícolas. Consumo de agua excesivo El análisis de los datos demuestra una presión creciente sobre los recursos hídricos de la cuenca, justo cuando la sequía se agudizaba. Contrario a lo que se podría esperar en un escenario de escasez, los derechos de agua otorgados por el Estado no solo se mantuvieron, sino que se incrementaron un 87,4% entre 2010 y 2024, pasando de 229,1 a 429,4 litros por segundo. El crecimiento del consumo no declarado fue aún más dramático. El número de piscinas en la zona aumentó de 390 a 1.082 en el mismo período, lo que representa un alza del 421% en la extracción de agua para fines recreativos. A su vez, los tranques agrícolas, destinados principalmente a monocultivos frutales, pasaron de 4 a 41, multiplicando por más de diez su consumo hídrico. La gran diferencia entre la laguna y la severa sequía de 1968, según el estudio, es que en aquella época «no existían los montos gigantes de extracción de agua que existen ahora». Esto refuerza la idea de que la cuenca de Aculeo sufrió una «sequía hidrológica» más que una simple sequía climática. La urgencia de protección ambiental Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de una gestión hídrica más rigurosa y adaptada a la nueva realidad climática del país. Frente a este diagnóstico, el académico de la Usach propone medidas concretas y urgentes. La primera es declarar la laguna Aculeo como humedal urbano, amparándose en la Ley 21.202, para asegurar su protección oficial y regular los usos de suelo en su entorno. Esta medida es fundamental para evitar nuevas intervenciones hidrológicas y comenzar un proceso de recuperación sostenible. Además, Alaniz enfatizó la necesidad de «hacer una regularización en esta zona, además de no realizar nuevas intervenciones hidrológicas», además de destinar fondos estatales para el monitoreo continuo, evitando que la historia de Aculeo se repita en otros lagos y lagunas del país.
La Región de Antofagasta lanzó el proyecto «Antofagasta en Órbita», una iniciativa que contempla el diseño, construcción e integración del primer satélite chileno desarrollado íntegramente desde una región. El proyecto, financiado por el Gobierno Regional (GORE) y ejecutado por el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA), consiste en la creación de un CubeSat ( nanosatélite). Este dispositivo estará orientado específicamente a la vigilancia climática y territorial, abordando problemáticas locales como la proliferación de basurales, la exposición a desastres naturales y el estado de los relaves mineros. El gobernador regional, Ricardo Díaz, destacó que este avance es un paso concreto hacia la descentralización tecnológica. «Hoy estamos dando la oportunidad a estudiantes de diversos centros de formación de participar en el diseño de un satélite con información clave para el territorio», señaló. El proyecto se articula además con la futura instalación de un centro aeroespacial en la región en conjunto con la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Por su parte, Hernán Tello, director del proyecto, enfatizó que la misión busca identificar desafíos locales para proponer soluciones basadas en datos espaciales. «Estamos en una etapa inicial, pero muy motivados. Este será el primer satélite regional, y representa una oportunidad concreta para instalar capacidades en el ámbito espacial desde Antofagasta», comentó. El nombre «Likansat» Uno de los pilares de «Antofagasta en Órbita» es el desarrollo de capital humano. Ante la falta de una especialización aeroespacial previa en la zona, CINNDA ha integrado a 10 estudiantes seleccionados de diversas áreas como Ingeniería Civil Mecánica, Astrofísica y Robótica, quienes participarán directamente en la construcción del CubeSat. La participación ciudadana también fue clave en este proceso: la comunidad escolar eligió el nombre oficial del satélite. « Likansat» fue la propuesta ganadora, presentada por Karina Lara, docente de la Escuela General Manuel Baquedano F-78, simbolizando la identidad regional en este viaje hacia el espacio.
El hielo marino invernal en el Ártico ha alcanzado un nivel que iguala el mínimo histórico registrado por segundo año consecutivo desde que comenzaron las observaciones satelitales en 1979. De acuerdo con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC), la extensión del hielo marino ártico alcanzó los 14,29 millones de kilómetros cuadrados el pasado 15 de marzo, prácticamente igualando los 14,31 millones de kilómetros cuadrados registrados en 2025. Científicos de la NASA y de la Universidad de Colorado en Boulder señalaron que ambos registros son estadísticamente similares, traduciéndose en mínimos históricos. Además, destacaron cambios en el espesor del hielo. Nathan Kurtz, director del Laboratorio de Ciencias Criosféricas de la NASA, mencionó que gran parte del hielo en el Ártico es más delgado este año, especialmente en el Mar de Barents, al noreste de Groenlandia. También señaló que el Mar de Ojotsk, entre Japón y Rusia, registró una cantidad relativamente baja de hielo este año. En términos generales, los científicos concluyeron que la máxima extensión de hielo en el Ártico este invierno continuó la tendencia a largo plazo observada durante las últimas décadas. Destacaron que este año, la extensión máxima de hielo fue inferior a los niveles promedio entre 1981 y 2010 en aproximadamente 1,3 millones de kilómetros cuadrados. Walter Meier, profesor de la Universidad de Colorado especializado en temas de hielo y nieve, comentó que la extensión del hielo marino invernal también determina las condiciones del hielo marino durante el verano. Agregó que el patrón recurrente de baja extensión de hielo marino tanto en invierno como en verano implica una menor acumulación de hielo plurianual estable, lo cual es alarmante. Meier también mencionó que las probabilidades de un verano ártico más cálido están aumentando y que diferentes modelos predictivos estiman que hay aproximadamente un 80 % de probabilidad de que El Niño llegue a finales del verano. En cuanto al futuro, Meier enfatizó que los científicos anticipan que el cambio climático podría provocar veranos sin hielo en el Ártico a mediados de siglo, lo que podría alterar drásticamente las actividades humanas en la región. El hielo marino cumple una función clave en el equilibrio climático del planeta. Por ejemplo, refleja la luz solar para evitar que los océanos absorban calor y funciona como un regulador térmico global. Cuando disminuye, el océano absorbe más energía, acelerando el calentamiento global. La temporada de nieve es ahora mucho más corta, el hielo marino se está adelgazando y derritiendo antes. El aumento de la temperatura del océano está remodelando los ecosistemas a medida que las especies marinas no árticas se desplazan hacia el norte. Además, las tormentas extremas ponen en riesgo a las comunidades. En las últimas décadas, el hielo marino ha disminuido drásticamente reduciendo su superficie total aproximadamente un 50 % desde la década de 1980. Los expertos coinciden en que mientras sigamos produciendo gases de efecto invernadero, el Ártico continuará calentándose y experimentando cambios significativos. Fuente: Publimetro
Expertos meteorólogos han emitido una advertencia sobre la posible llegada del fenómeno climático El Niño durante el año 2026, con la posibilidad de que se manifieste en su forma más intensa, conocida como “Niño Godzilla”, según lo indicado por la meteoróloga Michelle Adam de Canal 13. El Niño implica un incremento en la temperatura superficial del Océano Pacífico, específicamente cerca de la costa suramericana, superando los dos a tres grados por encima de lo habitual. Este fenómeno conlleva a lluvias intensas en ciertas áreas de Sudamérica, sequías en Asia y Australia, y cambios significativos en las temperaturas globales. Este fenómeno forma parte del ciclo conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), cuya contraparte fría es La Niña. Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios que soplan de este a oeste sobre el Pacífico se debilitan. Esto ocasiona que las aguas cálidas se desplacen hacia el centro y este del océano, alterando los patrones de lluvia y viento a nivel mundial. El aumento adicional de la temperatura libera energía hacia la atmósfera, generando un incremento temporal en la temperatura media global entre 0,1 °C y 0,2 °C, según datos proporcionados por la NOAA. El último evento de El Niño tuvo lugar entre 2023 y 2024, contribuyendo a que 2024 se convirtiera en el año más caluroso registrado hasta entonces. Especialistas del Servicio de Cambio Climático Copernicus advierten que si El Niño se consolida, 2026 podría alcanzar cifras récord. Algunos científicos señalan que los efectos más significativos podrían manifestarse en 2027, ya que la atmósfera tarda varios meses en reaccionar completamente a los cambios en el Pacífico. Incluso sin un evento extremadamente intenso, la tendencia al calentamiento global podría situar a 2026 entre los años más cálidos registrados. La NOAA ha sustituido el tradicional Índice Oceánico del Niño (ONI) por el Índice Oceánico Relativo del Niño (RONI). Este nuevo método compara la temperatura del Pacífico centro-oriental con otras regiones tropicales, ofreciendo un seguimiento más preciso en un contexto donde los océanos experimentan un calentamiento acelerado. Fuente: Publimetro
La imagen del lecho seco y agrietado de la laguna de Aculeo, a unos 40 kilómetros al sur de Santiago, se convirtió en 2018 en el símbolo de la profunda crisis hídrica que afecta a la zona central de Chile. Aunque inicialmente la culpa recayó sobre la megasequía y el cambio climático, un nuevo estudio científico apunta a la insostenible extracción de agua para consumo humano como principal causa. La investigación, liderada por el académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago (Usach), Alberto Alaniz, junto con la Universidad de Arizona, concluye que la laguna no se habría secado únicamente por la disminución de las lluvias. El estudio se basó en un análisis detallado de imágenes satelitales y modelos matemáticos durante un período de 15 años (2010-2024), reconstruyendo tanto las entradas de agua a la cuenca como, crucialmente, las extracciones. «Lo que hicimos fue hacer un barrido completo de la laguna durante los últimos 15 años», explicó Alaniz, detallando un proceso que identificó tanto los puntos de extracción declarados, es decir, con derechos de aprovechamiento, como los no declarados, como piscinas y tranques agrícolas. Consumo de agua excesivo El análisis de los datos demuestra una presión creciente sobre los recursos hídricos de la cuenca, justo cuando la sequía se agudizaba. Contrario a lo que se podría esperar en un escenario de escasez, los derechos de agua otorgados por el Estado no solo se mantuvieron, sino que se incrementaron un 87,4% entre 2010 y 2024, pasando de 229,1 a 429,4 litros por segundo. El crecimiento del consumo no declarado fue aún más dramático. El número de piscinas en la zona aumentó de 390 a 1.082 en el mismo período, lo que representa un alza del 421% en la extracción de agua para fines recreativos. A su vez, los tranques agrícolas, destinados principalmente a monocultivos frutales, pasaron de 4 a 41, multiplicando por más de diez su consumo hídrico. La gran diferencia entre la laguna y la severa sequía de 1968, según el estudio, es que en aquella época «no existían los montos gigantes de extracción de agua que existen ahora». Esto refuerza la idea de que la cuenca de Aculeo sufrió una «sequía hidrológica» más que una simple sequía climática. La urgencia de protección ambiental Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de una gestión hídrica más rigurosa y adaptada a la nueva realidad climática del país. Frente a este diagnóstico, el académico de la Usach propone medidas concretas y urgentes. La primera es declarar la laguna Aculeo como humedal urbano, amparándose en la Ley 21.202, para asegurar su protección oficial y regular los usos de suelo en su entorno. Esta medida es fundamental para evitar nuevas intervenciones hidrológicas y comenzar un proceso de recuperación sostenible. Además, Alaniz enfatizó la necesidad de «hacer una regularización en esta zona, además de no realizar nuevas intervenciones hidrológicas», además de destinar fondos estatales para el monitoreo continuo, evitando que la historia de Aculeo se repita en otros lagos y lagunas del país.