














Síndrome ovárico metabólico poliendocrino: nueva denominación para el ovario poliquístico
Septiembre busca visibilizar el Síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), una condición que afecta a una de cada ocho mujeres y que busca cambiar la forma en que se diagnostica el ovario poliquístico, una de las principales causas de infertilidad.
1 de septiembre de 2026
Una de cada ocho mujeres en el mundo vive con una condición que, hasta hace pocos meses, tenía un nombre equivocado. El síndrome de ovario poliquístico (SOP) —renombrado en 2026 como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) tras un consenso internacional publicado en The Lancet— no se trata de quistes ováricos, como su antiguo nombre sugería, sino de un trastorno hormonal y metabólico complejo que compromete mucho más que la fertilidad.
El término “ovario poliquístico” generaba confusión: hacía pensar en quistes patológicos que, en realidad, no son parte de la condición. Ese malentendido —compartido durante décadas por pacientes, médicos y hasta autoridades sanitarias— contribuyó a que hasta el 70% de las mujeres afectadas permanezcan sin diagnóstico. El nuevo nombre refleja lo que la evidencia científica muestra desde hace años: se trata de una alteración que involucra al sistema endocrino (poliendocrino), al metabolismo (metabólico) y a la función ovárica (ovárico), no un problema limitado a un solo órgano.
El SOMP es la principal causa de infertilidad por anovulación, responsable de hasta el 80% de estos casos y de entre un 25% y un 34% de toda la infertilidad femenina. Pero su impacto va mucho más allá: se asocia a resistencia a la insulina, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad hepática, mayor riesgo cardiovascular —incluyendo hasta 2,5 veces más riesgo de infarto—, además de ansiedad, depresión y afecciones dermatológicas como acné e hirsutismo.
Aunque el nombre cambió, los criterios diagnósticos se mantienen: se requieren dos de tres hallazgos —hiperandrogenismo, disfunción ovulatoria y morfología ovárica poliquística— tras descartar otras causas. Lo que cambia es la mirada: dejar de pensar el SOMP como “un problema de los ovarios” y entenderlo como una condición metabólica y hormonal que requiere manejo integral, no solo ginecológico.
La actualización formal de las guías clínicas internacionales con el nuevo nombre recién se espera para 2028. Mientras tanto, septiembre es una oportunidad para instalar la conversación: para que más mujeres reconozcan los síntomas, consulten a tiempo, y dejen de cargar con el estigma de un nombre que nunca las representó del todo.
“Como especialista en fertilidad, veo a diario el otro lado de esta historia: mujeres que llegan buscando ayuda para quedar embarazadas sin saber que su dificultad para ovular tiene una causa metabólica y hormonal de fondo. Diagnosticar a tiempo no solo mejora las chances de embarazo, también permite prevenir consecuencias que van mucho más allá del sistema reproductivo. Y hay algo que quiero destacar: muchas veces el primer paso no es un tratamiento de fertilidad, sino trabajar en la regulación metabólica. Cambios en la alimentación, actividad física y, en algunos casos, manejo médico de la resistencia a la insulina, pueden por sí solos restablecer la ovulación y mejorar significativamente las probabilidades de embarazo, incluso antes de considerar otras intervenciones”, señala la Dra. Adela Camus, especialista en medicina reproductiva, SGFertility, Clínica Las Condes.
Fuente: Publimetro






























