














Riesgo silencioso para la vida única en Coquimbo
Especies irrepetibles de flora y fauna en la Región de Coquimbo podrían desaparecer debido a la megasequía, expansión urbana y degradación de ecosistemas. Algunas existen solo en este territorio y están al límite.
24 de mayo de 2026
En medio de cerros secos, quebradas costeras y paisajes que muchas veces parecen resistir en silencio la falta de agua, la Región de Coquimbo alberga uno de los patrimonios naturales más valiosos y frágiles del planeta. Lo que para muchos puede parecer un territorio árido y vacío, en realidad es un ecosistema extraordinario, donde habitan cientos de especies únicas que no existen en ninguna otra parte del mundo.
Sin embargo, esa riqueza natural enfrenta hoy una amenaza creciente y silenciosa. La megasequía, el cambio climático, la expansión inmobiliaria, la fragmentación del hábitat y la presión humana están poniendo en riesgo tanto a especies animales emblemáticas como la chinchilla, el zorro culpeo o el puma, pero también a mucha flora nativa que entrega identidad y son vitales en los ecosistemas locales.
La investigadora asociada del Instituto de Ecología y Biodiversidad y académica de la Universidad de La Serena, Andrea Loayza, explica que la Región de Coquimbo forma parte del hotspot mediterráneo de Chile Central, una de las zonas más importantes del mundo para la biodiversidad. "Más de 1.400 especies de plantas nativas crecen en Coquimbo y muchas de ellas no existen en ningún otro lugar del planeta. Cada especie representa millones de años de adaptación a condiciones extremas", señala.
La científica advierte que parte importante de este patrimonio natural podría desaparecer si no se toman medidas urgentes para protegerlo. Entre las especies más amenazadas menciona la palma chilena, el lúcumo silvestre y especialmente el Lucumillo (Myrcianthes coquimbensis), un arbusto endémico que solo existe en una estrecha franja costera de la provincia del Elqui. "El Lucumillo lleva el nombre de Coquimbo y podría desaparecer silenciosamente si no actuamos. Sus poblaciones están envejeciendo, casi no existen nuevas plantas y hoy su principal amenaza es la expansión urbana y el loteo de terrenos costeros", advierte.
La situación preocupa especialmente porque muchas de estas especies sobreviven en espacios mínimos, literalmente al borde del mar, en ecosistemas altamente vulnerables a la intervención humana.
Pero la amenaza no afecta únicamente a la flora. La pérdida de vegetación nativa también golpea directamente a la fauna regional, que depende de estos ecosistemas para alimentarse, refugiarse y reproducirse. Mamíferos como la chinchilla, aves, reptiles e insectos polinizadores ven cada vez más reducido su hábitat natural.
Loayza sostiene que la escasez hídrica ya está dejando señales visibles en los ecosistemas de la región. "Los cerros cada vez más cafés y secos no son solo parte del paisaje natural. Son una señal de estrés extremo", explica.
Imágenes satelitales han demostrado que desde comienzos de los años 2000 la cobertura vegetal entre Coquimbo y la Región Metropolitana se ha ido "pardeando" de forma sostenida, especialmente durante primavera, la época de mayor crecimiento para muchas especies.
La investigadora agrega que la flora nativa cumple un rol esencial para sostener el equilibrio ecológico y también la vida humana. Ayuda a infiltrar agua en los suelos, protege las cuencas, evita la erosión y favorece la presencia de polinizadores fundamentales para la agricultura. "Cuando desaparece la vegetación nativa, no solo perdemos biodiversidad. También disminuye la disponibilidad de agua y aumenta la degradación de los suelos", sostiene.
A esto se suman amenazas históricas como la minería, el sobrepastoreo caprino, los monocultivos agrícolas, las especies invasoras y los incendios forestales, factores que se intensifican aún más bajo escenarios de cambio climático.
Uno de los símbolos más impactantes de esta riqueza natural es el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, considerado una verdadera "cápsula del tiempo" natural. En medio del paisaje semiárido sobrevive un bosque relicto similar a la selva valdiviana del sur de Chile, gracias a la humedad aportada por la camanchaca.
Para la científica, proteger este patrimonio natural no depende únicamente de autoridades o investigadores, sino también de las decisiones cotidianas de las personas. Reemplazar especies exóticas por plantas nativas, cuidar el agua, evitar extraer flores o cactus desde la naturaleza y colaborar mediante plataformas de ciencia ciudadana son algunas de las acciones que pueden marcar una diferencia.
"La Región de Coquimbo suele asociarse a un paisaje seco, pero muchas veces olvidamos la extraordinaria capacidad de vida que existe aquí. Cuidar esta flora y fauna es proteger una herencia natural irrepetible. Las decisiones que tomemos hoy definirán si este patrimonio logra sobrevivir para las próximas generaciones", concluye Andrea Loayza.
Fuente: DiarioElDia Región































