La idea de una motocicleta capaz de mantenerse en equilibrio sin ayuda humana ya no pertenece a la ciencia ficción. Yamaha lleva años trabajando en esta posibilidad a través de su línea de prototipos MOTOROiD, un experimento que combina inteligencia artificial, sensores y un complejo sistema de balanceo activo. El objetivo: crear una moto que no solo se conduzca, sino que también “entienda” a su piloto y reaccione por sí misma. El primer modelo, presentado en 2017, fue el MOTOROiD original, una moto conceptual que desafiaba las normas del diseño tradicional. Su secreto está en la tecnología AMCES (Active Mass Center Control System), un mecanismo que permite mover el centro de gravedad del vehículo mediante componentes móviles del chasis, como la batería o el basculante trasero. Gracias a ello, la moto puede mantenerse erguida incluso en parado, ajustando su peso como si tuviera reflejos humanos. A esto se suma un sistema de reconocimiento facial y gestual que identifica al piloto y responde a sus movimientos sin necesidad de mandos físicos. En las demostraciones, el vehículo incluso “se levanta” del suelo y avanza suavemente cuando se le indica con un gesto. Con el paso de los años, Yamaha ha ido perfeccionando esta tecnología. En 2023, presentó el MOTOROiD2, una evolución más avanzada que mantiene la base del equilibrio automático, pero añade un diseño más agresivo y fluido, además de una inteligencia artificial más sofisticada. Este modelo busca algo más que estabilidad: pretende crear un vínculo emocional entre piloto y máquina, estableciendo una comunicación orgánica basada en el movimiento y la respuesta del vehículo. En 2025, Yamaha dio un paso más con el MOTOROiD:Λ (Lambda), un prototipo que parece salido directamente del futuro. Este modelo no solo es capaz de mantenerse de pie, sino también de levantarse por sí mismo si se cae, gracias a una red de sensores, giroscopios y un sistema de aprendizaje que analiza cada movimiento. Su estructura puede rotar hasta 180 grados, lo que le permite adaptarse de forma dinámica al entorno y mantener el equilibrio con una precisión sorprendente. La marca japonesa no ha anunciado planes inmediatos de comercialización, pero el impacto tecnológico de estos proyectos es evidente. Las motos con auto-balanceo podrían marcar un antes y un después en la seguridad y accesibilidad del motociclismo. Imagina una moto que no se cae al detenerse, que puede ayudarte a mantener el control en una curva difícil o incluso seguirte de forma autónoma cuando caminas. Sin embargo, los desafíos técnicos y económicos son significativos. Los sistemas de balanceo activo requieren sensores de alta precisión, actuadores potentes y un control constante del centro de masa, lo que incrementa el peso, el consumo energético y los costes de mantenimiento. Además, para llegar a las calles, Yamaha tendría que superar barreras regulatorias y garantizar una fiabilidad total frente a las vibraciones, el polvo o la lluvia. Aun así, estos prototipos apuntan hacia un nuevo paradigma en la relación entre persona y máquina. El proyecto MOTOROiD no busca solo crear una moto más segura, sino explorar un nuevo tipo de conexión emocional con la tecnología: un vehículo que “sienta”, “reaccione” y “acompañe” al conductor. De momento, estas motos futuristas seguirán siendo el laboratorio rodante de Yamaha, una muestra de cómo la innovación puede transformar incluso los objetos más clásicos. Si el automóvil eléctrico cambió nuestra manera de movernos, la moto autoequilibrada promete cambiar nuestra forma de entender la conducción sobre dos ruedas.
Investigadores de la Universidad del Sudeste de Nanjing, en China, desarrollaron una tela que puede limpiarse sin la necesidad de un detergente. Se trata de un nuevo recubrimiento textil capaz de lograr algo que hasta hace poco parecía imposible: lavar la ropa solamente con agua. La idea no es trivial. De acuerdo con Phys.org, los detergentes que salen de nuestras lavadoras terminan en ríos, lagos y océanos, donde alteran los ecosistemas acuáticos. Incluso después de pasar por plantas de tratamiento, algunos de sus compuestos químicos persisten y continúan contaminando las aguas naturales. Para abordar este problema, los investigadores desarrollaron un recubrimiento formado por varias capas de polímeros aplicadas mediante pulverización. Concretamente, alternaron dos compuestos –cloruro de polidialildimetilamonio (PDADMAC) y ácido polivinilsulfónico– hasta formar una estructura multicapa sobre el tejido. ¿Una tela que no se puede ensuciar? El resultado es una superficie tan densamente cargada de grupos sulfonato que las moléculas de suciedad simplemente no encuentran dónde adherirse. Así, en lugar de intentar despegar la mugre una vez instalada, la idea es que nunca llegue a instalarse. “En estudios anteriores descubrimos que las superficies densamente cargadas pueden estabilizar una capa de hidratación robusta “, explicó el autor Chongling Cheng a Chemical & Engineering News (C&EN), una revista semanal de actualidad publicada por la Sociedad Química de Estados Unidos (ACS). “Eso nos hizo replantearnos una suposición básica sobre cómo funciona la limpieza”, agregó. Esa fina capa de hidratación –una especie de “escudo” de agua que se forma sobre la tela– actúa entonces como una barrera que dificulta la adhesión de la suciedad. De acuerdo con el estudio, “la capa de hidratación estable, fuertemente unida y continua de la deposición asistida por pulverización repetida actúa como una barrera tanto física como energética, suprimiendo eficazmente la adhesión de manchas y la acumulación de suciedad en superficies sólidas “. Además, funciona tanto en la oscuridad como bajo la luz solar, lo que supone una ventaja frente a tecnologías anteriores basadas en fotocatálisis, que solo eran eficaces con buena iluminación. Y, a diferencia de otros recubrimientos que pierden eficacia al secarse, este mantiene su estructura porque las moléculas quedan fijadas en una configuración estable durante su aplicación. En las pruebas, según C&EN, el recubrimiento funcionó sobre algodón, seda y poliéster, eliminando diversos tipos de manchas de comida, residuos aceitosos, bacterias y hongos con un simple aclarado de agua. También demostró propiedades antimicrobianas y, como beneficio adicional, resultó ser capaz de unirse a microplásticos y reducir su liberación al medio ambiente durante el lavado. Fuente: www.biobiochile.cl
La NASA anunció el martes su ambicioso plan de 20.000 millones de dólares para acelerar el regreso a la Luna en 2028, realizar alunizajes tripulados cada seis meses y construir un base lunar permanente en los próximos siete años. El administrador de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, anunció una estrategia de despliegue lunar por fases que será la más ambiciosa de la historia desde el programa Apollo (1961-1972) y que contará con el aporte de empresas privadas como SpaceX o Blue Origin y de otras agencias espaciales internacionales. La nueva estrategia se enfocará en que Estados Unidos pueda tener una presencia permanente en la superficie de la Luna y que en la tercera fase del proyecto la base tenga tres hábitats y obtenga recursos propios del mismo satélite terrestre. El objetivo más inmediato es que Estados Unidos pueda volver a poner el pie en la Luna en 2028 y una vez completados los objetivos del programa Artemis, la NASA pueda realizar alunizajes tripulados cada seis meses. La NASA quiere asentarse en la Luna en el futuro cercano El programa, detallado en una rueda de prensa desde Washington, contempla enviar a los primeros astronautas a la superficie de la Luna en más de medio siglo y desplegar los elementos iniciales de una presencia permanente antes de 2030. La fecha objetivo de 2028 se enmarca en una revisión del programa Artemis que aumenta la cadencia de misiones tripuladas. Antes de ese hito, la NASA se prepara para el vuelo Artemis II, la primera misión tripulada del programa, que enviará a cuatro astronautas en una trayectoria alrededor de la Luna y cuyo despegue desde Florida está fijado para abril de este año. En este contexto, la agencia confirmó que el desarrollo de la estación orbital lunar Gateway, que se venía planeando desde hace ya varios años, quedará “en pausa”, con prioridad para la infraestructura de superficie y los sistemas de transporte, aunque sin descartar retomar el proyecto más adelante. “No debería sorprender a nadie que estemos pausando Gateway en su forma actual para enfocarnos en la infraestructura que apoya operaciones sostenidas en la superficie de la Luna”, dijo Isaacman. Fuente: www.biobiochile.cl
Una nueva generación de conectividad inalámbrica fue presentada en la Mobile World Congress 2026, en Barcelona (España): la red 6G. Se trata de una tecnología que actualmente está en fase experimental y cuya llegada para usuarios normales se proyecta para después de 2030. No obstante, el desarrollo implica también un cambio en los dispositivos. Hoy no existen equipos en el mercado con capacidad de 6G, por lo que su implementación requerirá una actualización tecnológica. Alejandro Reid, doctor en Comunicación y académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la principal diferencia con la generación anterior está en la velocidad. Un salto generacional Según indica el experto, la tecnología 5G puede conectar dispositivos a una velocidad de hasta 10 gigas (GB), mientras que la 6G podría alcanzar hasta 100 GB. Ese aumento, implica “ una mayor instantaneidad en la velocidad de conexión y menor latencia ”, es decir, una reducción en la intermitencia entre el envío y la recepción de información. Además, la 6G incorpora un modelo integrado de inteligencia artificial para manejar la saturación de la red en contextos de alta demanda, explica el académico Uandes. De este modo, “cuando la 5G se satura en los estadios o en la Quinta Vergara (…) el sistema es capaz de generar una conectividad y priorizar cierta cantidad de datos ”. Finalmente, Reid subraya que esta tecnología abarca un proceso gradual que comenzaría en 2027 o 2028 : “Esto va a seguir creciendo hacia adelante, y vamos a tener mucha mejor capacidad de comunicación inalámbrica, y esto en los próximos años lo vamos a ir viendo cada vez más cerca ”.
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes a nivel mundial. Dentro de este espectro, el trastorno de ansiedad social se manifiesta como un miedo intenso a situaciones en las que la persona siente que puede ser evaluada o juzgada, como hablar frente a otras personas. Con el objetivo de explorar nuevas herramientas terapéuticas, investigadores del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile investigaron cómo se aprende y mantiene este miedo, y evaluaron un protocolo de terapia de exposición apoyado con realidad virtual. El estudio, publicado en la revista Behavioral Psychology/Psicología Conductual, mostró que esta estrategia puede aumentar la confianza al hablar en público y disminuir las auto verbalizaciones negativas, es decir, los pensamientos críticos que surgen al enfrentar estas situaciones. «La idea es exponer a los pacientes a un entorno controlado donde puedan enfrentar el miedo. Eso permite una exposición más gradual; el terapeuta puede personalizar los entornos y, al ser controlado, puede hacerse más llevadero y más fácil de aplicar», señala Matías Silva, psicólogo integrante del equipo. Exposición al miedo en entornos virtuales La terapia de exposición es una de las estrategias con mayor respaldo científico para tratar trastornos de ansiedad. Consiste en que la persona enfrente gradualmente aquello que teme, en condiciones controladas y seguras. «La exposición implica confrontar repetidamente el estímulo temido, pero en ausencia de una amenaza real «, explica la académica Vanetza Estela Quezada Scholz, quien lideró el estudio. En el caso del miedo a hablar en público, recrear estas situaciones en una consulta puede ser complejo. Por eso, la realidad virtual permite simular distintos escenarios y ajustar variables como el tamaño de la audiencia o las reacciones del público. Resultados del ensayo piloto Los participantes realizaron entre siete y ocho sesiones de tratamiento, organizadas en módulos que incluían psicoeducación sobre la ansiedad, trabajo en flexibilidad cognitiva, exposición en realidad virtual y un cierre orientado a consolidar herramientas. Durante las sesiones se utilizaron cinco escenarios virtuales, que iban desde espacios pequeños como oficinas hasta auditorios con mayor público, las exposiciones no superaban los 30 minutos por sesión. Uno de los aspectos evaluados fue el cambio en las auto verbalizaciones negativas, es decir, el diálogo interno que aparece cuando una persona enfrenta una situación temida. «Cuando el cerebro aprende que hablar frente a otras personas es peligroso, la persona empieza a evitar. A corto plazo eso alivia, pero a largo plazo mantiene el miedo», explica Silva. Los resultados mostraron señales de disminución de estos pensamientos y un aumento de la confianza para hablar en público. «Este es un estudio piloto. No es definitivo, pero sí muy prometedor «, agrega el investigador. Desafíos para su implementación Pese a sus ventajas, la aplicación clínica de realidad virtual aún enfrenta algunas barreras en Chile y Latinoamérica. «Es muy difícil encontrar un buen software en español que permita abarcar una amplia variedad de situaciones de exposición», explica la Dra. Quezada. A esto se suman los costos de las licencias, que pueden superar los mil dólares anuales. Sin embargo, el equipo plantea que esta línea de investigación también podría avanzar hacia intervenciones más accesibles, que en el futuro puedan implementarse en pantallas u otros dispositivos, ampliando su alcance en tratamientos de salud mental.
La idea de una motocicleta capaz de mantenerse en equilibrio sin ayuda humana ya no pertenece a la ciencia ficción. Yamaha lleva años trabajando en esta posibilidad a través de su línea de prototipos MOTOROiD, un experimento que combina inteligencia artificial, sensores y un complejo sistema de balanceo activo. El objetivo: crear una moto que no solo se conduzca, sino que también “entienda” a su piloto y reaccione por sí misma. El primer modelo, presentado en 2017, fue el MOTOROiD original, una moto conceptual que desafiaba las normas del diseño tradicional. Su secreto está en la tecnología AMCES (Active Mass Center Control System), un mecanismo que permite mover el centro de gravedad del vehículo mediante componentes móviles del chasis, como la batería o el basculante trasero. Gracias a ello, la moto puede mantenerse erguida incluso en parado, ajustando su peso como si tuviera reflejos humanos. A esto se suma un sistema de reconocimiento facial y gestual que identifica al piloto y responde a sus movimientos sin necesidad de mandos físicos. En las demostraciones, el vehículo incluso “se levanta” del suelo y avanza suavemente cuando se le indica con un gesto. Con el paso de los años, Yamaha ha ido perfeccionando esta tecnología. En 2023, presentó el MOTOROiD2, una evolución más avanzada que mantiene la base del equilibrio automático, pero añade un diseño más agresivo y fluido, además de una inteligencia artificial más sofisticada. Este modelo busca algo más que estabilidad: pretende crear un vínculo emocional entre piloto y máquina, estableciendo una comunicación orgánica basada en el movimiento y la respuesta del vehículo. En 2025, Yamaha dio un paso más con el MOTOROiD:Λ (Lambda), un prototipo que parece salido directamente del futuro. Este modelo no solo es capaz de mantenerse de pie, sino también de levantarse por sí mismo si se cae, gracias a una red de sensores, giroscopios y un sistema de aprendizaje que analiza cada movimiento. Su estructura puede rotar hasta 180 grados, lo que le permite adaptarse de forma dinámica al entorno y mantener el equilibrio con una precisión sorprendente. La marca japonesa no ha anunciado planes inmediatos de comercialización, pero el impacto tecnológico de estos proyectos es evidente. Las motos con auto-balanceo podrían marcar un antes y un después en la seguridad y accesibilidad del motociclismo. Imagina una moto que no se cae al detenerse, que puede ayudarte a mantener el control en una curva difícil o incluso seguirte de forma autónoma cuando caminas. Sin embargo, los desafíos técnicos y económicos son significativos. Los sistemas de balanceo activo requieren sensores de alta precisión, actuadores potentes y un control constante del centro de masa, lo que incrementa el peso, el consumo energético y los costes de mantenimiento. Además, para llegar a las calles, Yamaha tendría que superar barreras regulatorias y garantizar una fiabilidad total frente a las vibraciones, el polvo o la lluvia. Aun así, estos prototipos apuntan hacia un nuevo paradigma en la relación entre persona y máquina. El proyecto MOTOROiD no busca solo crear una moto más segura, sino explorar un nuevo tipo de conexión emocional con la tecnología: un vehículo que “sienta”, “reaccione” y “acompañe” al conductor. De momento, estas motos futuristas seguirán siendo el laboratorio rodante de Yamaha, una muestra de cómo la innovación puede transformar incluso los objetos más clásicos. Si el automóvil eléctrico cambió nuestra manera de movernos, la moto autoequilibrada promete cambiar nuestra forma de entender la conducción sobre dos ruedas.
Investigadores de la Universidad del Sudeste de Nanjing, en China, desarrollaron una tela que puede limpiarse sin la necesidad de un detergente. Se trata de un nuevo recubrimiento textil capaz de lograr algo que hasta hace poco parecía imposible: lavar la ropa solamente con agua. La idea no es trivial. De acuerdo con Phys.org, los detergentes que salen de nuestras lavadoras terminan en ríos, lagos y océanos, donde alteran los ecosistemas acuáticos. Incluso después de pasar por plantas de tratamiento, algunos de sus compuestos químicos persisten y continúan contaminando las aguas naturales. Para abordar este problema, los investigadores desarrollaron un recubrimiento formado por varias capas de polímeros aplicadas mediante pulverización. Concretamente, alternaron dos compuestos –cloruro de polidialildimetilamonio (PDADMAC) y ácido polivinilsulfónico– hasta formar una estructura multicapa sobre el tejido. ¿Una tela que no se puede ensuciar? El resultado es una superficie tan densamente cargada de grupos sulfonato que las moléculas de suciedad simplemente no encuentran dónde adherirse. Así, en lugar de intentar despegar la mugre una vez instalada, la idea es que nunca llegue a instalarse. “En estudios anteriores descubrimos que las superficies densamente cargadas pueden estabilizar una capa de hidratación robusta “, explicó el autor Chongling Cheng a Chemical & Engineering News (C&EN), una revista semanal de actualidad publicada por la Sociedad Química de Estados Unidos (ACS). “Eso nos hizo replantearnos una suposición básica sobre cómo funciona la limpieza”, agregó. Esa fina capa de hidratación –una especie de “escudo” de agua que se forma sobre la tela– actúa entonces como una barrera que dificulta la adhesión de la suciedad. De acuerdo con el estudio, “la capa de hidratación estable, fuertemente unida y continua de la deposición asistida por pulverización repetida actúa como una barrera tanto física como energética, suprimiendo eficazmente la adhesión de manchas y la acumulación de suciedad en superficies sólidas “. Además, funciona tanto en la oscuridad como bajo la luz solar, lo que supone una ventaja frente a tecnologías anteriores basadas en fotocatálisis, que solo eran eficaces con buena iluminación. Y, a diferencia de otros recubrimientos que pierden eficacia al secarse, este mantiene su estructura porque las moléculas quedan fijadas en una configuración estable durante su aplicación. En las pruebas, según C&EN, el recubrimiento funcionó sobre algodón, seda y poliéster, eliminando diversos tipos de manchas de comida, residuos aceitosos, bacterias y hongos con un simple aclarado de agua. También demostró propiedades antimicrobianas y, como beneficio adicional, resultó ser capaz de unirse a microplásticos y reducir su liberación al medio ambiente durante el lavado. Fuente: www.biobiochile.cl
La NASA anunció el martes su ambicioso plan de 20.000 millones de dólares para acelerar el regreso a la Luna en 2028, realizar alunizajes tripulados cada seis meses y construir un base lunar permanente en los próximos siete años. El administrador de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, anunció una estrategia de despliegue lunar por fases que será la más ambiciosa de la historia desde el programa Apollo (1961-1972) y que contará con el aporte de empresas privadas como SpaceX o Blue Origin y de otras agencias espaciales internacionales. La nueva estrategia se enfocará en que Estados Unidos pueda tener una presencia permanente en la superficie de la Luna y que en la tercera fase del proyecto la base tenga tres hábitats y obtenga recursos propios del mismo satélite terrestre. El objetivo más inmediato es que Estados Unidos pueda volver a poner el pie en la Luna en 2028 y una vez completados los objetivos del programa Artemis, la NASA pueda realizar alunizajes tripulados cada seis meses. La NASA quiere asentarse en la Luna en el futuro cercano El programa, detallado en una rueda de prensa desde Washington, contempla enviar a los primeros astronautas a la superficie de la Luna en más de medio siglo y desplegar los elementos iniciales de una presencia permanente antes de 2030. La fecha objetivo de 2028 se enmarca en una revisión del programa Artemis que aumenta la cadencia de misiones tripuladas. Antes de ese hito, la NASA se prepara para el vuelo Artemis II, la primera misión tripulada del programa, que enviará a cuatro astronautas en una trayectoria alrededor de la Luna y cuyo despegue desde Florida está fijado para abril de este año. En este contexto, la agencia confirmó que el desarrollo de la estación orbital lunar Gateway, que se venía planeando desde hace ya varios años, quedará “en pausa”, con prioridad para la infraestructura de superficie y los sistemas de transporte, aunque sin descartar retomar el proyecto más adelante. “No debería sorprender a nadie que estemos pausando Gateway en su forma actual para enfocarnos en la infraestructura que apoya operaciones sostenidas en la superficie de la Luna”, dijo Isaacman. Fuente: www.biobiochile.cl
Una nueva generación de conectividad inalámbrica fue presentada en la Mobile World Congress 2026, en Barcelona (España): la red 6G. Se trata de una tecnología que actualmente está en fase experimental y cuya llegada para usuarios normales se proyecta para después de 2030. No obstante, el desarrollo implica también un cambio en los dispositivos. Hoy no existen equipos en el mercado con capacidad de 6G, por lo que su implementación requerirá una actualización tecnológica. Alejandro Reid, doctor en Comunicación y académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la principal diferencia con la generación anterior está en la velocidad. Un salto generacional Según indica el experto, la tecnología 5G puede conectar dispositivos a una velocidad de hasta 10 gigas (GB), mientras que la 6G podría alcanzar hasta 100 GB. Ese aumento, implica “ una mayor instantaneidad en la velocidad de conexión y menor latencia ”, es decir, una reducción en la intermitencia entre el envío y la recepción de información. Además, la 6G incorpora un modelo integrado de inteligencia artificial para manejar la saturación de la red en contextos de alta demanda, explica el académico Uandes. De este modo, “cuando la 5G se satura en los estadios o en la Quinta Vergara (…) el sistema es capaz de generar una conectividad y priorizar cierta cantidad de datos ”. Finalmente, Reid subraya que esta tecnología abarca un proceso gradual que comenzaría en 2027 o 2028 : “Esto va a seguir creciendo hacia adelante, y vamos a tener mucha mejor capacidad de comunicación inalámbrica, y esto en los próximos años lo vamos a ir viendo cada vez más cerca ”.
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes a nivel mundial. Dentro de este espectro, el trastorno de ansiedad social se manifiesta como un miedo intenso a situaciones en las que la persona siente que puede ser evaluada o juzgada, como hablar frente a otras personas. Con el objetivo de explorar nuevas herramientas terapéuticas, investigadores del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile investigaron cómo se aprende y mantiene este miedo, y evaluaron un protocolo de terapia de exposición apoyado con realidad virtual. El estudio, publicado en la revista Behavioral Psychology/Psicología Conductual, mostró que esta estrategia puede aumentar la confianza al hablar en público y disminuir las auto verbalizaciones negativas, es decir, los pensamientos críticos que surgen al enfrentar estas situaciones. «La idea es exponer a los pacientes a un entorno controlado donde puedan enfrentar el miedo. Eso permite una exposición más gradual; el terapeuta puede personalizar los entornos y, al ser controlado, puede hacerse más llevadero y más fácil de aplicar», señala Matías Silva, psicólogo integrante del equipo. Exposición al miedo en entornos virtuales La terapia de exposición es una de las estrategias con mayor respaldo científico para tratar trastornos de ansiedad. Consiste en que la persona enfrente gradualmente aquello que teme, en condiciones controladas y seguras. «La exposición implica confrontar repetidamente el estímulo temido, pero en ausencia de una amenaza real «, explica la académica Vanetza Estela Quezada Scholz, quien lideró el estudio. En el caso del miedo a hablar en público, recrear estas situaciones en una consulta puede ser complejo. Por eso, la realidad virtual permite simular distintos escenarios y ajustar variables como el tamaño de la audiencia o las reacciones del público. Resultados del ensayo piloto Los participantes realizaron entre siete y ocho sesiones de tratamiento, organizadas en módulos que incluían psicoeducación sobre la ansiedad, trabajo en flexibilidad cognitiva, exposición en realidad virtual y un cierre orientado a consolidar herramientas. Durante las sesiones se utilizaron cinco escenarios virtuales, que iban desde espacios pequeños como oficinas hasta auditorios con mayor público, las exposiciones no superaban los 30 minutos por sesión. Uno de los aspectos evaluados fue el cambio en las auto verbalizaciones negativas, es decir, el diálogo interno que aparece cuando una persona enfrenta una situación temida. «Cuando el cerebro aprende que hablar frente a otras personas es peligroso, la persona empieza a evitar. A corto plazo eso alivia, pero a largo plazo mantiene el miedo», explica Silva. Los resultados mostraron señales de disminución de estos pensamientos y un aumento de la confianza para hablar en público. «Este es un estudio piloto. No es definitivo, pero sí muy prometedor «, agrega el investigador. Desafíos para su implementación Pese a sus ventajas, la aplicación clínica de realidad virtual aún enfrenta algunas barreras en Chile y Latinoamérica. «Es muy difícil encontrar un buen software en español que permita abarcar una amplia variedad de situaciones de exposición», explica la Dra. Quezada. A esto se suman los costos de las licencias, que pueden superar los mil dólares anuales. Sin embargo, el equipo plantea que esta línea de investigación también podría avanzar hacia intervenciones más accesibles, que en el futuro puedan implementarse en pantallas u otros dispositivos, ampliando su alcance en tratamientos de salud mental.