














Adda Pagano: 100 años de fidelidad a El Día
Adda Pagano, centenaria residente de La Serena, comparte su historia en la pastelería Milán y reflexiona sobre los cambios en la ciudad. A pesar del tiempo, sigue siendo fiel lectora de nuestro periódico.
15 de octubre de 2026
Este 16 de octubre, Adda Pagano Irarrázaval cumple 100 años de vida, una cifra que resume casi un siglo de experiencias y más de ocho décadas vinculadas a La Serena, la ciudad que eligió como hogar y en la que destaca siendo la suscriptora más antigua de Diario El Día.
Nacida en Santiago, llegó a la capital regional cuando tenía apenas 17 años, después de contraer matrimonio con Manuel Pinto Contreras. Lo que comenzó como una nueva etapa de su vida terminó convirtiéndose en una historia de arraigo, trabajo y recuerdos que hoy forman parte de su propia memoria de la ciudad.
“Me casé a los 17 años y me vine a vivir a La Serena, y aquí estoy”
Desde entonces, pese a que sus hijas viven fuera de la región y a que ha recibido invitaciones para trasladarse a Santiago, su decisión ha sido siempre la misma: permanecer en la ciudad donde construyó su familia y desarrolló gran parte de su vida.
Su historia también está ligada al comercio tradicional serenense, pues junto a su esposo estuvo al frente de la pastelería Milán, un conocido establecimiento ubicado en calle Balmaceda, donde ambos trabajaron durante años. En el segundo piso del local estaba su vivienda, espacio en el que criaron a sus hijas y compartieron la vida familiar con las exigencias de un negocio que requería dedicación permanente.
Pero la señora Adda no fue solamente la esposa de un comerciante. Su formación como contadora le permitió asumir un papel activo en la administración del establecimiento, aportando una mirada ordenada y rigurosa a las cuentas.
“Yo soy contadora. Así que me puse a trabajar con él”
Su incorporación significó introducir cambios en la forma de llevar la contabilidad, una tarea que consideraba fundamental para mantener el negocio bajo control.
Según recuerda, su marido era una persona muy querida y tenía una disposición permanente a ayudar a sus conocidos. Sin embargo, esa generosidad también podía complicar las finanzas, especialmente cuando llegaban personas a solicitar préstamos que algunas veces no eran devueltos.
Por eso, Adda puso sus condiciones. Si iba a hacerse cargo de la administración, necesitaba que las cuentas se llevaran de manera clara. Su carácter y experiencia profesional fueron parte importante del trabajo que ambos desarrollaron durante los años en que la pastelería Milán permaneció en funcionamiento.
De hecho, el establecimiento se convirtió en un punto reconocido del comercio local. La pastelería ofrecía una amplia variedad de productos y, según recuerda Adda, llegaron a trabajar más de una treintena de personas con maestros pasteleros provenientes de Viña del Mar para responder a las necesidades de sus clientes.
Con el paso del tiempo, el matrimonio dejó el negocio y el inmueble comenzó a tener otros usos. Sin embargo, la experiencia permanece entre los recuerdos más importantes de una vida marcada por el esfuerzo y la actividad comercial.
Cuando Adda llegó a La Serena, la ciudad tenía una dinámica muy distinta a la de hoy. Sus recuerdos están asociados a un entorno más tranquilo, a los vecinos que se conocían entre sí y a una forma de relacionarse que, desde su perspectiva, ha cambiado con el crecimiento urbano.
“La Serena nunca ha cambiado para mal, pero ha cambiado mucho la gente que hay ahora”
Entre los lugares que conserva en su memoria está el centro, particularmente calle Balmaceda, donde transcurrió buena parte de su vida junto a su esposo. Recuerda a antiguos comerciantes, establecimientos y personas que formaban parte de la actividad cotidiana del sector.
También evoca una ciudad donde existía mayor reserva de la vida privada y las relaciones entre vecinos eran diferentes. Con el tiempo fueron llegando nuevas personas y cambiaron las características de los barrios que conoció durante décadas.
No obstante, la tranquilidad sigue siendo uno de los aspectos que más valora de su entorno. Hace aproximadamente 47 años vive en la casa que construyó junto a su marido después de dejar la vivienda ubicada sobre la pastelería.
La decisión de instalarse en ese sector estuvo vinculada al crecimiento de la ciudad y a la posibilidad de establecerse en un lugar que les permitiera continuar su vida familiar después de dejar el comercio.
Desde entonces esa casa se convirtió en el centro de su vida. Allí ha recibido a sus hijas, ha compartido con sus nietos y ha mantenido sus costumbres incluso después de la muerte de su esposo ocurrida hace alrededor de una década.
Cumplir 100 años no ha significado para Adda renunciar a sus intereses ni dejar de mantenerse activa. Por el contrario continúa ocupándose de sus asuntos cotidianos y utiliza el computador para llevar sus cuentas y desenvolverse en las redes sociales donde dice ser muy activa.
También estudia inglés dos veces por semana con una profesora particular motivada por mejorar su capacidad para comunicarse con uno de sus nietos quien vive en Nueva York junto con su esposa estadounidense.
Su interés por los negocios tampoco ha desaparecido por completo. Incluso reconoce que hace poco volvió a considerar abrir un pequeño establecimiento pensado como un espacio acogedor donde las personas mayores pudieran reunirse para tomar café en el centro.
“Hasta el día hoy recibo el diario en mi casa”
Su vínculo con El Día se ha extendido durante décadas permitiéndole seguir los cambios desde una perspectiva distinta contrastando las noticias con los recuerdos conservados sobre La Serena.
Fuente: DiarioElDia Región





























